Opinión
Ver día anteriorSábado 11 de abril de 2020Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El agave tequilana y la pandemia
N

o voy a cometer la grosería de aprovechar la generosidad de quienes me proporcionan gentilmente este espacio para dar una receta más para combatir el maldito virus que se ha puesto de moda. De hecho, ni siquiera lo voy a mencionar pues ya estamos hasta el gorro de oír hablar de él.

Como historiador que pretendo ser y, eso sí, conocedor del tequila basado en muchos libros, documentos, testimonios de expertos en la materia de antaño y hogaño y, también, lo reconozco, en una añeja experiencia práctica, me permito hacer una remembranza de lo que sucedió con tal bebida hace unos cien años…

En efecto, fue a partir de 1919 cuando el consumo de tal bebida, reputada como la más mexicana de todas, tuvo un repunte notable.

Todavía hoy se suele decir que un caballito de tequila, siempre y cuando sea elaborado 100 por ciento de agave tequilana weber azul, es decir, sin chanchullo de refuerzos espurios durante el proceso de destilación, es bueno “ pa’ prevenir la gripe” máxime si lo acompañamos de una fuerte chupada de limón y unos granitos de sal.

Lo que conviene saber ahora es el origen de esta frase, pues aunque también resulte ser un buen preventivo de una gripita común y corriente, lo cierto es que se originó durante aquellos años posteriores a la Primera Guerra Mundial cuando una terrible pandemia de la llamada gripe española hizo estragos por doquier.

Cierto es que ayudó a la mortandad que muchos sobrevivientes de la conflagración con la mala alimentación correspondiente, estaban bajos de defensas.

De cualquier manera, fue entonces cuando a los jaliscienses les dio por protegerse de esta manera.

Se decía que la ayuda provenía de la vitamina C de nuestros limones y de las virtudes propias de la sal. Pero lo cierto es que entonces no se había descubierto la gran capacidad vasodilatadora de la bebida misma.

No me atrevo a sugerir que, para ciertos casos, tenga propiedades curativas. Eso es tema de galenos, como hay muchos y muy buenos, que lo sostienen aunque podamos sospechar que lo hagan para justificar su consumo y que la cónyuge no rezongue. Pero puedo asegurar en mi calidad de historiador, que la famosa gripe española casi no se percibe en la numeralia demográfica de Jalisco en ese tiempo, aunque tal vez se esconda un tanto en la mortandad revolucionaria.

Lo que sí oí asegurar a testigos de ese tiempo es que la costumbre de usar este preventivo complacía mucho a quienes la tenían y, más aun, por supuesto, a los fabricantes y distribuidores del preciado líquido, que vieron incrementar su venta.

Asimismo, cabe reconocer que, para darle un aire más medicinal al tequila, fue entonces cuando se generalizó su venta en botellas de vidrio que se traían de Monterrey, donde se estableció la primera fábrica del país.

Haiga sido como haiga sido he tomado la decisión de sacrificarme y flagelarme con un cotidiano fogonazo –siempre de 100 por ciento de agave tequilana– acompañado de su chupada de vitamina C. Oportunamente reportaré el resultado.