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Desprecio por la muerte. Desprecio por la vida
E

l desprecio por la muerte y por la vida se vuelve algo que acompaña a los mexicanos en la actualidad. Conjunción de lo necesario y lo imposible, origen sin origen, constante diferir, presencia siempre reconstruida, silogismo freudiano (yo no lo tengo, yo no soy), irrepresentabilidad, simulacro, repetición o represión –originaria–, teatralidad sin referencia imposible sine qua non de un pensamiento trágico. Pensamiento trágico que inmortaliza, perpetúa, eterniza; figura que apela a leyes no escritas, es el más allá inaccesible del lenguaje, o su horizonte (Currás).

Encarnar de lo trágico sentenciado, silenciadamente, que hay en el lenguaje o, lo que viene a ser lo mismo, que más allá de la muerte hay un deseo de muerte –el deseo de volver al origen del lenguaje–, al más allá del principio del placer, a la muerte de entre dos muertes.

La muerte que, como dijo Malraux: Lo qué hay de terrible en la muerte es que transforma la vida en destino y hay que evitar hablar; mientras Durand, que vindica los entierros de los vikingos que enviaban los muertos al mar en sus barcos a congraciarse con los dioses del océano, enuncia: El desprecio por la muerte es el desprecio por la vida. Muerte que Bataille encuentra en la cueva de Lascaux abrazada de la pequeña muerte indisociable del erotismo; siendo él mismo quien denuncia la temida traición de la palabra, que está inscrita en la articulación original de la misma.

Por tanto, el sicoanálisis, como escritura, da testimonio de la obra de Freud. Apunta a que todo está por hacerse en cuanto a la comprensión de lo síquico, y a la vez que es escritura en la que algo se está haciendo, que es revisable, que permite desandar el camino y dejar senderos abiertos por explorar. Escritura que descifrándose nos conduce al nudo-sueño, al ombligo incognoscible, inescrutable, aposento del no sentido, lugar donde se entrecruzan los hilos.

Análisis del inconsciente que permite una verbalización de la escritura interna. Este análisis llamado deconstrucción –Derrida–, evoca un modo de filosofar, un estilo de pensamiento político, una forma de crítica literaria. La deconstrucción invierte la oposición clásica de causa-efecto.

Así, la consecuencia temporal de los fenómenos no es entendible como un antes y un después, sino en forma análoga con la construcción que del aparato síquico hace Freud: estratificación de planos de inscripción de una huella mnémica que abre paso a la escritura síquica y de ahí a la posibilidad de ser en el mundo.