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La refinería
E

n la conferencia matutina del pasado 22 de marzo, el presidente López Obrador reiteró que se necesita construir una nueva refinería y afirmó que en el país no había empresas con la experiencia necesaria para hacerlo.

Desde hace 40 años, dijo, no se ha hecho una obra de ese tipo, y eso explica ahora la falta de capacidad nacional para realizar un proyecto como éste.

Por ello es que se convocó a cuatro grandes empresas internacionales para concursar por la refinería de Dos Bocas. Éstas, según señaló, habían construido un centenar de refinerías cada una en el mundo, una de ellas, incluso, más de 200. El argumento era razonable.

Se trataba de dos consorcios: Bechtel-Techint y Worley Parsons-Jacobs, y las firmas Technip y KBR, todas ellas dedicadas a desarrollar grandes proyectos asociados con la construcción, como el que se ha propuesto el gobierno.

Como todas las grandes empresas de este tipo, las convocadas tienen alguna cola les pisen y eso no debería extrañarnos. En el portal obrasweb.mx puede verse una nota del 20 de marzo titulada ¿Quiénes son las empresas invitadas a construir la refinería de Dos Bocas?

En otra nota de esa misma fecha en la revista Proceso se consigna que el gobierno insistía en que las cuatro empresas invitadas para construir la refinería son serias y de mucho prestigio a nivel mundial, y que eso había sido revisado por la Secretaría de Energía. Se quedaba, pues, en espera de las propuestas para la obra en Tabasco.

El 9 de mayo, en la conferencia matutina, el Presidente declaró desierta la convocatoria para construir la refinería, ya que tres de las empresas participantes en la licitación (Technip se retiró) habían traspasado el límite del presupuesto, fijado en 8 mil millones de dólares (160 mil millones de pesos), y también el tiempo para entregar las obras en mayo de 2022.

En un giro radical de sus afirmaciones previas, el Presidente declaró que, ante esa circunstancia, la refinería necesitamos hacerla nosotros, es decir, los mismos que sólo siete semanas antes no eran capaces. Señaló como responsable del proyecto a Rocío Nahle, la secretaria de Energía; dijo que la construcción se iniciará el 2 de junio, se crearán con ella 100 mil empleos y estará terminada en mayo de 2022. El presupuesto sigue siendo el establecido originalmente.

Esta nueva postura no sólo contradice lo que afirmó antes el Presidente sobre la incapacidad de Pemex y de las empresas nacionales para hacer un proyecto de esa envergadura. De tal manera que la estrategia, ahora, ya no parece razonable.

La experiencia en cuanto a las obras de construcción en el sector petrolero, especialmente en las refinerías, indica que transcurren con retrasos, sobrecostos y pifias de algún tipo. En términos generales y en condiciones óptimas, las obras como la que quiere hacerse tardan entre 3 y 5 años y pueden extenderse aun más.

Los plazos incluyen desde la emisión de los permisos requeridos –lo que en el caso de Dos Bocas parece no tener relevancia– y que estén aprobados los presupuestos, no necesariamente establecidos de antemano. Además, hay que considerar la preparación integral del sitio de la construcción y sus alrededores; el acopio de las estructuras necesarias; la provisión de los equipos y materiales y del petróleo crudo para refinar; la selección de las tecnologías; el entrenamiento de los operarios y la obra de construcción propiamente dicha, más las tareas de mantenimiento, los aspectos relativos al movimiento del producto terminado y un largo etcétera.

Un reporte del Calgary Herald (27 de junio, 2017) sobre la refinería Sturgeon, situada cerca de Edmonton, la primera refinería que se construye en Canadá en tres décadas, apunta a las peripecias del proyecto y muestra que costará alrededor de 9.3 mil millones de dólares, superando el presupuesto original de 8.5 mil millones. Además de registrarse atrasos y diversas fallas técnicas en la construcción.

El proyecto de Dos Bocas es de una gran magnitud y lo más probable es que esté fuera del alcance técnico y administrativo de la secretaria Nahle, pues esa no es su especialidad. Sería normal que estuviera pasmada ante la responsabilidad que le han asignado y que ella ha aceptado.

La gestión de la obra y su realización supera la capacidad de Pemex, una empresa debilitada productiva y operativamente por la mala gestión interna durante años, la influencia del sindicato, la sangría de recursos derivada de la política fiscal, la corrupción de la que fue objeto. Es por ello que el gobierno está en proceso de sanear sus finanzas y se ha fijado el objetivo de elevar la producción de crudo. Habría que reconocer todo esto y ponerlo en el entorno de una política energética de alcance integral y de largo plazo.