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Voces del Brexit
S

in pasar por alto los enormes márgenes de incertidumbre subsistentes, iniciado marzo parece inminente el desenlace –cualquier desenlace– de la intrincada (tragi)comedia en la que se ha convertido, desde hace largo tiempo, el proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea: Brexit. En la línea de tiempo que tenemos al frente resaltan dos fechas: antes del martes 12, la realización de una votación significativa en la Cámara de los Comunes sobre los términos de salida convenidos con la Unión Europea –cualesquiera que éstos sean– y, no después del viernes 29, la salida final –a menos que in extremis se anuncie algún otro desenlace. Existen muy diversas opciones, ninguna clara y sencilla: desde una salida precipitada y catastrófica hasta la permanencia, dictada por un segundo referendo. Más que especular sobre estas u otras opciones, conviene –en el ínterin– escuchar algunas voces que intentan arrojar luz sobre tan deprimente panorama, trazado a grandes rasgos en este espacio hace dos semanas.

“Es claro que, si así lo decide, el Parlamento dispone del derecho unilateral de revocar el artículo 50 y permitir que los votantes adopten una decisión razonada en un segundo referendo. […] A pesar de su muy justificada exasperación con las tácticas de la señora May, los principales socios británicos en Europa aún desean que el Reino permanezca en la Unión. Con un plazo suficiente, podrían realizarse tanto una elección general como otro referendo en el que el electorado disponga de los hechos que se le ocultaron en 2016.” (Philip Stephens, Britain has a chance to think again on Brexit, Financial Times, 27/02/19.)

“En apenas un mes, el Reino Unido puede verse fuera de la Unión Europea […] Es claro ahora que el Reino se lanzó en un viaje peligroso hacia un destino desconocido […] ¿Existe otro ejemplo de una democracia madura que se haya causado tanto daño ella misma? […] Al momento, el Parlamento enfrenta la opción entre lo impensable –la falta de acuerdo– y lo horrible –el acuerdo que propone la primera ministra. Si se acepta, este último será seguido por años de difíciles negociaciones comerciales [a cuyo témino] el Reino se encontrará una situación más desfavorable que la que tiene dentro de la UE. La población seguirá tan dividida y la insatisfacción tan enraízada como ahora. [Por tanto,] hay que preguntar si debe haber un segundo referendo. […] Si la democracia significa algo es el derecho a cambiar la opinión expresada, en especial tras una campaña tan pedestre y engañosa como la que se tuvo para el [primer] referendo. […Es] la última oportunidad de detener la marcha hacia el desastre. El Parlamento está obligado a intentarlo.” (Martin Wolf, A second Brexit referendum is now essential, Financial Times, 26/02/19.)

“Con suficiente calor, los átomos comienzan a desintegrarse. Tal es la situación de los partídos políticos británicos conforme se aproxima el ‘ Brexit day. Theresa May, la primera ministra conservadora, ha mantenido su insistencia en que el Reino dejará la Unión Europea el 29 de marzo –con acuerdo o sin acuerdo. Ahora ha aceptado que, después de todo, el Parlamento podría pedir un plazo mayor. Por su parte, Jeremy Corbyn, que había resistido la presión de miembros de su partido para respaldar un segundo referendo, ahora se declara dispuesto a apoyar esta opción. […] Estos cambios de rumbo son bienvenidos. El renuente respaldo del laborismo a un segundo referendo entraña muchas condiciones, pero Corbyn ha aceptado al menos el principio de que los electores tienen derecho a aprobar o rechazar cualquier arreglo. La volte face de May torna muy improbable que, en un mes, el Reino salga de la Unión estrellando los cristales. […] Es momento de que la Unión Europea convenza al Reino de demorar la salida, quizá hasta finales de año […] Celebrar una elección general podría ser otra forma de superar el callejón sin salida del actual Parlamento (aunque podría hacerlo aún más intransitable). Como ha argüido esta revista, un referendo sobre el arreglo conseguido por la señora May sería una mejor manera de hallar esa salida. Una u otra de estas opciones exigiría más de tres meses para implementarse.” (Britain and the European Union-More haste, less speed, The Economist, 02/03/19.)

“El restablecimiento de una frontera dura entre el norte y el sur [de Irlanda] puede reiniciar el ciclo de violencia concluido en lo esencial en 1998 […] Puestos a elegir entre esta perspectiva y la reunificación, los irlandeses –a lo largo y ancho de la isla– muestran una clara preferencia por la unidad, aunque ninguno de los dos gobiernos se ha pronunciado con el mismo entusiasmo […] En caso de un Brexit duro [como ha declarado el Sinn Féin] será un imperativo absoluto, un imperativo democrático, someter el tema de la unificación de Irlanda a la decisión popular, por medio de un referendo.” (Benjamin Mueller, How a No-Deal Brexit Could Open a Path to Irish Unity, The New York Times, 16/02/19).