Cultura
Ver día anteriorJueves 29 de noviembre de 2018Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
Los divinos, obra de Laura Restrepo, es un retrato de la sociedad desde la ficción
Foto
▲ Laura Restrepo (Colombia) y António Lobo Antunes (Portugal) destacan en el encuentro editorial que se desarrolla en la la capital jalisciense.Foto Arturo Campos Cedillo
Enviada
Periódico La Jornada
Jueves 29 de noviembre de 2018, p. 4

Guadalajara, Jal., En la primera página de su novela Los divinos, Laura Restrepo escribió esta dedicatoria: ‘‘Al día en que todos los hombres, a la par con las mujeres, se manifiesten en las calles contra el feminicidio”.

El tema del libro es brutal: el asesinato de una niña indígena de siete años a manos de El Muñeco, hombre perteneciente a la clase alta de Colombia, crimen que cimbró a ese país y se repite en otras mujeres, de todas las edades, en muchas partes del mundo.

Durante la presentación de la novela, en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, la escritora y periodista colombiana habló de los personajes, de cómo las páginas de esa obra se fueron escribiendo casi solas, de cómo El Hobbit, personaje que lleva la narración del libro, fue cambiando su voz. No es una novela reportaje, es el reflejo de una sociedad a partir de la ficción, explicó Laura; en las primeras filas estaban el escritor portugués António Lobo Antunes y la periodista española Pilar del Río.

‘‘Este crimen de verdad estremeció a Colombia y lo sacó en la calle. Es un país acostumbrado a ver violencia por narcotráfico, por el conflicto armado, los paramilitares, pero esto tenía un componente que tal vez ni siquiera nosotros conocíamos. Este fue un crimen atroz que se cometió entre clases sociales”, apuntó Restrepo.

Placer, narcisismo y maldad absoluta

Un hombre, El Muñeco, perteneciente a la clase social más alta, porque tal vez ya había escalado o recorrido todos los caminos posibles del placer, de darse el gusto de alimentar su narcisismo, ‘‘y quizá lo único que le faltaba era hacerle la maldad absoluta a alguien tan indefenso como esta chiquita. No hubo manera de pensar en otra cosa no sólo por el crimen que se cometió con tanta violencia, sino por la clase de sociedad que hemos construido”.

En la novela el grupo de amigos al que pertenece El Muñeco, que se llaman a sí mismos los Tutti Frutti, hacen un pacto desde niños al estilo de los Mosqueteros: cuidarse las espaldas pase lo que pase, que al final ‘‘es un pacto de clase: ‘hagas lo que hagas’ estoy para cuidarte porque estamos entre iguales”.

La directora de Editorial Alfaguara, Mayra González, fue la presentadora del libro y dijo que en él se transmite la escalada de violencia pero también los micromachismos: cómo estos amigos discriminan a las mujeres, cómo es su trato con las novias, las prostitutas, y esa escalada en la violencia contra las mujeres.

Es también un retrato de la sociedad bogotana: sus separaciones por muros invisibles. El de los Tutti Frutti ‘‘es un mundo cerrado y El Muñeco lo rompe, se mete con gente de otra clase social. Bogotá es una urbe compartimentada geográficamente, mucho más que la Ciudad de México, donde pobres y ricos se mezclan más. ‘‘Decimos que el norte de Bogotá es más cercano a Miami que el sur de Bogotá, es como si hubiera muros invisibles que compartimentan la ciudad, y cierta gente no pasa de ciertos límites que están claramente marcados”.

Bogotá se convierte así en personaje de la novela. ‘‘Un aspecto de la ciudad de Bogotá que quise atrapar acá que son los puntos de confluencia. La población está dividida en estratos; el seis es el más alto y el que paga las tarifas de servicios más alta, y el estrato uno que es el más bajo, que paga las tarifas más bajas. Por eso les digo la ciudad tiene una compartimentación brutal y cada estrato tiene su zona y sin embargo hay áreas de confluencias que son extrañas”.

Una de esas áreas es la de los cerros que rodean Bogotá, ese anillo de la cordillera de los Andes que rodea la capital colombiana.

‘‘Picos de 3 mil y 4 mil metros que están habitados por las grandes barriadas de los desplazados por la violencia, que hacen ahí sus arrabales, pero que al mismo tiempo tienen lo que los ricos no y que es desde luego la vista: una vista panorámica como de ir en avión sobre toda la ciudad.”

Ahí se van construyendo edificios de estrato seis que trepan por las montañas buscando esa vista ‘‘y van desplazando los tugurios; entonces hay un momento en que los dos estratos se tocan. El crimen de El Muñeco sucede justamente en uno de esos puntos de intersección de las zonas. Muñeco tiene su pent-house al lado de la favela y con sus binoculares puede observar lo que sucede abajo’’.