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Se integran con musgo, liquen y heno

Científicos de la UNAM proponen medir la calidad del aire con biomonitores

Serían útiles en ciudades que no cuentan con redes de observación

 
Periódico La Jornada
Miércoles 12 de septiembre de 2018, p. 40

La norma mexicana indica que deben colocarse redes de monitoreo de la calidad del aire en ciudades de más de medio millón de habitantes, pero sólo tres metrópolis (Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey) cuentan con sistemas adecuados, señalaron expertos que mapearon la contaminación atmosférica del Valle de México y encontraron que ésta se concentra en el noroeste, donde hay alta densidad poblacional y de circulación, así como muchas industrias.

Ante la carencia de redes para medir la concentración de contaminantes, los biomonitores pueden ser una opción, pues definen el mismo patrón de contaminación de la red de calidad del aire de la Ciudad de México.

Edison Díaz Álvarez y Érick de la Barrera, ecofisiólogos del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES) de la Universidad Nacional Autónoma de México, describieron la forma en que se distribuye la contaminación por depósito de nitrógeno atmosférico mediante el estudio fisiológico de biomonitores, es decir, organismos que obtienen agua y nutrientes directamente de la atmósfera, como líquenes, musgos y heno.

Sólo en la Ciudad de México se han vinculado cerca de 10 mil muertes anuales a la mala calidad del aire. Entre los contaminantes atmosféricos están los compuestos reactivos de nitrógeno, que causan daños cuando llegan a la superficie terrestre –el llamado depósito de nitrógeno atmosférico– en forma de lluvia ácida y material particulado. Ha sido identificado como la tercera causa de pérdida de la biodiversidad a escala mundial, pues acidifica el suelo y favorece la proliferación de especies exóticas invasoras, además de ser tóxico para diversos organismos.

En un estudio publicado en la revista Scientific Reports, los expertos contrastaron la respuesta de dichos biomonitores con las mediciones directas de contaminación que realiza la red de 45 estaciones distribuidas en la zona metropolitana de la Ciudad de México.

Díaz Álvarez señaló que un equipo de biomonitores integrado por musgo y heno permitió describir de manera integral el depósito de nitrógeno atmosférico. En la Ciudad de México esos instrumentos revelaron el mismo patrón que la red de monitoreo de calidad del aire.

De la Barrera, quien coordina el laboratorio de ecofisiología agraria del IIES, señaló que “el método utilizado en esta investigación se puede utilizar en otros centros urbanos de menor tamaño donde no existen redes de monitoreo para conocer los niveles de contaminación a los que se encuentra expuesta la población”.