Editorial
Ver día anteriorMiércoles 17 de febrero de 2016Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Cuba-EU: cielos abiertos
L

os gobiernos de Cuba y Estados Unidos firmaron ayer en La Habana un acuerdo en materia de aviación civil que permitirá reanudar los vuelos comerciales regulares entre ambos países, tras más de medio siglo del veto aéreo impuesto por Washington a la isla.

De acuerdo con los términos del documento de entendimiento, se autoriza un máximo de 110 vuelos regulares diarios desde cualquier aeropuerto internacional estadunidense hacia cualquier ciudad cubana, lo que significa que la capital y otros nueve puntos del territorio –aquellos que cuentan con la infraestructura aeroportuaria requerida para vuelos internacionales– podrán recibir aeronaves comerciales procedentes del país del norte.

En un principio se autorizará a las aerolíneas de Estados Unidos 20 rutas regulares diarias a La Habana y otras 10 a Camagüey, Cayo Coco, Cayo Largo, Cienfuegos, Holguín, Manzanillo, Matanzas, Santa Clara y Santiago de Cuba. Falta, sin embargo, una etapa de trámites administrativos para asignar los destinos a las líneas aéreas interesadas, por lo que se prevé que los primeros vuelos regulares tengan lugar el verano próximo.

De todos los pasos dados hasta ahora en la normalización de las relaciones cubano-estadunidenses, éste es sin duda el de mayor calibre económico y social, no sólo por los montos de operaciones que representa, sino también porque restablecerá de golpe los contactos directos de toda suerte –familiares, culturales, científicos, comerciales, deportivos, turísticos– entre las ciudadanías de ambos países, después de décadas en las que los viajes aéreos directos entre un país y otro eran sólo posibles para funcionarios, diplomáticos y legisladores. En el resto de los casos, quienes han querido ir de una nación a la otra han debido realizar triangulaciones con escalas y estancias en terceros países.

Así, proyectada al futuro próximo la medida parece destinada a acelerar y retroalimentar la normalización de la relación bilateral en muchos más ámbitos que el aeronáutico. Con viajes aéreos regulares entre Estados Unidos y la isla resultarán inevitables los intercambios de toda especie, con lo cual el bloqueo unilateral impuesto por Washington hace 55 años a Cuba terminará de evidenciarse como un grotesco anacronismo que debe ser suprimido a la brevedad.

Cabe recordar que en diciembre de 2014 los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaron el comienzo de un proceso de negociaciones para poner fin a la hostilidad entre ambos países y que el segundo se comprometió a iniciar gestiones ante el Congreso de su país para derogar los fundamentos legales del embargo, tarea que depende de la correlación de fuerzas entre los legisladores y que escapa, por ende, a sus atribuciones.

Pero incluso si llegaran a quedar reducidas a un remanente jurídico sin mayor relevancia práctica, las leyes del embargo deben ser eliminadas, porque violentan la legalidad internacional, constituyen un agravio injustificado de Washington contra Cuba y son el recordatorio de una de las acciones más prepotentes, arbitrarias, dañinas y absurdas en el historial de la política exterior estadunidense, que las tiene de sobra.