Sociedad y Justicia
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Chile redujo 78% las carencias en el sector; México, apenas 2.4 por ciento: estudio

Grandes productores, beneficiarios de programas; 61.6% de pobres en el campo
 
Periódico La Jornada
Lunes 6 de abril de 2015, p. 36

Los programas productivos del agro destinados a las familias en pobreza han sido ineficientes, descoordinados, dispersos, y ha habido dispendio de recursos. Además, el clientelismo, el asistencialismo y la ausencia de una estrategia que impulsara la participación ciudadana erosionaron la confianza, advierte el estudio Territorios productivos, un programa articulador para reducir la pobreza rural.

El análisis advierte que los principales beneficiados de los subsidios al campo han sido los grandes productores; que existe una estrecha relación entre el estancamiento de la capacidad productiva de las pequeñas unidades y campesinos, así como las deplorables condiciones sociales en que vive la mayoría de ellos, ya que hasta 2012 61.6 por ciento de la población rural vivía en pobreza, de acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), los cuales cita el documento elaborado por Rimisp, Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural.

Desarrollo rural bajo

También señala que entre 1990 y 2011 Brasil y Chile redujeron su tasa de pobreza rural en 48 y 78 por ciento, respectivamente, mientras México lo hizo en sólo 24 por ciento entre 1989 y 2010. El desempeño del país es comparable sólo con el de otros significativamente menos desarrollados económicamente, como Colombia o Perú.

Agrega que cuando se observa la situación de los municipios con mayor presencia indígena, se observa que programas como Prospera y las tiendas comunitarias de alimentos de Diconsa tienen una amplia cobertura, mientras que sólo alrededor de 12 por ciento del gasto en agricultura llega a estos municipios.

Gerardo Franco, representante para México de Rimisp y uno de los autores del estudio, explica en entrevista que ha habido una política de desarrollo social enfocada en atender las necesidades básicas de las familias como educación, salud y alimentación. Ha estado desvinculada del gasto público en materia de desarrollo productivo. Se dice que a las familias pobres no les debes dar el pescado, sino enseñar a pescar; el problema es que quienes han tenido en sus manos el fomento productivo a una familia le dan la red, a otra el anzuelo, a otras el hilo y ninguna termina con todo el instrumento que le permita realmente aprender a pescar.

Señala que se ha caído en una situación en que se cree que los grandes productores están en el norte del país. Se han abandonado incentivos para elevar la productividad de los agricultores pequeños, los que están en pobreza. Esto, aunado a que las políticas públicas de desarrollo productivo no tienen evaluaciones rigurosas, hace pensar que han sido ineficientes en este segmento de la población.

En este documento, explica Franco, Rimisp presenta una propuesta piloto sobre el programa Prospera, que la Secretaría de Desarrollo Social establecería en el segundo semestre del año en 82 localidades. Consiste en que las familias harán un diagnóstico de la problemática productiva de su poblado; se buscará que aprovechen las transferencias gubernamentales de Prospera y Proagro productivo como piso mínimo para desarrollar las actividades productivas que se requiera en las localidades, no las impuestas desde las dependencias, así como lograr una interrelación entre las áreas urbanas y rurales, para que los agricultores tengan acceso al mercado.

Indica que la oferta de políticas públicas para pequeños productores ha sido en términos individuales, de changarritos, tienda de abarrotes, una papelería o café Internet, pero esto no detona un desarrollo territorial. Esos servicios son necesarios, pero habrá mayor demanda de ellos en la medida en que las localidades con mayor vocación productiva puedan elevar su rentabilidad con mejor asistencia técnica y apoyos a la comercialización.

Considera que el incentivo perverso que se ha creado desde la oferta pública ha sido imponer programas de arriba abajo, en el que las autoridades son las que dicen la actividad y la asistencia técnica que se requiere.

El objetivo del programa es voltear el esquema, que sean los beneficiarios los que decidan el tipo de proyectos que quieren, articular la oferta de abajo arriba.