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Autonomía y confederalismo democrático en el Kurdistán
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ara los pueblos indígenas que en América Latina han estado desarrollando diversas formas de autonomía como procesos de construcción de democracia directa-participativa y de resistencia anticapitalista, defensa del territorio y sus recursos naturales, son profundamente significativas las experiencias provenientes del Kurdistán, donde en diversas y extensas regiones de los estados que ocupa el fraccionado pueblo kurdo está teniendo lugar una extraordinaria y estratégica transformación política y programática que se conoce como autonomía democrática y confederalismo democrático, o la institucionalización del socialismo libertario.

Acorde a los informes del Comité de Solidaridad con Rojava y el Pueblo Kurdo, el Partido de la Unión Democrática (PYD), que actúa en el llamado Kurdistán sirio u Occidental, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), de la región turca o Norte de Kurdistán, y el Partido por la Vida Libre en Kurdistán (PJAK), en el Kurdistán Oriental (dentro de las fronteras iraníes), han hecho cambios trascendentes en sus orientaciones ideológicas para integrar un movimiento en expansión que cuestiona el modelo del Estado-nación, aun socialista, para, en su lugar, crear una sociedad donde las personas puedan vivir juntas, sin instrumentalismo, patriarcado y racismo, una sociedad ética y política, con una estructura de base democrática de autogestión institucional, o lo que, en suma, sería una democracia sin Estado.

Se identifica a Abdullah Öcalan como el dirigente histórico del PKK que hace una década llegó a la conclusión de que el Estado-nación constituía una entidad organizativa que se convertía en un obstáculo para el ejercicio de la autodeterminación, en vez de expresión de ésta, por lo que se pronunció por que “Dentro del Kurdistán, el confederalismo democrático se establecerá en las aldeas, pueblos y asambleas de la ciudad, y a sus delegados se les confiará la real toma de decisiones (…) El confederalismo democrático de Kurdistán no es un sistema estatal, sino un sistema democrático de un pueblo sin un Estado”.

El sistema de autonomía democrática y confederalismo democrático que se está desarrollando en el Kurdistán refuta los argumentos estatistas de quienes han pretendido reducir las experiencias de autonomías, como la zapatista, dentro de una espacialidad rural, exclusiva de socio-etnias indígenas y sin posible incidencia en ámbitos urbanos y sociedades nacionales. El sistema kurdo se establece con base en redes de empresas autogestionadas de trabajadores, entidades de autogobierno comunal, así como federaciones y asociaciones operativas de grupos superpuestos de acuerdo a los principios de auto-organización, democracia participativa directa y estructuras vecinales que operan a través de consejos. En el medio urbano, los consejos se establecieron desde 2005, en los niveles concéntricos de barrio, distrito y ciudad, y en 2008 y 2009 se reorganizaron con el fin de incluir a varias organizaciones de la sociedad civil, asociaciones de mujeres y el medio ambiente, partidos políticos y grupos profesionales como periodistas y abogados (fuente: Grupo Tatort, Autonomía democrática en Kurdistán Norte).

El Comité de Solidaridad con Rojava y el Pueblo Kurdo, autodefinido como antifascista, anticapitalista, antimperialista y antipatriarcal, remite las raíces teóricas del confederalismo democrático a la influencia del ecoanarquista estadunidense Murray Bookchin en el PKK, que lo consideraba uno de los más grandes científicos sociales del siglo XX. Se menciona que Bookchin, en su libro Rehaciendo la sociedad, definió lo que denomina ecología social, destacando que los problemas básicos que ponen a la sociedad contra la naturaleza surgen del desarrollo social mismo, y que haber puesto sociedad y naturaleza en una oposición binaria ha sido a la vez descriptivamente erróneo y prescriptivamente destructivo. La dominación del hombre por el hombre precedió a la noción de dominar la naturaleza. De hecho, la dominación humana del ser humano dio lugar a la misma idea de dominar la naturaleza.

El comité considera que si bien hay diferencias entre Bookchin y el pueblo kurdo al que él ha influido, lo que ha sido más fuerte en este ascendente son las metas de la construcción del doble poder y la puesta en práctica de un sistema de gobierno que se estructura de diferentes formas no estatales, la construcción de una democracia igualitaria, de una estructura social en paralelo, de un complejo en red de instituciones alternativas decididamente diferentes que actúan en contradicción y oposición al sistema dominante, o sea el Estado-nación y el capitalismo.

En América Latina, como en el Kurdistán, se trata del establecimiento no sólo de la autonomía, sino de una autonomía democrática y participativa, contraria a toda dependencia o injerencia externa, considerada como heteronomía. También, estas prácticas autonómicas en ambas regiones del mundo están signadas por la dinámica de transformaciones dentro de los propios sujetos autonómicos. En el Kurdistán, al igual que en los gobiernos autónomos zapatistas, se considera fundamental la participación activa de mujeres y jóvenes en todos los ámbitos de las estructuras concejales. Han dado la vuelta al mundo las imágenes de las mujeres kurdas en armas que dentro de las Unidades de Protección Popular (YPG) integraron las Unidades de Protección de la Mujer (YPJ) de Rojava (la región de la autonomía kurda autoproclamada en el norte de Siria), y las Unidades de Mujeres de la Guerrilla del Partido del PKK, que han estado en la primera línea de los combates contra el Estado Islámico.

En el Kurdistán, con su dualidad de poderes, al igual que entre los pueblos indígenas de nuestra América, con sus procesos autonómicos, tienen lugar experiencias de largo aliento que habría que analizar y valorar para asumir una perspectiva más abierta e imaginativa en el campo de las resistencias y las emancipaciones anticapitalistas. Otras luchas son posibles y deseables.