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Reportaje / Exclusión educativa, fracaso del estado

Hay mercado laboral para egresados: Rodolfo Hechevarría

Urge crear más escuelas y compañías de danza

Plantel del INBA sólo puede recibir 40 alumnos de nuevo ingreso

Las universidades se abren a esa disciplina, celebra el coreógrafo

De 780 aspirantes para estudiar danza profesional, con edades entre nueve y 14 años, sólo 45 serán aceptados por la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del Instituto Nacional de Bellas Artes

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Aspectos del aprendizaje de jóvenes aspirantes a bailarines profesionales, en la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA, que dirige el coreógrafo cubano Rodolfo HechevarríaFoto Cristina Rodríguez
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La formación profesional de un bailarín clásico dura nueve años. En las imágenes, momentos de la enseñanza en aulas de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del Instituto Nacional de Bellas ArtesFoto Cristina Rodríguez
 
Periódico La Jornada
Miércoles 11 de junio de 2014, p. 3

Varios niños con edades entre nueve y 14 años hacen fila en los jardines del Centro Nacional de las Artes, a punto de realizar su examen de admisión para la licenciatura. No se trata de niños prodigio, ellos quieren estudiar danza de manera profesional.

Forman parte de los 780 aspirantes a ingresar a la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), pero sólo cinco por ciento será aceptado.

La carrera de bailarín clásico dura nueve años e implica que la vida en los escenarios de un intérprete prácticamente se termina cuando éste ronda las tres décadas. Por eso, mientras más joven se inicie la preparación, mejor.

La escuela sólo admitirá dos grupos de máximo 20 alumnos cada uno. Este año se rompió un récord: los 780 lugares disponibles para el examen de admisión fueron agotados el mismo día que se enlistaron los prerregistros en Internet, en sólo un par de horas (hubo 500 fichas para danza clásica, 250 para danza contemporánea –las más solicitadas–, y 30 para coreografía).

El plantel no tiene la capacidad física para aceptar más de 40 estudiantes de nuevo ingreso, reconoce Rodolfo Hechevarría Fournier (Santiago de Cuba, 1964), quien lo dirige desde el pasado noviembre.

Enorme ilusión

En entrevista con La Jornada, Hechevarría Fournier, también coreógrafo, detalla que la escuela, “aunque se ve amplia, cuenta con sólo 16 salones para todo, es decir, para dar clases a 33 grupos: 10 de danza clásica, seis de contemporánea, cuatro de coreografía, cinco de docencia, más ocho grupos por las tardes de los chicos que reciben sus clases de quinto y sexto de primaria, los que cursan los tres años de secundaria y los tres de bachillerato.

Es muy compleja la organización de horarios para que unos estudien teoría, mientras otros hacen práctica, porque además no contamos con muchos salones para impartir teoría, y algunos son pequeños para tener ahí a más de 15 estudiantes ensayando.

Por eso, añade, el examen de admisión es largo y exigente: La idea es quedarnos con los mejores, que por lo general oscilan entre 15 y 20 por cada especialidad; la capacidad de los salones no da para más.

Más que talento, existe una enorme ilusión entre los jóvenes de nuevo ingreso a algunas de las cinco especialidades que se imparten. La mayoría concursará por un lugar en la licenciatura en danza clásica, pero también están los que aspiran a ser profesionales en la vertiente contemporánea, coreógrafos o maestros, además del plan especial para varones en danza clásica.

Mientras menor es la edad del aspirante, esos sueños son más obstinados en los padres que los acompañan a realizar los trámites, lo cual representa para la escuela un reto más a la hora de evaluar quién será aceptado, pues a veces, aunque el pequeño tenga capacidades físicas, en el fondo, la danza no es su vocación y acuden a insistencia de su familia.

Una cosa es bailar porque te gusta y otra poner a tu cuerpo a trabajar en ello todos los días. Nos hemos topado con casos en que los niños ya no quieren venir y los padres insisten e insisten, presionan mucho. También hay situaciones al revés, en que los jóvenes tienen la vocación y las ganas, pero sus capacidades físicas no están al máximo, explica el director del plantel.

Modelo de estudios paralelos

El examen de habilidades físicas incluye pruebas de flexibilidad, fuerza, elasticidad, coordinación, equilibrio. También hay un minucioso examen sicológico, porque en la danza se juega con las emociones y es una carrera larga, de mucha exigencia, donde toda la experiencia de vida está completamente en juego. Por eso es importante que, además de la capacidad de expresión e improvisación, los estudiantes puedan soportar las largas horas de trabajo físico, intelectual y emocional, insiste Hechevarría.

El promedio de calificaciones que se pide para nuevo ingreso es de siete, continúa, “que es bastante bajo en mi opinión, pero es para dar oportunidad de que las capacidades físicas para la danza no se pierdan. La escuela ofrece después una profesionalización que no hay en ninguna otra parte.

Gracias al apoyo del INBA ahora se puede tener este modelo de educación en el que los alumnos hacen estudios paralelos, es decir, mientras van terminando su educación básica, a partir del quinto de primaria, realizan su entrenamiento dancístico. Con ello tenemos que algunos jóvenes con 19 o 20 años ya están terminando su licenciatura como profesionales de la danza.

Sin dudarlo, Rodolfo Hechevarría responde que en México sí hay mercado de trabajo para todos los egresados de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea, “pues estamos en un país que baila. No obstante, por las mismas razones, a veces no le gusta pagar por la danza. Como todo el mundo baila, se piensa, ¿por qué pagar? Es una de las contradicciones a las que nos enfrentamos, pero como en cualquier profesión, la danza requiere de un pago para poder mantener los teatros, las funciones, aunque sean de una hora.

“Por fortuna, hay un mundo de danza profesional y un mundo de escuelas que ofrece a los profesores y a los bailarines un mercado de trabajo. Es cierto que no está al cien por ciento, hay que seguir invirtiendo en compañías profesionales.

Nuestra escuela, por los niveles de excelencia que ofrece y exigencia que mantiene, prepara a sus egresados para que estén en los primeros lugares de las principales compañías de México, pero no sólo eso, también hoy ya son pilares de varias compañías en Estados Unidos y Europa. Sabemos que eso no ocurre con todos los egresados de otras escuelas de danza en el país, eso es algo en lo que el Estado debe seguir trabajando, pues hay necesidad de presupuesto para grupos que tienen ganas de contratar a bailarines, pero no cuentan con los recursos suficientes.

En las licenciaturas de coreografía y docencia, la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA enseña a sus alumnos algunos elementos de autogestión, añade el director.

Si se pudieran ampliar las instalaciones, o construir otro edificio, la institución estaría en posibilidades de aceptar a más alumnos, reitera el director, pero “ahorita estamos llenos y lo estaremos cada vez más. Nuestra población estudiantil ha aumentado, sobre todo ahora que llegan aspirantes de todo el país, ya no sólo del Distrito Federal.

Eso en parte es bueno porque sabemos que regresará cultura, danza y profesionales de buen nivel a todos los estados, que abrirán escuelas y compañías; es mejor que verlos metidos en las drogas o en cosas peores.

Con todo y el optimismo con el que el director describe lo que ocurre en México respecto de la enseñanza de la danza, la situación nacional contrasta cuando relata lo que sucede en Cuba, el destino dorado de muchos bailarines.

“No estoy seguro de que Cuba sea el Olimpo de la danza –explica–, pero lo que sí es cierto es que su estructura escolar ha dado una gran fortaleza al sistema de enseñanza de las artes en general, establecido a partir de la Revolución, pues fue algo prioritario, lo cual ha garantizado, por ejemplo, la continuidad de la educación dancística en la isla para estar entre los primeros lugares de mundo.

“En Cuba tenemos 64 escuelas de arte en todo el país en este momento. Nadie que quiera estudiar alguna disciplina artística se queda fuera, y se trata de un país que, en cuanto a número de habitantes (12 millones), es mucho más pequeño que cualquier estado de México. La educación dancística allá se imparte con las mismas exigencias que se piden aquí, pero las posibilidades son más amplias para los estudiantes.

Además, existe un amplio movimiento de artistas aficionados. Aquella persona que verdaderamente le gusta el arte, no lo deja, aunque se dedique a otra profesión. Puede ser médico, ingeniero o arquitecto y estar en un grupo de aficionados en las casas de cultura donde baila, toca música, pinta, no necesariamente como una profesión, pero al mismo nivel que los profesionales.

Gran vida académica y carencias

El proyecto arquitectónico del edificio que alberga desde 1994 a la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea fue realizado por Luis Vicente Flores. Cuenta con tres módulos construidos en una superficie de poco más de 8 mil metros cuadrados, donde además de las aulas, está el teatro Raúl Flores Canelo y el foro experimental Black Box. En el inmueble conocido como la licuadora están las oficinas administrativas, la biblioteca y la cafetería.

En un recorrido realizado por La Jornada se pudo comprobar que en varios salones hay goteras, no se cuenta con bodegas para vestuario y la iluminación al caer la tarde es escasa en el edificio central, no hay instalación de luminarias en el techo en el área de la dirección.

Con todo, hay una gran vida académica. El director se enorgullece al mencionar que ahí se forman “personas sensibles a su cuerpo, a sus emociones, receptivas, que escuchan, contemplativas, que observan lo que ocurre a su alrededor, eso los prepara para ser artistas que no sólo tienen la capacidad de mover su cuerpo, sino una gran capacidad de reflexión y análisis de lo que están viviendo.

¿Para qué queremos todo eso? Para mejorar la sociedad, para compartir la sensibilidad artística y que no todo sea sólo ver el futbol. Porque sin el arte fácilmente se llega a la corrupción y a la delincuencia. Entre más arte y cultura existan, tendremos mejores seres humanos.

–¿Qué le dice a los jóvenes con talento y capacidad para la danza que este año no alcanzarán un lugar en la escuela?

–Que no significa que la danza los está rechazando. Dondequiera que exista un cuerpo humano hay un espacio para la danza, aun si se tiene una discapacidad motora. Es cierto que en la escuela enseñamos con muchas exigencias el arte de la danza, pero eso no significa que alguien no pueda bailar. La danza, como parte de las artes, es básica para el ser humano. Si la posibilidad de bailar de manera profesional no está en la puerta de esta escuela, puede estar en cualquier otra de las puertas que hay en México.

Hay ofertas, hay que conocerlas. Por ejemplo, las universidades se han abierto a la danza, que ya no sólo enseñan música, que era lo tradicional, concluyó Hechevarría.