Opinión
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Copa Confederaciones, Brasil 2013
Cosas del Futbol

Sócrates

A

veces las estrellas aterrizan y devienen humanos. Está pasando ahora en Brasil al calor del llamado opio mundial: el futbol. Esas estrellas son lo que son por vestir de corto y tener algo especial a la hora de manejar y patear un balón. El futbol lo inventaron los circunspectos ingleses, pero fue elevado al Olimpo por los habitantes de las favelas brasileñas. A partir de ahí, el balón y quienes juegan con él se convirtieron en uno de los mayores negocios del mundo que conocemos.

Brasil, paraíso de paraísos, vive hoy una histórica paradoja. El futbol es el motor del descontento social. Vale decir, ese pueblo guapachoso, desacomplejado y pasionalmemente futbolero encontró en su redonda alma el motivo para colocar en la picota a sus gobernantes.

El primer futbolista brasileño que sacó la cara por los jodidos de su país fue un flaco desgarbado y elegante, barbudo, cabellera ensortijada: lo llamaban doctor Sócrates. Era un deleite verlo sobre la cancha. El fue un adelantado en lo futbolístico y en lo social. Rompió con el estereotipo de que los deportistas son unos desclasados.

Ya murió, pero su ejemplo estalló en las calles de Brasil gracias al futbol, a la Copa Confederaciones. En Brasil los futbolistas, sobre todo los buenos, son poco menos que dioses. Son Vinicius de Moraes, Elis Regina o Chico Buarque en calzón corto haciendo locuras con un balón.

Con los indignados

Desde los actuales Neymar, Hulk y David Luiz, hasta íconos como Romario y Rivaldo, las estrellas futboleras de Brasil han hablado sin tapujos: su corazón está con los indignados que están más que indignados por los gastos que el gobierno está destinando a la infraestructura futbolera.

Eso, en un país como Brasil, es sorprendente. La catedral del jogo bonito está siendo sacudida desde sus cimientos por la clase social que hace posible ese enorme negocio. El mensaje ya llegó a la burbuja del poder brasileño. Ya decidieron recular en el aumento a las tarifas del transporte público de pasajeros. Pero da la impresión de que el fenómeno, que no tiene dirigencias visibles, es como una bola que pica y se extiende, valga el símil beisbolero.

El balón rueda, y los nuevos movimientos sociales quieren ser como el balón, pero sin que nadie les diga cómo ni por dónde.

Ahí está el detalle.