Opinión
Ver día anteriorLunes 26 de noviembre de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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La Muestra

Diario de Francia

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rofesión: reportero y cineasta. Desde los años 60 el fotógrafo francés Raymond Depardon ha recorrido el mundo capturando en estupendos reportajes gráficos movimientos sociales y cambios políticos, el cautiverio de una rehén en África, la vida diaria en hospitales y en penitenciarías, el trabajo de policías, la creación de un periódico (el desaparecido Le Matin) en su documental Número cero (1977), y finalmente la ciudad de París con sus oficios, sus personalidades glamorosas, sus habitantes de barriada y su ajetreo cotidiano.

Un verdadero cronista de lo inmediato, armado de su vieja e inseparable cámara Leica 24x36, emplazándola a mitad de la calle de un pueblo solitario de la llamada Francia profunda, para captar, en el momento preciso y con una luz que se demora en alcanzar el punto justo, la esencia de una realidad pronta a desaparecer y a ser olvidada. Los viejos cafés, por ejemplo, tan evocadores de los tiempos de la posguerra inmediata; las ferias populares, verbenas de lo familiar y de lo insólito, y sobre todo la serenidad del campo francés, ese refugio apacible al que en su madurez regresa el fotógrafo para retratarlo y descubrirlo de nuevo con el recurso ya perfeccionado de ese cine directo tan suyo, basado en la escucha y la mirada.

Diario de Francia es el registro de la larga trayectoria artística de Depardon, a partir de imágenes guardadas en un desván, organizadas después pacientemente, y realzado el conjunto con filmaciones nuevas que colocan al centro del documental al propio fotógrafo captado por su esposa y colaboradora Claudine Nougaret (ocupándose, él de la imagen, yo del sonido, precisa ella).

Las primeras imágenes recobradas en esta colaboración sugieren momentos en alguna cinta de la Nueva Ola, jóvenes franceses curioseando en los puentes del Sena, música romántica de Charles Trenet; Vértigo del amor, melodía popular de Alain Bashung, una evocación de París con un toque de Doisneau y mucho de Cartier-Bresson.

Viene luego un salto brusco a las preocupaciones de Depardon, joven comprometido con las luchas y acontecimientos del momento (1963, guerra civil en Venezuela; 1966, victoria del carismático líder y luego dictador Bokassa, en África Central; 1969, los tristes saldos de la insurrección de Praga contra la invasión soviética en imágenes formidables y valiosas). Una gran omisión: el mayo 68 francés.

La selección de imágenes recobradas es ecléctica. La pareja Depardon/Nougaret abre su arcón de recuerdos fotográficos y despliega en una sucesión un tanto apresurada los registros que juzgan más significativos. De ellos el espectador retiene momentos formidables: el minuto de silencio de Nelson Mandela frente a la cámara de Depardon, la angustiante demanda de ayuda internacional de la arqueóloga Francoise Claustre en cautiverio en el Chad, lugar donde Depardon convive dos meses con los rebeldes con el fin de obtener información y atmósfera justa para su reportaje.

Son muchos años en el extranjero, demasiados conflictos y sucesos para sus agencias Gamma y Magnum. Al final, lo que capta con mayor sensibilidad y poesía Diario de Francia es el regreso del fotógrafo al país natal, y su confesión sincera: Tal vez tuve que ir un poco por todo el mundo para venir finalmente a fotografiar este pedazo de Francia que conozco tan poco.

Además de su trabajo fotográfico, Depardon ha renovado, junto con Frederick Wiseman y Richard Leacock, el lenguaje del documental fílmico en una docena de títulos que han merecido una retrospectiva en la Cineteca y que merecen una visita nueva.

Además de la Cineteca Nacional, la Muestra prosigue este mes su recorrido en salas de Cinemex, Cinépolis, Lumière Reforma y sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario.