Opinión
Ver día anteriorMiércoles 13 de julio de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Suite 2006
T

anto se ha escrito acerca de Dominique Strauss-Kahn (DSK) que hasta hoy me sentía culpable de no haberlo hecho. Las líneas siguientes desvanecerán esa culpa.

Después de dos meses de haberse iniciado el asunto DSK nada sabemos y todo sabemos. Parecería que vivimos en un mundo donde la desinformación pesa más que la información, y donde la liviandad del ser humano es tal, que a los políticos, y las personas relacionadas y responsables con el caso DSK, poco les importa el juicio de la sociedad. El show Suite 2006 no puede ni debe morir. Nadie lo ha dicho, pero es obvio: mucho dinero, tan sólo por las noticias, ha generado el deseo sexual del ahora ex director del Fondo Monetario Internacional.

El asunto Strauss-Kahn ha generado infinidad de especulaciones e incontables preguntas. Comparto una, ¿cuándo se filmará la serie Suite 2006?, y, ahora, ofrezco una propuesta acompañada de otra pregunta: dado que la sexualidad desenfrenada de DSK pudo –¡nos salvamos gracias a Dios!– poner en peligro la estabilidad del mundo, ¿investigará el FMI, a la par que interroga al director entrante sobre sus finanzas, acerca de sus hábitos sexuales? Las dudas previas obligan. Aventuro dos sugerencias a modo de respuestas. Primera: Nicolas Sarkozy es el candidato idóneo para dirigir y producir la serie Suite 2006. Segunda: Christine Lagarde, flamante directora del FMI, debe jurar fidelidad a su nueva casa y a su pareja –en caso de tenerla–; de no contar con quien compartir la Suite 2007 debería, para no vincular sus actos sexuales con la quiebra de Grecia, España o quien siga, informar de todas sus actividades sexuales; basta lugar y pareja, no se requieren detalles.

La prensa mundial se ha encargado, día a día, de ofrecer los pormenores y los no pormenores del caso DSK. Después de casi dos meses, los seguidores de Suite 2006 seguimos sin saber la verdad. A los detectives encargados del caso, a pesar de haber dedicado innumerables horas, de haber escuchado suficientes testimonios y de haber hurgado donde haya sido posible hurgar, les ha faltado la malicia e inteligencia de los detectives de Agatha Christie.

Hércules Poirot, el ultrafamoso detective belga de Christie, seguramente hubiese actuado de otra forma. A estas alturas habría maniobrado con más sagacidad. Dos ideas. Habría interrogado, por lo menos, a Nicolas Sarkozy, a los dirigentes del socialismo francés que buscan la presidencia y, ¿por qué no? a Vladimir Putin. A los franceses, porque DSK, probablemente, hubiese contendido en las próximas elecciones. A Putin por ser Putin. Segunda idea. Hércules hubiese contratado a un panel médico y a una chica para dilucidar si DSK funciona sexualmente o si es impotente.

Los colegas estadunidenses de Poirot han gastado demasiado tiempo. El caso sigue en suspenso. Todas somos camaristas, parecía ser la voz de la razón y la tumba del maniático sexual. Nadie, salvo el inmobiliario de Suite 2006, presenció la escena, es el argumento de los abogados de Dominique. Aunque los abogados de la denunciante tienen fe en los espermatozoides de DSK, ni la fe ni los espermatozoides son siempre confiables. La fe suele ser contraria a la razón y los espermatozoides, a pesar de ser abundantes, deben observarse bajo el microscopio y estudiar el ácido desoxirribonucleico (ADN) para asegurar quién es el propietario. Hasta no ver no creer es dogma de cualquier detective: ¿Será el semen de Suite 2006 propiedad de DSK?

Kenneth Thompson, abogado de Mafissatou Diallo, la ahora famosa camarera de 32 años, tiene un inmenso problema: de acuerdo con la versión de la agredida, Strauss-Kahn, de 62 años, después de golpearla, la obligó a practicar sexo bucal. Una conjetura. No es fácil, tras golpear a una mujer, en un lugar casi público, tener erección y disfrutar de una felación.

De acuerdo con Thompson existen pruebas de ADN del semen del atacante en la pared y en el suelo de la Suite 2006. Dos hipótesis para explicar el atascadero en el cual se encuentran la recamarera y su abogado. Hipótesis uno. Strauss-Kahn goza a su edad de potencia sexual inusitada y casi inunda la suite con su esperma (cada eyaculación contiene entre dos y seis mililitros). Hipótesis dos. Diallo, tras tragar el semen lo regó por donde pudo, a pesar de las amenazas musculares de DSK.

No simpatizo con DSK e ignoro si todo lo que ahora se dice de Diallo es verdad. Más de una versión indica que DSK ha tenido problemas con mujeres (por supuesto no me refiero a su esposa) y que buscaba competir por la presidencia de Francia. Más de una versión indica que Diallo mintió, que tiene vínculos con el mundo de las drogas –quizás similares a los que tiene el FMI con ese mundo–, y que recibió dinero cuyo monto no corresponde con su salario en el hotel Sofitel.

Ambas versiones indican que atrás del sexo hay mano negra. ¿Quién, o quiénes pintaron la mano? Lo más probable, pienso, es que haya sido Hércules Poirot, aunque no descarto a Sarkozy, Berlusconi, Putin o a uno de esos. Mientras tanto, como suele suceder en política, todo es menos claro que el 14 de mayo, fecha de la acusación y defenestración contra DSK.

De todas las sandeces que escribí la única real, y la que más me emociona, no la escribí: ¡Cómo me encantaría pasar una noche en la Suite 2006 del Sofitel de Nueva York, sin DSK!