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Se dice sorprendido con el éxito de su novela más reciente, Los enamoramientos

La literatura es una manera de tantear la oscuridad, asevera el escritor Javier Marías
 
Periódico La Jornada
Miércoles 8 de junio de 2011, p. 5

El libro más reciente de Javier Marías, Los enamoramientos, bien pudo nunca salir a la luz pública. La razón es la inseguridad que prevalecía en el autor para emprender una nueva novela, luego de que hace más de tres años concluyó la última entrega de su trilogía Tu rostro mañana.

Cuando terminé ese tercer volumen, tuve la sensación de que no podría escribir más novelas. Estaba agotado, en su doble acepción: cansado y vacío de ideas. Pero, por fortuna o desgracia, al cabo del tiempo se condensan ideas e historias y luego éstas se cristalizan en un libro.

Así ocurrió con Los enamoramientos (Alfaguara), precisa el escritor español, quien temía que se tratara de una obra fallida: Soy el primer sorprendido de la recepción que ha tenido el libro entre la crítica y los editores, los cuales han dicho que no es una novela menor ni de descanso.

Javier Marías da cauce a cuanta pregunta se le formula durante la hora y 20 minutos de la videoconferencia simultánea que desde Madrid, hace unos días, sostuvo con periodistas de Argentina, Colombia, Chile, Perú y México.

Como ha ocurrido en sus más recientes novelas, entre ellas Mañana en las batallas piensa en mí, el tema de la muerte reaparece en la más reciente historia del narrador, quien niega que dicha situación responda a un interés en particular.

“Voy a contracorriente de la sociedad occidental, por lo menos la europea –sostiene– en la que prevalece un rechazo general hacia la muerte y lo que ésta representa.”

Resalta que la muerte es una situación que se asume como ineludible, pero se evita hablar de ella. Incluso, agrega, se ha llegado al extremo de pensar que muchos de quienes mueren es por su propia culpa, por no cuidar de su salud.

“Eso me parece atroz, porque la muerte es parte de la vida; a medida que cumplimos años, de que perdemos seres queridos, es algo muy presente en nuestras vidas.

La sociedad occidental tienda a borrar a quienes han desaparecido. Por ejemplo, cuando fallece un escritor importante, se suscita un gran espectáculo mediático de tres días para luego olvidar. Y para mí es imposible olvidar.

Escribir para pensar mejor

Javier Marías aclara que escribir de ciertos temas, como lo hace del enamoramiento y la muerte en su nuevo libro, dista mucho de ser una forma para entenderlos.

“No es mi aspiración. Una de las razones por las que escribo es porque me permite pensar mejor que de otras maneras. En realidad, creo que eso le pasa a todo mundo, sea uno escritor profesional o no y use como medio las cartas, el correo electrónico o los blogs.

“La escritura da forma a los pensamientos, les pone orden. Pero, de allí a que eso permita entender más sobre el amor y la muerte hay un enorme abismo. Faulkner decía que la literatura, lo más que logra, es lo mismo que un fósforo encendido a la mitad de la noche enmedio de la nada: permite ver mejor la oscuridad del entorno.

Suscribo esa frase. Ver la oscuridad del derredor no es poco. La literatura, cierto, da preguntas, pero también respuestas no definitivas; es una manera de tantear la oscuridad.

Entre otros aspectos, el autor, quien el 20 de septiembre cumplirá 60 años, aclara que las suyas no son novelas-ensayo, como las han clasificardo ni mucho menos filosofía encubierta de literatura.

Lo que sí tienen mis obras es un pensamiento literario, que ya no es tan común. Esto tiene muchas ventajas, como poder contradecirse entre una obra y otra o inclusive en la misma. La novela no es una forma de conocimiento, sino de reconocimiento.

Recomienda a los escritores en ciernes no elegir esta profesión sólo por la búsqueda de estatus, fama o el poco dinero que a veces brinda, sino por gusto. Y comparte su convicción de que no hay mejor escuela para ello que la buena y apasionada lectura.

Manifiesta simpatía por el movimiento de Los indignados en España y rechaza la posibilidad de obtener el Nobel pues, dice, en Suecia hay poca obra suya traducida.