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El premio al mejor artista fue para el estadunidense Christian Marclay, por The Clock

Otorgan el León de Oro a Schlingensief por su aportación al pabellón alemán

Expertos criticaron los métodos de selección de las obras que integran el área italiana

 
Periódico La Jornada
Domingo 5 de junio de 2011, p. 3

Venecia, 4 de junio. El pabellón alemán y, con él, el fallecido artista Christoph Schlingensief, recibieron en la 54 edición de la Bienal de Arte de Venecia el León de Oro a la mejor contribución nacional, informaron los medios.

Schlingensief, director de teatro, ópera y cine, recibió el encargo de montar la muestra para el pabellón, pero murió en agosto de 2010, de cáncer, a los 49 años. Entonces, la curadora Susanne Gaensheimer se hizo cargo de presentar los proyectos del artista en la Bienal.

En total competían este año por el galardón 89 países, más que nunca antes. La Bienal, inaugurada ayer sábado, se realiza bajo el lema ILLUMInazione-ILLUMInations, y permanecerá hasta el 27 de noviembre.

En la competición por el premio al mejor artista se impuso entre 83 candidatos el estadunidense Christian Marclay, por su obra The Clock. Mientras la contribución británica de Haroon Mirza recibió el León de Plata; además, hubo un premio especial para el pabellón letón y para la artista sueca Klara Liden.

Los premiados por la labor de toda una vida, anunciados ya con anterioridad, fueron este año la estadunidense Elaine Sturtevant, nacida en 1930, y el austriaco Franz West (1947).

Criterios controversiales

Este año el país anfitrión aportó un pabellón incitante al presentar un Jesucristo crucificado con calzoncillos de la marca Dolce y Gabbana, homenajes a Gadafi y Bin Laden, además de una pareja de jóvenes vivos y desnudos que se ofrecen en enormes tronos de caucho.

Al fondo de los enormes espacios del Arsenal, el pabellón de Italia, dedicado a los 150 años de la unificación del país, no pasa desapercibido y suscita curiosidad, polémica y hasta indignación por la presencia de obras de unos 200 artistas italianos.

Escogidos por unas 200 personalidades de la cultura y el espectáculo, no personalmente según el criterio del curador del pabellón, la idea ha generado controversia en el mundo de la cultura tanto italiana como internacional.

El particular el proyecto del controvertido crítico de arte Vittorio Sgarbi, comisario del pabellón, conocido por su personalidad mediática, sus ataques iracundos durante los programas de televisión y su cercanía al jefe de gobierno de derecha Silvio Berlusconi. El método de selección de los artistas no sólo generó debate, sino que también fue tachado de usar de manera exagerada la recomendación y el clientelismo, pues termina por mezclar y amontonar obras interesantes, autores consagrados con desconocidos y exhibir pinturas, instalaciones, esculturas, fotografías, montajes y collages de todos los estilos y calidades.

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Rapto de la Sabina, pieza elaborada en cera con la que el artista suizo Urs Fisher aborda la fugacidad de la obra: a lo largo de la Bienal, la escultura se derretirá poco a poco hasta desaparecerFoto Alejandra Ortiz Castañares

Artistas renombrados, emblemas de corrientes, como Enzo Cucchi y Maurizio Cattelan, comparten espacio en forma desordenada con jóvenes y anónimos, como en una gran feria de arte popular. Una bella idea, pero mucho caos, comentaron desconcertados al diario Il Corriere della Sera dos renombrados e independientes críticos de arte, el italiano Gillo Dorfles y Robert Storr, profesor de la Escuela de Arte de la estadunidense Universidad Yale.

En el caso de América Latina, inspirada en la luz del pintor clásico veneciano Tintoretto, en esta edición la Bienal de Venecia presenta una selección sorprendente del febril arte de este continente, con artistas de todos los países, que reflexionan sobre el presente y el futuro.

Bajo el lema Entre siempre y jamás, inspirado en el poema del uruguayo Mario Benedetti, el pabellón del Instituto Italo-latinoamericano (IILA), presenta bajo una sola bandera a artistas de 20 países, divididos entre la tradición y la contemporaneidad, explicó el alemán Alfons Hug, comisario de la exposición.

El dos veces curador de la Bienal de San Paulo y de la Bienal del Fin del Mundo, en la Patagonia argentina, seleccionó artistas que trabajan en ciudadaes pequeñas y apacibles, así como en megalópolis desbordantes, abarrotadas, y como explorador se dejó guiar por artistas no convencionales, que relaboran la propia historia, recuperan tradiciones o se abren a lo contemporáneo.