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Ver día anteriorViernes 25 de febrero de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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La muerte mira al mundo
L

a muerte mira el mundo, a México, a Libia. La muerte está presente en la vida del mundo, en toda su intensidad. Lo extraño no es morir sino sostenerse en la vida tan zozobrante que nos amenaza. Por de pronto, el líder libio Gadafi bombardea las revueltas surgidas en Trípoli y Bengasi que se cubren de sangre.

Un baño de sangre pinta de rojo el desierto libio, aunado a una represión sin freno: los asesinatos en masa en Bengasi y luego en Trípoli. Muamar el Gadafi intenta acabar con las justas reivindicaciones de los libios.

Repetición de lo que sucedió poco antes en Egipto, Yemen, Túnez. La diferencia está en que Gadafi no parece dispuesto a renunciar y ataca a la población con la fuerza bruta. Aun así adivina que sus días como dictador están contados.

La realidad, hasta donde nos es permitido conocerla, sobrepasa la peor ficción. Los acontecimientos y la tragedia la desbordan, el lenguaje se ve rebasado y la conciencia no alcanza a procesar lo que presenciamos; la racionalidad y la cordura no encuentran asidero posible.

A pesar de que la historia, aparentemente, ha dado cuenta de episodios bélicos anteriores de estos acontecimientos, no sólo parece no servirnos de algo, peor aún, no hemos entendido nada. Más bien pareciera que ni siquiera se ha registrado en la memoria, como si no hubiese dejado huella ni inscripción alguna. ¿Cómo intentar dar cuenta de semejante fenómeno?

Si el asunto se juega entre las coordenadas de la memoria, la repetición, el olvido, la destructividad y la muerte, una referencia obligada es el pensamiento freudiano, articulado con las reflexiones de Jacques Derrida en torno al concepto de Freud acerca de la pulsión de muerte que el destacado filósofo francés enlaza al asunto del archivo y la memoria.

Ante el hecho de abordar en la actualidad el concepto archivo, Derrida hace el siguiente planteamiento, que resulta de lo más pertinente ante la parafernalia de estos días que nos dejan llenos de zozobra.

El pensador francés estos desastres los calificaba como archivos del mal y, al respecto, concluía: “…archivos del mal disimulados, destruidos, prohibidos, desviados (¿reprimidos?)”.

Su tratamiento es a la vez masivo y refinado en el curso de guerras civiles o internacionales, de manipulaciones privadas o secretas. Nunca se renuncia, en el inconsciente mismo, a apropiarse de un poder sobre el otro, el documento, su posesión, su retención o su interpretación.

El asunto del archivo y la memoria resulta en extremo complejo. Derrida empieza por cuestionarse si no habría que comenzar por intentar puntualizar el asunto del archivo y se pregunta: ¿No es preciso comenzar por distinguir el archivo de aquello a lo que con demasiada frecuencia, en especial a la experiencia de la memoria y el retorno al origen, más también lo arcaico y lo arqueológico, el recuerdo o la excavación, en resumidas cuentas, la búsqueda del tiempo perdido? Exterioridad de un lugar, puesta en obra topográfica de una técnica de consignación, constitución de una instancia y de un lugar de autoridad (el arconte, el arkheion, es decir, frecuentemente el Estado, e incluso un Estado patriárquico o fratiárquico), tal vez sería la condición del archivo.

Con esta propuesta enlaza el sicoanálisis y la problemática del archivo. Para él, el texto freudiano insiste sobre la teoría de la archivación (Eindruck, druck, drücken).

Para Freud esa archivación no sería sólo pérdida, sino a decir de Derrida, resultaría más bien una tesis irresistible, ya que apuntaría a una perversión radical, a la diabólica pulsión de pérdida.

Freud, en 1920, en su texto Más allá del principio del placer introdujo el concepto de pulsión de muerte, esa pulsión de destrucción. Esta pulsión, de obrar silencioso parece nunca dejar un archivo que le sea propio. Trabaja para destruir el archivo: con la condición de borrar, más también con el fin de borrar sus propias huellas. Las imágenes, los acontecimientos, los argumentos y las acciones bélicas brutales e irracionales que presenciamos esta semana con Gadafi son claro ejemplo del mal del archivo, del mal radical, de la pulsión de muerte, que, borrando su archivo, acecha silenciosa y furtiva a la humanidad. La muerte nos mira.