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Las deudas y la falta de fondos públicos motivan esa decisión, informan sus responsables

El Museo Txillida-Leku cerrará sus puertas el primer día de 2011, anuncian

En 10 años, la utopía del escultor vasco ha recibido más de 800 mil visitantes

El alcalde de San Sebastián propone una mesa interinstitucional para estudiar alternativas de solución

Foto
Obra de Txillida inspirada en El peine de los vientos, emplazada en el museo del artista vascoFoto Mónica Mateos
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 2 de diciembre de 2010, p. 7

Madrid, 1º de diciembre. La dirección del Museo Txillida-Leku, centro cultural creado hace 10 años, anuncia que el recinto cerrará sus puertas a partir del primero de enero de 2011, debido a las deudas y la falta de financiamiento público.

El museo creado por el escultor vasco Eduardo Txillida (1924-2002), está situado en Hernani, ciudad cercana a San Sebastián, provincia de Guipúzcoa, en Euskadi. Fue edificado con celo y cariño en vida del artista, quien murió a los 78 años.

El Museo Txillida-Leku (que en euskera significa el lugar de Txillida; en español la tx vasca se pronuncia como ch), es un sobrio caserío, cuya historia se remonta al siglo XVI. Está rodeado por un jardín de 12 hectáreas colmadas de esculturas, ayas, robles, magnolias, puentes de madera y silencio.

Ahí habita el alma de uno de los artistas vascos más relevantes del siglo XX; un hombre sencillo que siempre, hasta el final de sus días, se preguntó sobre el origen y el espacio, que construyó con sus manos algunas de las obras artísticas más representativas del arte abstracto y que experimentó con todo tipo de materiales: acero, alabastro, granito, terracota, yeso, madera y papel.

Txillida y su mujer, Pilar Belzunce, comenzaron en 1984 su gran utopía: la creación de un espacio pensado hasta en el mínimo detalle por el genial artista, que logró desplegar en esas 12 hectáreas y en el caserío de piedra maciza una conjunción armónica de arte contemporáneo y afirmaciones filosóficas y poéticas proyectadas en su escultura. Esa obra magna, que inauguró el propio Txillida dos años antes de morir y que ha sido visitada hasta ahora por más de 800 mil personas, cerrará sus puertas en menos de un mes.

Los familiares del escultor, que también fungen como directivos del museo y de la fundación que se encarga de difundir y proteger su legado, explicó en un comunicado los motivos del cierre del museo, que también incluye un expediente de regulación temporal de empleo (ERA) a casi todos los trabajadores del museo.

Guiño a la esperanza

Los responsables del recinto explicaron que esta decisión ha sido motivada por la situación de déficit recurrente que, al igual que casi todos los museos de obra artística padecen, y que se ha visto agravada por la crisis económica general, disparando las cifras negativas a niveles insostenibles desde la perspectiva de una iniciativa privada.

El museo seguirá llevando a cabo todas aquellas actividades paralelas que se desempeñan con independencia del cierre al público, como son la conservación del patrimonio artístico o la realización de exposiciones nacionales o internacionales. Pero la dirección también hace un guiño a la esperanza: El museo sigue abierto a un acuerdo que respete las condiciones que considera imprescindibles para asegurar la continuidad del mismo tal y como las definieron Eduardo Txillida y Pilar Belzunce, sus creadores.

Txillida visitó por primera vez el caserío Zabalaga en 1983, cuando, al ver el equilibrio entre la montaña y la edificación entonces en ruinas, al constatar el vigor de la arboleda y de los paisajes, decidió comprar una parte del terreno para convertirlo en su finca y taller. Ahí esculpió y, poco a poco, casi de forma imperceptible, su taller se fue convirtiendo en su museo. En uno de sus legados más importantes, pues a lo largo de 18 años construyó con silencio y trabajo su gran utopía, como la definieron sus fundadores.

Una vez restaurado el caserío, por el arquitecto Joaquín Montero, es cuando el terreno se convirtió ya oficialmente en el conjunto escultórico en el que conviven las 40 obras de arte de gran formato del genial artista con los abetos, las magnolias y las ayas en medio de la serranía vasca.

El complejo artístico, financiado por los herederos de Txillida, enfrenta el cierre de sus puertas, al menos como museo tradicional, y despedir a los trabajadores.

La familia Txillida ha expresado en los años recientes preocupación por la crisis financiera del museo, pero también ha insistido en que cualquier acuerdo con las instituciones públicas deberá respetar la esencia del proyecto.

Cuando parece que el cierre es inminente, los responsables públicos se movilizaron más que nunca; el alcalde San Sebastián, Odón Elorza, propuso crear una mesa interinstitucional para estudiar alternativas de financiamiento y gestión. Mientras la diputada María Jesús Arámburu, de la Comisión de Cultura del Parlamento regional, señaló: Esperamos que el museo y la obra de Eduardo sigan presentes en nuestra vida social.

El vocero de la diputación guipuzcoana, Enero Goia, explicó que el organismo que representa no ahora, sino también antes de que se hicieran públicos los problemas, está en contacto con la familia Txillida para ver cuáles pueden ser las posibilidades que hagan que ese objetivo se cumpla, es decir, poder garantizar que el museo siga con las puertas abiertas.