Opinión
Ver día anteriorDomingo 15 de agosto de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Muerte de un líder
E

l pasado fin de semana murió en Toluca Roberto Cantoral, el líder de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM). Por el alboroto que se armó en los medios pareciera que no sólo había muerto el líder, sino algo más: una suerte de prócer, de hombre-guía, cuyo ejemplo tendría que ser imitado por las jóvenes generaciones ávidas de encontrar el camino de la luz y de la sabiduría (“Se va el gran héroe, el líder…”, declaró uno de sus hijos).

Yo no comparto tal entusiasmo. Sigo pensando que la SACM es una de nuestras mayores vergüenzas nacionales (y, en el presente, ya hay muchas). Con esta sociedad pasa lo que con varios sindicatos: los agremiados son, en general, bastante pránganas, mientras sus líderes son, siempre, bastante ricos. Tales corporativas ejercen, además, singulares procesos democráticos, los cuales se llevan a cabo en asambleas en las que siempre se relige la planilla de el líder. Por ello, en los 50 y tantos años de vida de la SACM sólo ha habido dos elecciones: la de Carlos Gómez Barrera, hace 55 años, y, 27 años después, la de Roberto Cantoral, quien, en cuanto a permanencia, logró desbancar a el líder anterior. En todas las demás asambleas únicamente han habido relecciones.

Yo sospecho que tales cosas suceden debido a una cadena de complicidades, corruptelas, ineficiencia y, naturalmente, impunidad (de otro modo no podrían tenerse en pie). Hay una Dirección General del Derecho de Autor que depende de la Secretaría de Educación Pública y, hasta donde sé, hay una comisión en el Congreso de la Unión que atiende estas cuestiones. Está, asimismo, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Tales instancias administrativas tienen que ver con la SACM, con su funcionamiento, su contabilidad, su administración, su rendición de cuentas y con los sueldos que se asignan a ellos mismos los líderes y sus asociados. ¿De veras a las autoridades no les parece rarísimo, por decir lo menos, que los líderes de estas especies de clubes se enriquezcan mientras velan por los intereses de sus agremiados? Pero no hay que engañarse: todo se hace bajo el manto protector de la ley y de los estatutos mismos de las corporativas: son ellos, los líderes, los que han redactado y aprobado los estatutos, así que no hay nada que perseguir.

Debo decir, sin embargo, que al leer el alud de declaraciones y obituarios alusivos a el líder, me asaltó la duda: tal vez yo estoy equivocado en mi apreciación. Por ello, me permito transcribir a continuación tres de estas perlas de sabiduría (que el lector saque sus propias conclusiones): Lo que pasó es triste, hay que tomarlo en serio, se nos está yendo una persona que ha puesto la pista sonora a la película de nuestras vidas (juro que eso dijo el musicólogo Jaime Almeida). Otra: un tal Rincón Musical SA de CV afirmó en su obituario: El Maestro únicamente se nos adelantó para formar otra Sociedad Autoral con los ángeles y nos está esperando (que un rayo me parta si miento). Otra más: en su obituario –de página entera y redactado a manera de carta– la SACM manifiesta lo siguiente: “Querido Roberto, seguramente tu barca está llevándote directo a Dios, y aunque nosotros, tus hermanos, nos sentimos infinitamente tristes, sabemos bien que un día el divino reloj del tiempo nos marcará la hora de volver a estar cantando juntos… El ejemplo de tu liderazgo es ahora el palpitar del corazón de nuestra institución.” (sí, eso dice: el palpitar del corazón de nuestra institución).

Un comentario final: en 1995 murió Eduardo Mata –músico de excelencia y figura alta de la música mexicana–, y el Instituto Nacional de Bellas Artes le rindió un homenaje de cuerpo presente en el vestíbulo del Palacio. Quince años después, en el año del bicentenario, en el mismo vestíbulo, el Instituto Nacional de Bellas Artes le rinde un homenaje de cuerpo presente a el líder. Ni modo, qué le vamos a hacer, son otros tiempos y otros aires.