Opinión
Ver día anteriorDomingo 20 de septiembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Pequeño museo
E

l Pequeño museo me tiene obsesionada desde que lo tuve en mis manos por primera vez hace un par de años. Me siento a hojearlo y me sugiere mil cosas, quisiera aprendérmelo de memoria, conocer todo lo que me ofrece, asuntos que se repiten y otros que se inauguran, pues, como todo gran libro, es inagotable. Es una antología, un diccionario y un vocabulario ilustrado. Es una puerta al arte y a las ideas. Sus autores son Alain Le Saux (1936), parisino, ilustrador, y el multinacional Grégoire Solotareff (1953), quien nació en Alejandría, Egipto, de padres rusos (el papá, médico y poeta; la mamá, pintora), que pasó su infancia entre Líbano y la Île-de-France, y que vive en París. Estudió medicina y se encarriló finalmente como ilustrador hacia los libros para niños. Para el Pequeño museo recogieron detalles de obras maestras de los grandes pintores universales y los ordenaron alfabéticamente por título. Por ejemplo, el brazo, de Dos mujeres corriendo por la playa, de Picasso, o los zapatos, de Par de zapatos viejos, de Van Gogh. En castellano, el brazo, en la be, y los zapatos, en la zeta, pero con la obvia curiosidad de que los sustantivos cambian de orden según el idioma en el que esté traducido el Pequeño museo, los zapatos, en castellano en la zeta, como digo, pero en la ese en inglés y la che en francés; otro tanto con el brazo, en la be en castellano y francés, y en la a en inglés.

La idea es que los fragmentos de las pinturas (brazo, zapatos) no sólo ilustren el sustantivo que los designa (brazo, zapatos), sino que enseñen al lector/espectador a identificar a los autores de las obras de las que fueron seleccionados. Así, el brazo, bajo el nombre brazo, identifica, efectivamente, un brazo, pero al mismo tiempo identifica al artista que lo pintó (Pablo Picasso), el resto de la obra de la que fue tomado (Dos mujeres corriendo por la playa) y, más extraordinario todavía, en potencia hará al lector/espectador identificar también la demás obra del autor. Quiero decir, el brazo recogido en el Pequeño museo es el botón de la muestra. Potencialmente, contiene entera la obra de Picasso y quizás a Picasso mismo.

No sé si es bueno o malo que el brazo recogido en el Pequeño museo me enseñe a identificar cualquier fragmento o pintura entera de Picasso, pero estoy casi segura de que es bueno, por lo menos por lo que hace al reconocimiento, más que al conocimiento, del arte. En todo caso, al comparar la pintura con otras expresiones, y si me concentro en el retrato, los niveles de mis reflexiones se amplían. Si pienso en la pintura y la fotografía como medios para retratar a un personaje, me parece que, al cumplir su intención (retratar a alguien) se espera que queden en sí mismos, mientras que cuando es la expresión literaria la que retrata, a la vez que cumple la intención de retratar a un personaje, sin duda retrata al autor. No sé en dónde reside esto, si la elección del tema que ha de retratarse es, o puede ser, pura y consciente, o si, como dicen, por fuerza lleva gato encerrado. Como pintura, el retrato de Picasso de Gertrude Stein capta la esencia de Gertrude Stein o retrata a la vez a Picasso. Al principio de estas líneas dije que cada vez que hojeo el Pequeño museo se me ocurren cosas, y en estos momentos sólo estoy formulando algunas de ellas, sin otra pretensión que la de divagar.

He estado haciendo una serie de retratos fotográficos de un mismo personaje con diferentes sombreros propiamente dichos, o con tocados muy particulares, y no sé si al hacerlo lo estoy retratando a él o a mí; o a los dos. Me pregunto si la pintura y la fotografía tienen la potencialidad de encontrar y expresar estos otros niveles de los temas que recogen al grado que la tiene la literatura. Fotográficamente, me retraté retratándome contra la arena y titulé la sombra que resultó Autorretrato. ¿Es mi autorretrato? Sé que estoy en todo lo que escribo, incluso en lo que parece ser más objetivo que subjetivo.