Opinión
Ver día anteriorMartes 8 de septiembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Mexicanos a un extraño grito de guerra
E

n su Informe presidencial Felipe Calderón solicitó su inscripción en el programa Oportunidades. Todo lo que no fue ahora podría ser, luego de perder la correlación de fuerzas y ser un presidente opositor.

Nunca fue fuerte, es cierto, y la siniestra que dijo ser la izquierda jamás entendió que estaba ante la oportunidad de lograr cambios favorables para las mayorías; hoy propone un acuerdo tardío.

La siniestra y sus intelectuales no entendieron que era el momento del cambio, no de la resistencia; sólo resistir abrió el camino al viejo régimen. En tres años, la siniestra, al igual que Atila, cada caso que tomó, lo destruyó y se desprestigió, sea la defensa del petróleo, la preparación y unificación de fuerzas propias, la democratización de las instituciones. No defendieron nada con eficacia, no obstante la debilidad de los otros. Durante la llamada guerra de Calderón prefirieron el gueto cómodo antes que salir a luchar en descampado con la fuerza de las ideas propias, del ánimo popular que fue menguando, hasta convertirse en caricatura de intereses, como la que diseñaron en Iztapalapa, donde un ciudadano de base defiende su despensa de poder político, su porción de presupuesto, pues así educaron a sus lumpen dirigentes.

Trágico es que la siniestra del país aporte a la cultura política la juanización, la manipulación del voto en favor de las estructuras políticas, pues si en el caso de Iztapalapa se justificaron con la resolución del tribunal federal electoral, al cual todos recurrieron en su momento y reconocieron como árbitro, en el caso de la Cámara de Diputados las juanitas surgieron porque los hombres ya no ca-bían en los repartos de género. ¿Da orgullo ser esa vanguardia lumpen?

El problema es que todo eso sucede en una situación de guerra indefinida, pues Felipe Calderón no ha dicho si estamos al inicio, en medio o al final de la extraña guerra donde el enemigo se mata solo.

De los más de 14 mil muertos que van, la inmensa mayoría son ejecutados-detenidos, que generan una espiral de ilegalidad y violencia incontrolable, que según esta guerra extraña es de narcos contra narcos. ¿Cuántos han muerto en enfrentamientos directos con el Ejército Mexicano?

En esta extraña guerra que vivimos, el extraño enemigo se acaba solo y las armas nacionales sólo vigilan que lo haga. ¿Cómo es posible que en Ciudad Juárez, la ciudad más vigilada del país y con mayor presencia del Ejército, las bandas de sicarios se movilicen a plena luz del día y ejecuten a decenas? ¿Son las narcomantas una coartada que oculta la naturaleza de los enemigos en esta guerra?

En esta guerra la violencia del crimen empieza a inundar los espacios de la política. Poco a poco candidatos, legisladores, funcionarios, empiezan a llenar el espacio de la nota roja, al mismo tiempo que en los espacios de la clase política el desprestigio crece y muestra un grado alarmante de descomposición. La fuerza política del viejo régimen aparece como la única que garantiza la estabilidad y ha regresado ante la incapacidad de los que prometieron el cambio.

Bajo esta metralla, todos hacen lo que quieren en verdad: en el Distrito Federal la política recesiva beneficia al estado de México y favorece a Enrique Peña Nieto. No se está construyendo una disputa, sino una alianza basada en la recesión de la capital por el manejo de la influenza en mayo, la ley antitabaco impuesta de manera aislada, beneficiando a los del otro lado de la raya, y ahora privatizando el agua, como única salida a la falta de inversión desde el año 2000. ¿Es en verdad real la escasez, o es de nuevo la manipulación para que los capitalinos acepten una privatización en sus narices a nombre de la izquierda? ¿Habrá adelitas y adelitos por la defensa del agua?

Y mientras se libran las batallas de esta extraña guerra, las fuerzas políticas y los grupos empiezan a cavar sus verdaderas alianzas con la pala del pragmatismo. Todo indica que para 2012 la siniestra logrará su objetivo y perderá el gobierno de la capital: Iztapalapa es la punta de lanza, y por ello Juanito tiene aliados por todas partes, pues la siniestra que lo construyó dejó como botín 3 mil millones de pesos anuales al enemigo. El alineamiento de fuerzas a favor del PRI es frente a las narices de todos.

En este insólito grito de guerra, Felipe Calderón no parece ser el comandante del Ejército, sino del paramilitarismo que dice ganar frente al crimen organizado, que se mata solo. De Estados Unidos empiezan a fluir los fondos del Plan Mérida por encima de la sospecha de una violación masiva y profunda de los derechos humanos, acompañado del silencio de las comisiones legislativas que ni siquiera se asoman al tema, avalando en los hechos la versión de Felipe Calderón.

En verdad, éste es un extraño enemigo, que se mata solo y ha creado el monstruo del paramilitarismo que ya forma parte de una salida autoritaria al fracaso del cambio y la restauración del viejo régimen.