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La tierra baldía, de TS Eliot, nos obligó a pensar en otras mitologías poéticas: Hernán Bravo Varela

El poeta hizo una nueva traducción del texto del autor estadunidense, publicado por el FCE

 
Periódico La Jornada
Lunes 6 de marzo de 2023, p. 8

El poeta estadunidense TS Eliot aparece como aterradoramente consciente de lo cíclico de actitudes y condiciones humanas; hace un siglo escribió La tierra baldía, poema épico, roto, pero que busca restablecer una dimensión mítica del mundo, y nos obligó a pensar en otro tipo de mitologías poéticas, sostuvo Hernán Bravo Varela, autor de una nueva versión del texto, editado por el Fondo de Cultura Económica (FCE).

El también poeta dijo a La Jornada que a un siglo de haberse publicado podemos seguir caracterizando el mundo con él y entendiendo cómo nos desvinculamos de los mitos, nos convertimos en semidioses y luego en mortales, e ir viendo el proceso de esa degeneración.

Eliot exhibió “con toda lucidez el enorme sentido de la vacuidad que encierra el ejercicio de la palabra. Sigue siendo el poema capital del siglo XX y uno de los poemas troncales de la poesía joven de nuestro tiempo. Desde el momento en que salió, La tierra baldía es sinónimo de una lectura hecha para influir a los jóvenes. Todavía tiene secretos y estrategias que seguimos revelando”.

Añadió: Estamos en un mundo de estampidas, de eternos desplazados por la guerra, el hambre, la enfermedad, el cambio climático, y este es un poema de profundo desarraigo en el que los personajes están donde tienen que estar y no pueden hacer nada para cambiarlo.

Bravo Varela (CDMX, 1979) refirió que se trata de un texto “escrito en estado de shock, en plena posguerra. La generación perdida nació ahí, en el deshielo que hubo para Europa desde principios de los años 20 de la centuria pasada”.

El editor explicó que las “obsesiones y circunstancias que parecieron dar el impulso definitivo a la escritura de este poema son las mismas que animan y desaniman a los seres humanos de nuestro siglo XXI.

“Cada canto del poemario es una demostración del fracaso. No puede haber un solo personaje o motor, no puede haber una voz sola. Son todas las voces hablando en el mundo al mismo tiempo, vivos y muertos, personajes de la alta y la baja cultura, con un lenguaje roto, mancillado, herido de muerte probablemente.

Los eternos retornos son una de las obsesiones de fondo de prácticamente cualquier gran aventura poética. Son maneras en que el mito nos permite interpretar lo eterno de nuestra naturaleza: la repetición y las vueltas incesantes a las obsesiones humanas de siempre, trágicas y fársicas al mismo tiempo.

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▲ Para el entrevistado, a un siglo de haberse publicado el poema de Eliot podemos seguir caracterizando el mundo con él.Foto Roberto García Ortiz

En torno a su trabajo de traducción, Bravo Varela destacó la idea de Walter Benjamin en torno a que “la obra original está estacionada en el tiempo en el que fue creada, en una lengua detenida, pero traducciones le permiten perdurar al actualizarla.

Me gusta pensar que Eliot es un autor que podemos leer en el siglo XXI en nuestra lengua gracias a esta y a otras muchas traducciones que valen la pena leer y, al mismo tiempo, pensar en la sobrevida que van a tener en otras lenguas y siglos posteriores autores de la nuestra, como Cervantes y Alejandra Pizarnik.

Sintetizó: La traducción permite el único estado de contemporización verdadero que puede sufrir la lengua de un poema, entre otras cosas, porque no es la misma de la que hablamos, hay que reconstruir toda una posibilidad de ese código, y lo hacemos con los medios con los que disponemos los traductores: nuestro aquí y ahora. Las traducciones dan vitalidad, sea al esloveno, al rarámuri, al maya, a la lengua que sea. Es una actualización constante que me emociona y estimula.

Bravo Varela expuso que concordó con Pablo Ingberg, quien se encargó de una versión de La tierra baldía para el sello argentino El Cuenco de Plata, en la molestia que producían las traducciones tan sordas que “desvirtúan el proceso y el proyecto original de Eliot.

“En el poema se dan muy bien la mano el verso libre y el medido; un impulso más prosaico con uno más lírico, pero en la uniformidad de una traducción en puro verso libre parece que el poema es más moderno. Pablo y yo tuvimos la intención de ofrecer una donde Eliot rimara y cantara del modo tradicional; mostrar que en el poema hay zonas de puro y duro canto donde no hay temor a la rima.

“Si el lector no conoce el poema original, puede tener la impresión equívoca de que estaba escrito con particularidades que hoy asumimos naturalmente: el verso libre y la ausencia de rima. En realidad el poema exhibe en su original las tensiones y luchas que crearon al autor Eliot: su conflicto eterno entre vanguardia y tradición, entre canon y andanza ad libitum por el mundo.”