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En pleno siglo XXI, la civilización maya aún tiene mucho qué enseñarnos: Diego Prieto

El director del INAH se complace de ser parte del proyecto de inversión y desarrollo en el sureste del país

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Sala de Arqueología del Museo Nacional, ca. 1904, inv. 122644, Sinafo, Secretaría de Cultura-INAH.Foto Winfield Scott
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Trabajos de excavación en la zona arqueológica de Teotihuacan, ca. 1910, inv. 358803, Sinafo, Secretaría de Cultura-INAH.Foto autor anónimo
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Justo Sierra, Leopoldo Batres, Eduardo Seler, Franz Boas y otras personalidades en la visita a Teotihuacan con los asistentes al Congreso de Americanistas, 10 de septiembre de 1910, inv. 430657, Sinafo, Secretaría de Cultura-INAH.Foto autor anónimo
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Roberto Gallegos y Román Piña Chan junto al altar 6 en La Venta, Tabasco, 1959, inv. 608320, Sinafo, Secretaría de Cultura-INAH.Foto autor anónimo
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Román Piña Chan junto a figura antropomorfa en el Altar 5 de La Venta, ca. 1958, inv. 428039, Sinafo, Secretaría de Cultura-INAH.Foto autor anónimo
 
Periódico La Jornada
Miércoles 1º de febrero de 2023, p. 4

A sus 84 años, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se encuentra más fuerte que nunca para cumplir con uno de sus grandes desafíos: realizar el mayor salvamento arqueológico en el sureste del país por la construcción del Tren Maya, dijo el director del instituto, Diego Prieto Hernández, en charla con La Jornada.

En vísperas del aniversario de dicho organismo fundamental para la preservación de nuestro patrimonio cultural, que se cumple este viernes 3 de febrero, el funcionario reconoció que hay otros retos importantes, como “basificar al personal contratado de manera eventual, recuperar la capacidad de ingresos autogenerados, así como dar voz a nuestros pueblos y culturas originarias.

No quiero decir que no haya habido otros proyectos relevantes, como la construcción del Metro en la capital mexicana, matizó el antropólogo. Sin embargo, “ahora contamos con más herramientas metodológicas para realizar un salvamento arqueológico tan complejo y, por supuesto, con la consideración del gobierno, de las instituciones y de los constructores de este sistema ferroviario.

Nos complace mucho formar parte de este proyecto de inversión y desarrollo en una región que habitualmente se había dejado de lado. Como lo dijo el propio gobernador de Yucatán, Mauricio Vila Dosal, se invertía mucho en el desarrollo de la región norte y centro del país, pero el sur, sureste y la península se descuidaron absolutamente. Sólo había un enclave de desarrollo muy fragmentario y muy excluyente que era Cancún.

Al frente del INAH desde 2016, Diego Prieto asegura que gracias al magno proyecto del Tren Maya, en pleno siglo XXI podemos percatarnos de cómo las civilizaciones que florecieron en nuestro territorio todavía tienen mucho qué enseñarnos en términos no sólo de recuperación de la memoria, sino también de comprensión de un devenir que se hace presente en las comunidades y pueblos mayas del México contemporáneo.

“Además, junto con las zonas arqueológicas abiertas al público, los visitantes pueden apreciar más a fondo la riqueza cultural de las comunidades, así como de su entorno.

“Acompañamos los procesos de transformación que se viven en México, los cuales van encaminados hacia una sociedad más justa, democrática, plural, incluyente, orgullosa de su diversidad lingüística, étnica, cultural, social y regional.

El presidente Andrés Manuel López Obrador siempre ha recalcado que no basta con crear sistemas de movilidad, de pasajeros, de población local, de turistas y de carga, sino también es importante que los destinos que van a traer a los viajeros sean mejorados, acondicionados y se adecuen para el crecimiento del público visitante. De manera que es un gran desafío, pero al mismo tiempo, creo que tenemos el respaldo y las herramientas para acometerlo con éxito.

Ley Orgánica

Para Prieto Hernández, el instituto a su cargo ha tenido varias etapas de fortalecimiento. Sin embargo, una de las más relevantes es la que ocurrió en 2021 con la denominada Ley Orgánica del INAH (que data de 1938 y que tuvo reformas en 1985), que ya cuenta con un reglamento para formalizar su estructura orgánica, así como para refrendar las cuatro funciones sustantivas de la institución: la investigación, la conservación, la difusión y la docencia.

También se aseguró la prevalencia de organismos en todas las entidades federativas para que continúen con sus tareas de protección, investigación, conservación y difusión del patrimonio arqueológico, antropológico, histórico y paleontológico de México. Dichas instancias son conocidas como Centros INAH, puntualiza el investigador, quien reconoce que en 84 años el instituto ha sufrido varios reveses.

“No estamos exentos de problemas, de rezagos e incluso de desencuentros por parte de la comunidad institucional, debido a los gobiernos que no se hicieron cargo del cuidado de las tareas indispensables y, particularmente, de darle voz a nuestros pueblos y culturas originarias, a las clases subalternas de la sociedad, tema que el INAH siempre ha defendido.

Incluso, hubo funcionarios que quisieron desincorporar las tres escuelas del INAH: de Antropología e Historia, la Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, y la de Antropología e Historia del Norte de México (Chihuahua) por considerarlas un estorbo.

Estos centros educativos cuentan con siete programas a nivel licenciatura en las disciplinas de antropología física, antropología social, arqueología, etnohistoria, etnología, historia y lingüística, así como cinco posgrados en antropología física, antropología social, arqueología, historia/etnohistoria y lingüística, según se informa en el sitio web http://mediateca.inah.gob.mx

Otras dificultades a las que se ha enfrentado el INAH en 84 años es la abundante cantidad de trabajadores eventuales que laboran en el instituto, así como a la falta de presupuesto anual para realizar sus labores. Según datos del proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, el organismo recibió este año 4 mil 739 millones 228 mil 697 pesos.

“El camino del fortalecimiento implica, entre otras cosas, formalizar en su totalidad, desde el punto de vista presupuestal, nuestras condiciones generales de trabajo, así como todas las prestaciones que se han ido obteniendo y negociando desde 1980.

“Queremos formalizar la evidente acumulación de contratos irregulares que se hicieron en las décadas anteriores, así como administrar el presupuesto del instituto y recuperar la capacidad de ingresos autogenerados, con el fin de fortalecer una política de investigación colectiva.

En conclusión, tenemos INAH para rato; ésta no es una institución que se basta a sí misma, es de servicio, y sólo tiene sentido cuando se incorpora a las comunidades, a la sociedad local, a las entidades federativas y a las instituciones (todas) en la conciencia de la conservación, el cuidado, la valoración y el reconocimiento de nuestro inmenso patrimonio y nuestra valiosa y siempre profunda diversidad cultural de México, concluye el funcionario.