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Centenario de Luis Villoro
La identidad múltiple, obra póstuma del filósofo, será presentada al cumplirse un siglo de su natalicio

Este jueves se rendirá homenaje al pensador en El Colegio Nacional // Mi padre sigue interpelando la realidad; nos sigue inquietando con sus preguntas, compartió el escritor Juan Villoro en entrevista

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▲ Luis Villoro en entrevista con La Jornada, a propósito de su libro Los retos de la sociedad por venir, publicado por el Fondo de Cultura Económica, en 2007.Foto José Antonio López
 
Periódico La Jornada
Martes 1º de noviembre de 2022, p. 4

Este jueves 3 de noviembre amigos, discípulos, familiares, colegas y admiradores de la obra del filósofo Luis Villoro (1922-2014) celebrarán el centenario del natalicio de quien dedicó su vida entera al ejercicio de la inteligencia.

El homenaje, que tendrá como sede El Colegio Nacional, convocará a reflexionar acerca de la obra del autor y los temas sociales de la actualidad que hacen eco en sus ideas: la reforma política, el zapatismo, el compromiso social, la religión y el feminismo, entre otros.

Como parte central del festejo se presentará el libro póstumo La identidad múltiple, recuperado de su archivo personal por su hijo Juan y que confirmará que la palabra y el pensamiento del maestro siguen muy vigentes, así como los recuerdos que las personas tienen de él.

Me parece notable que mi padre sigue interpelando la realidad, nos sigue inquietando con sus preguntas. Finalmente, un filósofo no da todas las respuestas, sino que plantea nuevas preguntas. Desde su fallecimiento, hace ocho años, mi padre ha estado, y está, más vivo que nunca, porque me he encontrado una multitud de personas que recuerda anécdotas compartidas con él y he leído textos de quienes lo evocan o lo citan, dijo el escritor Juan Villoro en entrevista con La Jornada.

Agregó que don Luis “siempre estuvo muy cerca de las luchas de la izquierda. Participó en la reforma política que incentivó Jesús Reyes Heroles, con una postura muy crítica. Sus planteamientos se mantienen muy válidos hoy día, por ejemplo, lo que él veía como los nuevos vicios de la democracia mexicana han demostrado que ha sido una democracia que ha favorecido a los partidos, pero no a los ciudadanos, pues es una democracia meramente representativa y no directa.

“Aún así, él luchó por construir partidos políticos diferentes. Estuvo en la creación del Partido Mexicano de los Trabajadores, fue muy próximo a Heberto Castillo y Demetrio Vallejo, líderes de ese partido, buscando una vía democrática, autocrítica y profundamente mexicana hacia la transformación de la realidad.

En el 68 estuvo involucrado en la coalición de maestros, impugnando a un sistema autoritario. Posteriormente, estuvo muy cerca de Andrés Manuel López Obrador en la campaña de 2006; fue uno de sus asesores fundamentales, aunque se quejaba de que no lo escuchaba mucho, y no era él único que se quejaba de esto, pero vio con buenos ojos la creación de un movimiento de izquierda institucional que pudiera transformar la realidad.

Luis Villoro, continuó Juan, concibió la filosofía “como un discurso liberador, como una oportunidad del pensamiento para encontrar nuevos cauces para cambiar la realidad. En sus orígenes, la filosofía tuvo un cometido muy útil; si vemos los diálogos de Platón se trata de recetas para mejorar la vida. Poco a poco la filosofía se fue convirtiendo en un área técnica, especulativa, y mi padre se rebeló contra esta condición abstracta del pensamiento, le parecía que necesariamente la filosofía debía formar parte de un discurso liberador y, sobre todo, se oponía a la filosofía cuando ella misma se convertía en un discurso hegemónico, dominante, porque puede suceder que las ideas liberadoras del pasado se conviertan en los dogmas del presente, y que entonces la filosofía se parezca mucho a la religión en la medida en que se acaten sus argumentos sin cuestionarlos, sin ponerlos en duda. Sin esos filtros, la filosofía se puede convertir en ideología, es decir, en argumentación dominante e incluso represiva.

Ahí es donde él orientó el tipo de filosofía que quería hacer, una que fuera siempre capaz de subvertir el momento presente, de plantear alternativas futuras y de transformar la realidad.

En busca del sentido de la vida

Juan recordó que originalmente su padre quería estudiar biología porque le interesaba mucho el origen de la vida; “tuvo una educación muy marcada por la religión, porque creció en internados de jesuitas en Bélgica. Nació en Barcelona, pero su padre murió cuando él era un pequeño de nueve años. Su madre mandó a los hijos a internados de jesuitas, de modo que tuvo una educación muy marcada por la religión, pero también por esa pedagogía jesuítica, que ha sido muy útil para formar rebeldes. Recordemos que Simón Bolívar, Fidel Castro, James Joyce o el subcomandante Marcos fueron alumnos de jesuitas.

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▲ Luis Villoro durante la presentación de su libro La significación del silencio en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en 2008.Foto La Jornada Jalisco

“Esa educación llevó a mi padre a pensar que el gran enigma de la existencia era el origen de los seres vivos. Regresó a México porque comenzaba la Segunda Guerra Mundial y ya no pudo seguir estudiando en Bélgica. Se inscribió en la Facultad de Medicina, porque la biología entonces no era una carrera de licenciatura, sino una especialidad de medicina, la cual estudió varios años en la antigua facultad donde fuera el Palacio de la Inquisición y que ahora es un museo de la UNAM en la Plaza de Santo Domingo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Sin embargo, estudiando medicina, mediante distintas lecturas se dio cuenta de que lo que le interesaba más no era el origen físico y biológico de la vida, sino el sentido de la vida, lo cual era una pregunta más filosófica que biológica, por tanto decidió cambiar y se inscribió en la carrera de filosofía, donde encontró a un maestro maravilloso: José Gaos, refugiado español que se convirtió en su principal mentor.

El escritor reconoció que para Luis Villoro “fue muy difícil aceptar la nacionalidad mexicana. Alguna vez me dijo, en un momento confesional: ‘No sabes el trabajo que nos ha dado ser mexicanos’. Me quedé sorprendido, porque para mí no había otra alternativa que serlo, no se trataba de un trabajo, sino de una condición natural. Pero él asumió la nacionalidad voluntariamente, porque había nacido en Barcelona, creció en Bélgica y llegó a México; su madre era de San Luis Potosí, pero no tenía mucho contacto con esa familia, y al llegar aquí encontró un país profundamente desigual, lastimado por la corrupción, con discriminaciones muy fuertes.

“Sobre todo, se escandalizó de su propio entorno, porque pertenecía a una familia que producía mezcal, dueña de haciendas en San Luis Potosí, y le pareció terrible ser parte de una clase dominante en un país tan injusto y desigual.

“Entonces, buscó una manera de reconciliarse con México, de entenderlo de otra forma, y se remontó al pasado, específicamente a gente como él que había llegado de España y que había tratado de ver la riqueza del mundo prehispánico. Es decir, comenzó a estudiar a los primeros antropólogos del Nuevo Mundo, a los misioneros ilustrados, y, a través de fray Bartolomé de las Casas, Francisco Clavijero o fray Bernardino de Sahagún, empezó a entender el esplendor de un mundo anterior.

“Su primer libro, Los grandes momentos del indigenismo en México, es sobre los intérpretes de ese pasado, que fueron críticos respecto de su tiempo, porque se oponían a los abusos de la Conquista, a la encomienda, a la discriminación que consideraba a los pueblos originarios seres inferiores. Admirando ese trabajo intelectual, escribió ese libro.

“Cuando él se refiere al indigenismo no se refiere a los indígenas, sino a los primeros cronistas de Indias, los antropólogos accidentales que fueron los frailes ilustrados. Mucho tiempo después, la realidad concedió a mi padre la oportunidad de convertirse también él en un intérprete directo de los pueblos indígenas cuando a partir del levantamiento zapatista de 1994 se vinculó con diversas comunidades y empezó a tener un trato directo con estos grupos sociales, y fue decisivo en ciertos planteamientos de autonomías indígenas.

De modo que comenzó estudiando a Tata Vasco, a De Las Casas, a fray Bernardino y acabó siendo una versión moderna, o posmoderna, de estos intérpretes ilustrados, lo cual me parece un cierre de vida extraordinario, concluyó el escritor.

El 3 y 4 de noviembre se realizará en El Colegio Nacional el homenaje por el centenario del natalicio del filósofo Luis Villoro, quien fue miembro distinguido de esa institución (se transmitirá en https://colnal.mx/agenda/homenaje-a-luis-villoro/). En el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, la efeméride se celebrará con un coloquio los días 7, 8 y 9 (detalles en: https://www.filosoficas.unam.mx/sitio/luis-villoro-100-anios#.)