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Crisis del neoliberalismo y la ultraderecha
L

os flujos migratorios que hemos considerado como forzados, es decir, personas que se movilizan por necesidad, de acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), alcanzaron 79.5 millones de personas en 2019.

Pero el número total de migrantes fue de 272 millones, 51 millones más que en 2010, 3.5 por ciento de la población mundial en comparación con 2.8 por ciento en 2000 y 2.3 por ciento en 1980. Pero es necesario reflexionar en el sentido de que casi dos tercios son migrantes laborales, según la misma fuente, lo que indicaría que el modelo económico, generalizado a lo largo y ancho del planeta por más de 40 años ha sido causa para migrar.

El modelo neoliberal está en crisis, y al sentirse amenazado pone en marcha todas las herramientas a su alcance para evitar un posible cambio. Esto explica la oleada de estrategias de ultraderecha que utiliza la desinformación como mecanismo de inestabilidad política y está obteniendo éxitos electorales en países del norte global.

Entre los nuevos avances llama la atención lo alcanzado en Suecia por parte del partido ultraconservador Demócratas Suecos, los que por primera vez podrían formar gobierno si logran afianzar alianzas con otros grupos de derecha, y la lista sigue creciendo, en Italia y Reino Unido. Lo muy preocupante es que todos ellos utilizan como factor aglutinante de fuerzas políticas el cierre de fronteras marcado por un claro ideario racista y xenófobo.

Sin embargo, en la región latinoamericana se abre una ventana al cambio. Gobiernos que buscan enfrentar las terribles agresiones del modelo neoliberal a partir de políticas nacionales de bienestar, lo que la Comisión Económica para América Latina y Caribe (Cepal) ha caracterizado como la estructura subyacente de la cultura del privilegio que ha provocado una enorme concentración del ingreso, desigualdad, pobreza y marginalidad, causas estructurales del subdesarrollo y de los enormes flujos migratorios.

Pero es muy preocupante que también en la región se expande la ultraderecha, el neofascismo. Eventos muy graves como el intento de asesinato vivido por la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner; el golpe de estado en Bolivia que derrocó a Evo Morales; la amenaza a México de aplicar aranceles si no cambiaba su política migratoria; la aparición del partido Vox con su Carta de Madrid, y en los últimos días la realización del Congreso Mundial de las Familias; las sanciones impuestas por Washington contra Venezuela que han favorecido los grandes flujos migratorios; 60 años de bloqueo a Cuba, que le ha costado a la isla miles de millones de dólares y provocado escasez de alimentos, medicinas, y Washington sigue desdeñando el llamado de la Asamblea General de la ONU para que levante el embargo comercial.

Cuando reflexionamos en la historia, es inevitable recordar los terribles embates sufridos cuando teóricos latinoamericanos de las décadas de 1950, 1960, 1970, propusieron cambiar el rumbo de la región desde una perspectiva latinoamericana, enfoques diversos en la búsqueda de superar el subdesarrollo, la dependencia, la subordinación de los países de la región. Se debatieron modelos de desarrollo que apuntaban a cerrar las graves asimetrías con el exterior. Lograron crear un ambiente de reflexión destacando la importancia de la relación entre universidad y el desarrollo, participando estudiantes, profesores, la sociedad. Esa extraordinaria efervescencia de cambio puso en alerta a las fuerzas regresivas que ejercieron todo su poder para acallar a esa pléyade de pensadores en la búsqueda de un mundo más justo. El costo fue altísimo, los horrores de las sangrientas dictaduras, desapariciones, torturas, muerte y el exilio.

Se viven momentos decisivos en América Latina, sería un enorme retroceso perder esta oportunidad de cambio. Ojalá que los organismos regionales trabajen conjuntamente apuntando hacia la integración de la región.