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Quinto centenario del Nuevo Testamento de Martín Lutero
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on Lutero, Wittenberg se convirtió en el principal centro impresor de Alemania. La pequeña ciudad tenía en los inicios del siglo XVI una población de 2 mil habitantes. Carecía de prestigio académico porque su universidad tenía pocos años de vida (la fundó Federico El Sabio en 1502) al tiempo de la irrupción de Lutero contra la venta de indulgencias en octubre de 1517. El impacto editorial de Lutero y sus proposiciones teológicas, crecientemente contrarias a la Iglesia católica romana, atrajeron estudiantes de toda Europa y Wittenberg se transformó en un centro difusor de ideas que sacudieron todo el Viejo Mundo.

La primera edición del Nuevo Testamento traducido del griego al alemán por Lutero salió de la imprenta en septiembre de 1522, con un tiraje de 3 mil ejemplares que se agotaron en pocas semanas. La segunda edición, en la cual el traductor introdujo considerables correcciones, fue publicada en diciembre e igualmente la gran demanda hizo que las prensas de Wittenberg fueran insuficientes para satisfacer a quienes deseaban adquirir una copia, lo que resultó en impresiones piratas producidas en distintas ciudades alemanas.

Desde fines de 1517 Lutero se perfiló como el escritor más conocido de Europa, de tal manera que para septiembre de 1522, al publicar la traducción del Nuevo Testamento, ya era un autor plenamente consolidado y seguido por más público que ningún otro. Para valorar el lugar que tuvo en el mercado editorial de la época es necesario tener en cuenta que más de la tercera parte de los libros comercializados en Alemania entre 1518 y 1525 fueron escritos por el ex monje agustino. Teófanes Egido menciona que el opúsculo Sobre las indulgencias y la gracia (1518), en el que defendió Las 95 tesis de las críticas de sus adversarios, consiguió 22 reimpresiones en dos años. Fue tal la demanda del Discurso a la nobleza de la nación alemana (1520) que los ejemplares se agotaron en una semana. Otro escrito de 1520, La libertad del cristiano, alcanzó 18 ediciones en cinco años.

Del cañonazo editorial representado por Lutero dan cuenta dos testimonios de quienes buscaban hacerse de sus obras. En 1519 un amigo de Agripa von Nettesheim (filósofo alemán) le escribió desde Basilea para hacer de su conocimiento que, tras haber buscado por toda la ciudad impresos de Lutero, los mismos no estaban disponibles en ningún lado, porque todos habían sido vendidos. Spalatino, consejero de Federico El Sabio y quien le recomendó proteger al rebelde, informaba que en la Feria del Libro de Fráncfort de 1520 nada era comprado con más frecuencia y leído con mayor apetito que las obras de Lutero.

La traducción neotestamentaria de Lutero significó poner en manos de potenciales lectores un recurso imprescindible para que conociesen por sí mismos en qué consistía el cristianismo. Un efecto no buscado por el traductor se manifestó en el ámbito cultural, ya que dio una expresión literaria al idioma alemán que no había tenido hasta entonces. Bien lo expresa Lyndal Roper: En menos de 11 semanas, tradujo todo el Nuevo Testamento del griego original, no de la Vulgata, la traducción latina que había dominado la Iglesia hasta entonces. Fue la obra de un genio. El Nuevo Testamento de Lutero remodeló el idioma alemán, ya que el alemán de Lutero se volvió dominante, unificando lo que había sido una amplia gama de dialectos locales (Martin Luther, Renegade and Prophet, Random House, 2016, pp. 195 y 196).

Si la traducción de Lutero fue ampliamente leída y funcionó como detonante para que otros trasladaran a distintas lenguas europeas los documentos griegos del Nuevo Testamento, en contraparte su trabajo fue criticado con dureza y él acusado de distorsionar y acomodar a sus intereses las enseñanzas del Evangelio. Hace notar Herón Pérez Martínez, en la introducción a la Misiva de Martín Lutero sobre el arte de traducir (septiembre de 1530), cómo el duque Jorge de Sajonia (1471-1539) “no bien salió a la luz pública la traducción del Nuevo Testamento al alemán hecha por Lutero […] se apresuró a prohibir en sus dominios, mediante decreto fechado en 1522, su compra o venta” (http://www.revistarelaciones.com/index.php/relaciones/article/view/120/149).

Las premisas que Lutero expuso en la carta sobre su traducción como necesarias para realizar un buen trabajo conforman, afirma Pérez Martínez uno de los documentos más importantes para la historia occidental de la teoría de la traducción, y al defender que para traducir, no basta saber bien ambas lenguas implicadas en el proceso, hay que conocer el tema o asunto que trata el texto, estaba sentando escuela en las características deseables en un buen traductor”.

Al cumplir él mismo con el perfil que describió, es que su traducción de la Biblia pudo ser comprendida por un público amplio. La lengua de origen y la de destino tienen que conjuntarse para producir un texto fiel a la primera y pertinente a la segunda.