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75 festival de Cannes
La competencia, de oídas
Y

a en su tercer día, la competencia ha demostrado tener un buen nivel de calidad, según he podido leer en las críticas de colegas extranjeros. Lo cual me mata de la envidia y la frustración. Quizá la única película que no ha salido bien librada en los comentarios ha sido Zhena tchaikovskogo ( La esposa de Tchaikovski), del ruso Kirill Serebrennikov, un cineasta conocido en México porque se han exhibido allá sus anteriores El discípulo (2016), Leto (2018) y La fiebre de Petrov (2021).

Debo decir, ninguna de ellas me ha persuadido positivamente y la tercera, en especial, que formó parte de la última Muestra de la Cineteca, me pareció una pesadilla, una recreación demasiado convincente de un estado gripal. Los críticos han señalado que su nueva realización resulta similarmente pesada en su tratamiento del fracasado matrimonio del compositor ruso titular cuya condición gay, oculta en un clóset profundo, le impidió satisfacer a su mujer, Antonina Miliukova. Y algunos de ellos la han comparado desfavorablemente con La otra cara del amor (1971), la inspirada versión que hizo el británico Ken Russell sobre el mismo tema.

A Serebrennikov, quien se define como un ruso disidente, se le preguntó en conferencia de prensa sobre la manifestación de cineastas ucranios que protestaron por la inclusión de su película en la competencia. El cineasta expresó estar en contra de los boicots culturales y hasta defendió a uno de sus productores, el oligarca Roman Abramovich.

Hasta ahora, la película mejor recibida por la prensa ha sido Armageddon Time, del estadunidense James Gray, un recuento de tintes autobiográficos sobre su juventud en Queens. Esta historia de coming-of-age, tema que se ha vuelto muy común, se desarrolla en la época Reagan, en 1980, y es el relato más personal que Gray ha abordado a la fecha. (El cineasta es un favorito de la Croisette. Ésta es su quinta participación en la competencia).

Para el crítico David Rooney, del Hollywood Reporter, es claramente una labor de gran amor, autenticidad emocional y gratitud, cualidades que inspiran vitalidad en cada cuadro de pantalla ancha del cinefotógrafo Darius Khondji, con su textura granulosa y colores deslavados. Muchos elogios también se han dirigido a las actuaciones de Anthony Hopkins, Anne Hathaway y Jeremy Strong, en los papeles del abuelo y los padres del protagonista, respectivamente.

Quien ha hecho un regreso inopinado al festival es el polaco Jerzy Skolimowski, veterano de la Nueva Ola europea de los sesenta, quien a sus 84 años ha hecho en EO una recuperación temática del clásico de Robert Bresson, Al azar, Baltazar (1966). Como en aquél, el protagonista es un burro –sí, el animal de carga– cuya perspectiva, por medio de sus diferentes dueños, ilumina los altibajos de la naturaleza humana. Pero, a decir de los colegas, la estrategia formal de Skolimowski es diametralmente opuesta a la austeridad bressoniana. Según el británico Jonathan Romney, de Screen: “Con una carga emocional potente, una conciencia ecológica muy contemporánea y un desempeño cinematográfico que chispea en su extrañeza, EO es una película de animales que se para retadoramente en sus propias patas.” Por cierto, Skolimowski no estuvo presente en la función de gala y el público le aplaudió a una foto suya.

Twitter: @walyder