"La Jornada del Campo"
Número 172 Suplemento Informativo de La Jornada Directora General: Carmen Lira Saade Director Fundador: Carlos Payán Velver
#HastaEncontrarles
 Archivo Enamórate de AnaArchivo Enamórate de Ana

Frutos de la tierra para un mundo de desapariciones

Sandra Odeth Gerardo Pérez GIASF

En República de Cuba 34, en un local que huele a café, está el rincón de Enamórate de Ana. Los jarrones llenos de semillas, mieles y frutos secos enmarcan una bolsa con un mensaje “¿Me has visto? Soy Oscar Antonio López Enamorado. Hondureño desaparecido el 20 de enero de 2010 en Jalisco. Mírate en mí.” La impulsora del proyecto es la madre de Oscar, Ana Enamorado, quien además de ser una de las miles de mujeres que buscan a un ser querido desaparecido en México, es ya un referente de la búsqueda transnacional y de la defensa de los derechos de las personas migrantes.

A unos pocos kilómetros, en la colonia San Rafael, CDMX, cada víspera del día 26 de mes se dan cita los padres y madres de los 43 normalistas que fueron desaparecidos en Iguala, Guerrero en 2014. Clemente Rodríguez, papá de Cristian Alfonso Rodríguez Telumbre carga en su maleta la ropa y los documentos necesarios para continuar buscando a su hijo y a sus 42 compañeros. Desde 2015 lleva además, artesanías de palma y mezcales fabricados en tierras guerrerenses.

Las botellas de mezcal de Tepozcuautla, Tetitlán y Ahuehueyuco adornadas con motivos que hacen referencia a la fiesta guerrerense de La Tigrada, enmarcan también la pregunta “¿Dónde están?”

Al igual que un incalculable número de familias en México, Ana Enamorado y Clemente Rodríguez vieron trastocadas sus vidas cuando sus hijos fueron desaparecidos. Uno de los impactos fue en su vida laboral.Al momento de la desaparición de sus hijos, ni Ana ni Clemente contaban con un “empleo formal”, pero ningunx de lxs dos era ajeno al trabajo. Sin embargo, cuando Oscar y Cristian fueron desaparecidos, encontrarlos se volvió prioridad. Para Clemente, la búsqueda de Cristian, un proceso que imaginó terminaría pronto, significó dejar el negocio de venta de agua de garrafón que tenía y renunciar a la cría de animales de corral.

Para Ana, la búsqueda de Oscar implicó dejar su Honduras natal, y con ella el negocio de venta de abarrotes que había emprendido. En aquel proyecto había encontrado la posibilidad de sostener económicamente a su familia y cuidar a su hijo, en uno de los países más letales para los jóvenes. Los años de trabajo que habían invertido para dar mejores oportunidades a sus hijos, desaparecieron junto con ellos.

El derecho al trabajo de las familias de víctimas no sólo es violentado con la pérdida del empleo al momento de la desaparición, sino también cuando no es garantizado por el Estado en durante la búsqueda. Las familias de desaparecidxs difícilmente encuentran trabajos que se amolden a las exigencias de los tiempos burocráticos de la búsqueda, o al impulso mismo de buscar con el propio andar a sus seres queridos. Ante ello, han desarrollado estrategias para continuar obteniendo ingresos que, sobre todo, ayuden a su búsqueda.

 Clemente RodríguezClemente Rodríguez

Clemente Rodríguez y Ana Enamorado optaron por la construcción de redes de comercio de productos de la tierra. Los mezcales y las artesanías de palma que Clemente lleva desde la sierra guerrerense a la ciudad de México, y que se comercian a través de una red de personas solidarias, son producidos por la familia de Cristian. Cada monedero, aretes y botella de mezcal es manufacturada cuidadosamente para ayudar directamente en la búsqueda. Con Enamórate de Ana, Ana ha generado una red de comercio justo con pequeños productores; las salsas, chocolates, aceites de oliva, mieles y amaranto provienen de manos campesinas de Oaxaca, Tabasco y Tulyehualco. Los productos se distribuyen por toda la Ciudad de México en bicimensajería o en la galería-café La Resistencia.

Ambos proyectos son una forma de hacer frente a la precariedad laboral de México, una apuesta de la clase trabajadora de la que provienen la mayoría de personas desaparecidas. Pero sobre todo, son una manera de sostener la vida digna en un mundo de desapariciones. Por si eso no fuera suficiente, a punta de mezcales y semillas, Clemente y Ana nos van convocando a la construcción de redes justas de producción campesina y de consumo consciente. Sus productos son, a la vez, un grito colectivo por la verdad y la justicia…y son memoria y motor de la búsqueda. Cada tigre en la botella de mezcal es “una representación que a mi hijo lo caracterizaba, cuando él participaba en el porrazo de tigres…es para que no se me olvide, es para que me de fuerza.” Y cada semilla es metáfora de la esperanza que Ana va sembrando en cada familia buscadora en México o Centroamérica; como las semillas mismas, su búsqueda traspasa fronteras. •