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Economía moral

Enfrentemos juntos el cambio climático. 3ª entrega // Para Naomi Klein todavía podemos salvar el planeta; se pregunta cómo hacer lo que hay que hacer

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espués del libro Esto lo cambia todo que comenté al iniciar esta serie el 01/10/21, Naomi Klein (NK) ha publicado dos libros sobre cambio climático (CC). En 2019, On Fire. The (Burning) Case for a Green New Deal ( En llamas. Un (enardecido) argumento en favor del Green New Deal) y en 2021, How to change everything ( Cómo cambiarlo todo). Hoy narraré ideas de ambos libros de NK, quien se ha convertido en líder mundial, junto con Greta Thunberg, de la lucha para obligar a los poderes estatales a declarar una emergencia climática, una crisis climática, que inicie una transformación sin precedente para desacelerar y, eventualmente, detener el aumento de la temperatura media del planeta, salvar la civilización y evitar la sexta extinción masiva. “En la historia de la Tierra se han documentado cinco extinciones masivas. La más reciente ocurrió hace 65 millones de años y acabó con el Parque Jurásico, con los dinosaurios, además de muchas otras especies. Las causas de las pasadas extinciones fueron cambios dramáticos en el clima debido a actividad geológica. Varios investigadores consideran que los impactos actuales de las actividades humanas nos están llevando a la sexta extinción masiva”. (Biodiversidad Mexicana, página web). Esta sería la primera extinción provocada por una especie, por lo cual a esta era se le llama Antropoceno, que sustituye al Holoceno que se inició después de la última glaciación. Quienes consideramos que el CC es producto de la modernización específicamente capitalista, usamos el término Capitaloceno en vez de Antropoceno. Estamos convencidos que sólo trascendiendo el capitalismo podremos detener el CC, por lo cual la lucha hoy (quizás la última de la vida humana tal como la conocemos) es por los dos grandes objetivos. NK expresa su postura al respecto en el libro de 2019:

“A quienes promovemos esta plataforma transformativa se nos ha acusado de usar la crisis climática para avanzar la agenda socialista o anticapitalista que precedió nuestra atención al CC. Mi respuesta es simple. Durante toda mi vida adulta he estado involucrada en movimientos de confrontación con la miríada de formas en que nuestro sistema económico actual pulveriza la vida de las personas y el medio ambiente en la búsqueda despiadada de ganancias… Como los impactos dolorosos, incluso letales, de estas prácticas eran imposibles de negar, se argumentaba que eran costos necesarios de un sistema que estaba creando tanta riqueza que los beneficios eventualmente se filtrarían hacia abajo y mejorarían la vida de casi todos. Lo que realmente ha ocurrido es que la indiferencia hacia la vida expresada en la explotación de trabajadores en las fábricas, y en el diezmar de montañas y ríos, se ha filtrado hacia arriba para tragarse todo nuestro planeta… Admito libremente que veo la crisis climática como algo inseparable de las más localizables crisis mercado-generadas que he narrado; lo que es diferente es la escala y alcance de la tragedia, con la casa única de la humanidad colgando de un hilo. Siempre he sentido la urgencia de cambiar a un modelo económico más humano. Pero hay ahora una diferencia de calidad en la urgencia, porque estamos vivos en el último momento en que cambiar rumbo puede todavía salvar vidas en una escala realmente inimaginable.” (pp. 32-33, edición en inglés).

El término Green New Deal (nuevo acuerdo verde) se inspira en el New Deal que el presidente de EU Franklin Roosevelt inició como reacción a la Gran Depresión de 1929, que incluyó programas gigantescos para generar empleo y reactivar la economía. Es el nombre más usado para la gran emergencia climática que habría que poner en marcha. Jeremy Rifkin, un autor que he comentado en esta columna muchas veces también ha publicado un libro con similar título, que comentaré en esta serie. Otro, nombre, propuesto originalmente en Naciones Unidas por la boliviana Angélica Navarro Llanos, es Plan Marshall para el planeta. Como dice NK, todos estos nombres, al asociarse a sus precedentes históricos, muy centrados en iniciativas gubernamentales de EU, tienen serias limitaciones. Sin embargo, añade que estos ejemplos contrastan con las tibias reacciones gubernamentales hasta ahora. “Durante dos décadas y media, dice, hemos visto la creación de mercados complejos de CO₂, impuestos pequeños y ocasionales al CO₂, el remplazo de un combustible fósil (carbón) con otro (gas); incentivos a los consumidores para comprar diferentes tipos de focos y aparatos domésticos energía-eficientes… Pero, sólo unos pocos países (más significativamente Alemania y China) han realizado inversiones suficientemente serias en el sector renovable para ver un despliegue de algo con la velocidad requerida”. En el capítulo 7 del libro de 2021 dice NK:

“Todos vamos a vivir con algunos efectos del CC. No podemos viajar hacia atrás en el tiempo y cambiar el pasado que nos trajo aquí, pero podemos cambiar el futuro… Incluso si todo el mundo dejara de añadir gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera mañana, las temperaturas seguirían avanzando lentamente y el clima seguiría cambiando por algún tiempo. La pregunta que todos enfrentamos es simple: ¿ Qué tanto cambiará y qué tan rápido? ¿Con qué tanto trastorno tendremos que vivir nosotros y las generaciones futuras? La respuesta depende de lo que hagamos ahora…Ya sabemos que tenemos que cambiarlo todo. ¿Pero cómo? Si el CO₂ es el que impulsa, más que cualquier otro GEI, ¿qué tal atacar el CO₂ directamente? Un enfoque se conoce como captura y almacenamiento de CO₂ (CAC). La idea es que si succionamos el CO₂ de la atmósfera o evitamos que llegue a ella, lo podemos guardar en algún lugar donde no cause daño. Se puede capturar el CO₂ en su fuente de origen (plantas que queman combustibles fósiles), antes de que se vaya a la atmósfera. O captúrarlo del aire directamente, lo que requiere ventiladores y filtros o dispositivos químicos. La 2ª parte es qué hacer con el CO₂ capturado. Una solución es enterrarlo, en grietas o espacios de minas o campos de petróleo que han quedado vacíos, o en rocas llenas de hoyos y con capas de otras rocas encima que impidan la fuga del CO₂, o en rocas que produzcan una reacción química que incorpora el CO₂ a la roca…La CAC tiene varios problemas (costo, seguridad), pero el mayor, dice NK, es ser parte del sistema que ha causado el problema: la industria de combustibles fósiles. Los traslados de CO₂ a los lugares donde pueden enterrarse generarían mayor demanda de energía. La CAC nos distraería de invertir en fuentes renovables de energía… y de la pregunta de cuánta energía usamos. Es decir, la CAC no va a la raíz de los problemas que es nuestra dependencia de combustibles fósiles y nuestra mentalidad que nos dice que podemos consumir los recursos terrícolas sin límites. Tenemos que cambiar nuestra conducta de manera que nadie vuelva a enfrentar la misma crisis en el futuro. La interferencia deliberada en los sistemas naturales se llama geoingeniería, lo que sugiere que la Tierra es una máquina con la que se puede jugar para obtener los resultados que queremos. Los geoingenieros buscan acciones de largo alcance para enfriar la Tierra. Además de fertilizar el océano, han generado ideas para disminuir el monto de luz solar que llega a la tierra, o copiar las erupciones volcánicas, produciendo gotas que actúan como espejos y reflejan la luz solar.

NK rechaza estas soluciones técnicas que no cambian el sistema fosilista y se concentra en las energías renovables, la absorción vegetal del CO₂ y la reducción del uso de energía.

www.julioboltvinik.org