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En Crónicas I, Bob Dylan narra parte del universo de Robert Allen Zimmerman
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▲ Bob Dylan con Crónicas I logra atrapar y fascinar a su audiencia con una autobiografía.Foto Ap
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 23 de mayo de 2021, p. 8

A lo largo de su carrera como músico, Bob Dylan se ha preocupado por dibujar una radiografía de Estados Unidos fijando cuidadosamente su atención en temas que no le son indiferentes: la guerra, la preocupación de los padres por los hijos, la justicia, la soledad. En Crónicas I (MalPaso, 2017), autobiografía –en formato de memorias–, Dylan nos lleva al Nueva York en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta.

Historia de su vida

Lou Levy, jefe de Leeds Music Publishing, me llevó en un taxi hasta Pythian Temple, comienza el narrador de Crónicas I. Es Robert Allen Zimmerman y, aunque se caracteriza por ser una figura que ha construido varios mitos alrededor de sí mismo, aquí nos está diciendo la verdad. Bob Dylan, como será llamado a partir de 1961, sintió el deseo de cantar. Él soñó. Viajó a la ciudad de Nueva York. Persiguió la sombra de su héroe, un viejo músico y cantautor folk estadunidense. Sintió la necesidad de descubrir algo que no existía aún. Y fue adoptado por un cazatalentos que tuvo grandes planes para él. Es el cantautor supremo, un artista con un pasado difuso, y su mayor acto es la historia que nos cuenta, la historia de su vida.

Bob Dylan siempre ha estado intrigado por los juegos, y el hecho de que aparezca este libro amparado en la sombra de la confesión parece un desarrollo antinatural, dada su pretensión a reinventarse como si fuera un personaje de una novela de Scott Fitzgerald. Es un artista astuto, un músico que nos pide que creamos totalmente en la fuerza de su confesión cuando expone su artificio. Esto es parte de la alegría de leer el trabajo de Dylan: su historia es reveladora y absorbente, su disposición en el libro, lúcida sin ser lineal.

Crónicas I es sin duda uno de los trabajos más emocionantes de Dylan, si se compara con lo surrealista que resultó su novela Tarántula. Está escrito con una prosa precisa, alternando observaciones ingeniosas con fragmentos de recuerdos aderezados con comentarios agudos y furiosos como esta crítica a Al Capone: fue un gánster de éxito que llegó a dominar los bajos fondos de Chicago, pero nadie escribe canciones sobre él. No resulta interesante o heroico en ningún modo. Es una figura anodina. Una rémora.

Remontándose a 1961 –año en que llegó a la ciudad de Nueva York–, Dylan relata su vida sin perder su fuerte hilo narrativo comenzando y terminando más o menos en el mismo lugar, las grabaciones de sus primeros álbumes.

A medida que se avanza en la lectura, los capítulos de la mitad del libro parecen referirse a la realización de New Morning y Oh Mercy. Y aunque el corazón de los fanáticos comienza a hundirse al tiempo que se preguntan; ¿Por qué no escribió sobre Highway 61, Blonde on Blonde, Blood on the Tracks o, incluso, Love and Theft?; pronto descubren que hay un truco escondido en estos capítulos ya que cuentan historias que la mayoría de los artistas evitan contar, historias de crisis no resueltas. De fracaso.

La trayectoria de Crónicas I va hacia adelante y hacia atrás, salta de una parte de su vida hacia otra y se detiene en lugares que para él han sido encrucijadas. Entre los placeres del libro se encuentran breves y lúcidas apreciaciones de, entre otros escritores, Balzac, Gogol, Faulkner o Pushkin.

En otro capítulo, el que habla sobre New Morning, se puede apreciar el duro encuentro del músico con el poeta Archibald MacLeish, quien le pidió que componga canciones para una obra de teatro que ha escrito. Dylan respeta al poeta pero es incapaz comunicarse con él. De hecho, parece haber perdido la capacidad de comunicarse con el mundo en general. Es fácil percibir que aquellos dulces días en Greenwich Village han desaparecido y su vida se había transformado. No sólo era tremendamente famoso; era famoso como la voz de una generación, y lo odiaba.

Crónicas I es una ventana fascinante a las ideas del músico y las influencias que lo marcaron. Esta es la historia que Bob Dylan cuenta sobre Robert Allen Zimmerman un joven aspirante a compositor que buscó desesperadamente encontrar el sentido de su existencia. La historia de un país, Estado Unidos, desde los conflictivos años sesentas hasta la convulsa década de los años ochenta. Una vez más, Bob Dylan, dueño de una visión rayos X y poseedor de una poderosa memoria, logra atrapar y fascinar a su audiencia con una autobiografía que toma como punto de partida uno de los más ancestrales sueños del ser humano: trascender.

Este lunes Bob Dylan cumple 80 abriles, como sabe que en La Jornada lo queremos mucho, nos envió tres de sus libros vía la editorial MalPaso, para tres fanáticos: Crónicas I, Tarántula y Letras completas. Sólo tienes que enviar un correo electrónico a [email protected] y explicarnos por qué eres admirador de Bob. Los primeros tres mails que lleguen hoy de las 8 a 9 horas se llevan los ejemplares. A los ganadores se les hará saber por la misma vía.