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Nosotros ya no somos los mismos

Declaraciones criminales // Rendijas para el optimismo // ¡Cómo no te voy a querer!

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▲ Javier Alatorre, conductor de noticias.Foto captura de pantalla
E

l comentario de Javier Alatorre es tan estúpido e irracional que uno no puede evitar la sospecha de que hay algo más que cretinismo e irresponsabilidad. Ciertamente, la inteligencia, la preparación profesional, el talento y la cultura no son prendas que distingan a la gran mayoría de los conductores televisivos. Bueno, tampoco la honestidad (¿Le cedemos la palabra a doña María Asunción Arámburuzavala?), y el apego a la verdad y el respeto a sus audiencias. Gran número de estos especímenes carecen hasta de las cualidades elementales para ejercer el oficio: no digamos claridad de pensamiento, uso aceptable del lenguaje hablado, comportamiento formal y decoroso. La voz, que es su instrumento de trabajo, es en muchos casos verdaderamente desagradable, emiten sonidos destemplados y profundamente molestos para el oído humano, y no dudo que para las mascotas del hogar.

Hacen del estudio (qué mala aplicación de esta palabra) una mesa de cantina, y cuando intentan el humor, exhiben su evidente carencia de ingenio y agudeza. Insolentes, se atreven a comentar las noticias y a los datos agregan opiniones personales. A tiro por viaje, cometen impresionantes atentados contra la razón y el sentido común.

Hay, sin embargo, comportamientos que rebasan lo zafio, ridículo y cretino, para adentrarse en el terreno de lo ilícito, de lo ilegal.

La respuesta de la autoridad a la sinrazón de este pésimo parlanchín que, desde su desmedida ignorancia, propagó la criminal versión de que las medidas gubernamentales eran un engaño a toda la población, no puede quedarse en una precaria y ridícula amonesta-ción. Este mentecato (en un latinajo que se an-toja, esto significa capturado de la mente), no debe quedar impune merced a la declaración amistosa del señor Presidente que, inevitablemente, me recordó una expresión de nuestro tiempo escolar: ¡pues qué amiguitos, cuate!

En una columneta de hace ya varios meses, hice mención de un amigo de gran estimación: Ignacio Pichardo Pagaza. Casi de inmediato recibí una breve pero enérgica respuesta de un miembro de la multitud, quien me expresaba una opinión contraria a los elogios que había yo dedicado a Nacho. No recuerdo la razón concreta que los motivaba, pero eran acordes con la admiración y afecto permanentes que le profesé desde que, hace muchísimos años, iniciamos una gratísima y enriquecedora amistad. Imprimí el comentario y decidí contestarlo de una manera privada para poder hacerlo con amplitud y, además, sin repicar una opinión que obviamente no compartía.

Comencé a escribir mi respuesta y con asombro descubrí que el remitente vivía en Finlandia, circunstancia que acrecentó mi gana de trabar una relación con ese paisano tan distante y presente. Como la carta era severa, pero en absoluto ofensiva y, conociendo el talante y la calidad humana de Nacho, se me ocurrió una idea: ¿y si fuera Nacho quien la contestara? Le hablé, le comenté el asunto y por supuesto que le encantó la idea, pero me sugirió: ¿por qué no le preguntas si no tiene inconveniente en que me muestres el escrito? Diversas dificultades impidieron que se llevara a cabo la grata relación. Recuerdo que le dije: Nacho, tú no dejas ir un voto, aunque ya no lo necesites. Me reviró: Tú me enseñaste este correo para presumir que en Finlandia tienes tantos lectores como en Saltillo. Dolió.

Guardo algunos momentos muy emocionantes y dignos de la vida de Nacho, de los que puedo dar fe. Los reservo para la próxima columneta y sólo los enuncio 1. En 1968, Nacho era diputado federal. Quiero hablar de su comportamiento después del homicidio de Tlatelolco. 2. Durante la campaña de Ernesto Zedillo era presidente del PRI. Conoció, como muy pocos, lo que sucedía entre telones, pero sólo él fue capaz de denunciarlo en un libro que, si no me equivoco, se llama Triunfos y traiciones. Estoy seguro que al innombrable, Salinas de Gortari, le causó un fuerte torzón.

Era mi intención continuar con las informaciones reconfortantes, alegres, que dentro de esta deplorable etapa de la vida nos permiten una rendija para el optimismo: la enfermera que en Tijuana habilitó una camioneta para vivir frente al hospital en el que labora atendiendo infectados, o la dueña de un hotelito en Mérida que, cuando se vio obligada a clausurarlo, lo reabrió y puso a disposición de médicos, enfermeras y personal de limpieza para que descansaran, se asearan y no contaminaran a sus familias. Relataré los testimonios que vayan cayendo en mis manos porque la verdadera historia de cada pueblo se forma por las pequeñas, aunque inconmensurables acciones de cada persona que lo conforma.

No puedo terminar, sin embargo, sin compartir este llamado al que nadie puede permanecer ajeno:

La UNAM nos da la oportunidad de merecer el privilegio de ser un puma de a de veras: Participa. Te sentirás mejor. Lo serás.

Fundación UNAM y la Facultad de Medicina lanzaron la campaña Dona un kit, protege a un residente. Ellos arriesgan la vida por mexicanos que ni conocen. A nosotros nos cuesta 314 pesos que ese riesgo sea menor. Si puedes, dona en la cuenta 533019. Banco Banamex SA Suc.0870. Clabe 002180087005330195. Que nuestro grito se haga verdad ¡Cómo no te voy a querer!

Twitter: @ortiztejeda