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Vida o economía, ¿opciones? // FMI: sacudida garantizada

N

egro panorama el vislumbrado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en medio del jaloneo entre quienes en la pandemia priorizan la protección de la vida y los salvajes defensores del sacrosanto mercado, con una propuesta –estos últimos– de reactivar la economía aun a costa de cuantiosas y crecientes pérdidas humanas.

El supuesto debate –falso, a todas luces– se da en todo el planeta y los resultados son más que obvios: cabezas visibles de la defensa salvaje de la economía –sin importar el costo en vidas– Donald Trump, Jair Bolsonaro, Boris Johnson (a quien el bicho le pasó factura por bocón) insisten en el retorno a la normalidad, sin considerar que por jugar al libre mercado los países que dicen gobernar (Estados Unidos, Brasil y Gran Bretaña, respectivamente) agrupan 36 por ciento (763 mil, y contando) de los poco más de 2 millones –hasta ahora– de casos confirmados de Covid-19 en todo el planeta.

No son los únicos (están los despreciables casos de Lenín Moreno, en Ecuador, y Sebastián Piñera, en Chile), pero esa grotesca tercia de gobernantes obliga a sus respectivos pueblos a pagar altísimas cuotas de muerte, porque cree que el Covid-19 no pasa de ser una gripita y los médicos de plano mienten sobre el alcance y letalidad de la pandemia. Hasta ahora su primitiva lectura de la realidad ha costado más de 28 mil muertos a Estados Unidos, 10 mil a Gran Bretaña y 2 mil a Brasil, cuya suma representa alrededor de 30 por ciento de las defunciones globales.

Cierto es que el mundo paga y pagará un alto precio por el derrumbe de la economía, pero ésta se recuperará tarde que temprano, no así la pérdida de vidas. No es cuestión de elegir, porque solo hay un camino: la defensa y protección de la vida.

Pues bien, el FMI advierte que esta es una verdadera crisis mundial y ningún país está a salvo. La economía global no crecerá 3.3 por ciento en 2020 como se estimó tres meses atrás, sino, en el mejor de los casos, se contraerá 3 por ciento; incluso, existe el riesgo de caer hasta 7.4 por ciento, dependiendo de la evolución de la pandemia.

Para el caso mexicano, sus proyecciones apuntan a una caída de 6.6 por ciento del producto interno bruto (con la posibilidad de que en 2021 el PIB crezca 3.3 por ciento), al tiempo que la tasa de desocupación se incremente a 5.3 por ciento de la población económicamente activa.

El FMI reportó datos negativos para prácticamente todas las economías. Para Estados Unidos vaticina una contracción de 5.9 por ciento, de 7.5 para la Unión Europea (dentro de ésta, un derrumbe de 9.1 en Italia y de 8 en España). Sólo China e India crecerían 1.2 y 1.9, respectivamente. Asumiendo que la pandemia se desvanezca en la segunda mitad de 2020 y que las acciones políticas tomadas en todo el mundo son efectivas para prevenir quiebras generalizadas de empresas, pérdidas masivas de empleos y tensiones financieras en todo el sistema, proyectamos que el crecimiento global pueda recuperar en 2021 a 5.8 por ciento ( La Jornada, Dora Villanueva).

Terrible panorama, pero ciertos gritones de hoy (con el Borolas y sus jilgueros como cabezas visibles) olvidan el brutal costo que México pagó por la influenza en 2009. Entonces, el Banco Mundial (enero de 2010) estimó que el desplome económico fue de 7.1 por ciento (después se ajustaría a -6.5 por ciento), el más drástico desde 1932”, sin olvidar que un año antes Felipe Calderón (a la sazón inquilino de Los Pinos) alegremente prometió:nunca más una crisis en nuestro país.

El organismo ubicó a la economía mexicana en el escalón 139 de 152 posibles a nivel global y en el 143 de 152 en caída de PIB por habitante. Así, en 2009, la de México no sólo destacó como la economía de mayor desplome en el continente americano, sino como una de las 13 peores del mundo. Sirva para la memoria de algunos.

Las rebanadas del pastel

Obsceno: Trump (el de la gripita) acusa a la OMS de encubrir el brote y propagación del Covid-19, con lo cual desperdició mucho tiempo y eso costó miles de vidas, y cancela el financiamiento estadunidense.