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Ver día anteriorLunes 13 de abril de 2020Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Nosotros ya no somos los mismos

Sacrificios conmovedores // Cloro, alcohol y pentigres // Quédese en casa, no sea necio

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▲Personal de salud sólo ve a su familia a través de un cristal por temor a contagios. En la imagen, una residente en un hospital de Ohio con su hija.Foto Ap
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hora sí que la cruenta realidad que nos envuelve le dio la razón a la sinrazón poética del maestro Manzanero: ciertamente hay semanas que tienen más de siete días. Así ha sido ésta y, me temo que también lo serán las próximas 10 que se nos vienen encima. Lo peor es que, usualmente, cuando nos parecía que la semana rebasaba los siete días tradicionales, estos resultaban más para mal que para bien. (Esto llegaba a suceder aun cuando se tratara de la semana destinada a la luna de miel).

Como estos eternos días han sido de crispación, decidí retrasar mi intención de compartir con ustedes algunas anécdotas del folklor político que logré exhumar de mi ya escaso magín, pensando que podían alivianar el encierro, la aburrición y la muina explicable por el aislamiento obligado de estos tiempos (nótese el cuidado de no fijar fechas ni plazos), pero preferí compartir con ustedes algunas notas informativas, espots publicitarios, fotografías, caricaturas, memes, correos electrónicos, WhatsApps o comentarios de las bendimalditas redes sociales que irrumpen en el viejo ropero (dije ropero o armario, no clóset), en el que suelo refugiarme desde pequeño, cuando fui desahuciado tras nueve meses de ocupar, sin pago de arrendamiento, el primer receptáculo que habité en este planeta. Allí llevo años escondiéndome del Maléfico que, como todos sabemos, suele encubrirse en las formas más extrañas: desde la superiora de las Carmelitas descalzas protagonizada por Maribel Guardia (en esta ocasión sobre unos zapatos de aguja de 12 centímetros, pero nada más), hasta un atildado peluquero, el más solicitado de elegante estética para caballeros porque a ojos vista, el cabello les crecía a todos conforme él se los arreglaba. Qué razón tenía don Charles Baudelaire cuando nos prevenía: “La mayor astucia de Satán consiste en persuadirnos de que no existe. Por eso, en todas partes se le reconoce como padre y señor de las fake news”.

Pero permítanme comenzar a presentarles esas perlas (no exclusivamente japonesas, como las prefería Nikito Nipongo, o séase Raúl Prieto, quien vivió nada más 102 años, poniendo en su sitio a la Real Academia Española de la lengua.) Estas joyas engarzadas quién sabe por quién vienen en un rosario de imágenes que a mi hija dos, Mariana, y a mí, nos hicieron moquear juntos. Ante la obvia imposibilidad de imprimir las imágenes en este diario, intentaré dar una descripción lo más sobria y apegada de la imagen que tengo ante mí.

1. Frente a la cámara tenemos a un hombre de unos 30 años. Está en cuclillas y sonriente, alelado, coloca su mano sobre el cristal de una puerta o ventana que lo separa del interior de una casa. En el interior, la cámara registra, de espaldas, a un bebé que da sus primeros pasos. No se le ve el rostro, solamente su figurita tambaleante que a duras penas se sostiene poniendo su mano sobre el vidrio que lo separa de esa persona que le significa seguridad, calidez, amor. El padre es un doctor que trabaja en un hospital de alto riesgo en Arkansas. Tiene que manejar una hora para poder ver a su familia y solamente puede hacerlo de esta manera.

2. Debajo del retrato de una linda señora de la tercera edad, bastante bien conservada, se suele decir, de nombre Suzanne Hoylaerts, de nacionalidad belga, se lee su generosísi-ma decisión final, al renunciar a un respirador: Dénselo a un joven que lo necesite. Yo ya he vivido una bella vida.

3. Khaled Beydoun, es un migrante árabe en Italia. Dueño de un tendajo de barrio que vende verduras y frutas, pegó un cartel que dice: Hace 10 años me permitiste entrar a vuestro país. Hoy quiero corresponder y devolver esa acción. Estas verduras y frutas son de ustedes, tomen lo necesario.

Paréntesis para dos detallitos de humor: A) Vemos dos hermosos y temibles tigres asentados uno al lado del otro. El primero luce las refulgentes rayas de los colores característicos a su especie. Al lado, otro espécimen de igual presencia y peso nos lo muestra totalmente decolorado, desvaído. Con humildad recibe el regaño de su pareja: te dije que usaras antibacterial, no cloro, pentigre. El segundo es un cartel con la efigie del doctor López Gatell que, recordando a los que en las épocas idas y regresantes de los cristeros, decían: Este hogar es católico y no aceptamos propaganda protestante. El actual dice “En este hogar creemos en el Dr. López Gatell. Si usted necesita salir y no es necesario, no lo haga, no sea necio y regrese a su pinche casa…”

Me quedan muchos testimonios más para la próxima semana, porque son expresiones de la conciencia, el ánimo, el espíritu y la voluntad de la gente. De la gente de todos los rumbos de este empequeñecido planeta, que ha comenzado a entender y asumir su verdadera dimensión y destino.

Si mis Martinis, por densos, fieles y constantes, se enfrentan a esos engendros llamados coronavirus, y los disuelven antes de que ni siquiera toquen la aceituna, seguiremos platicando el próximo lunes. Yo creo en la razón, la inteligencia, la sapiencia acumulada de esta instancia llamada humanidad. Una vez más, tal vez la última, sobreviviremos o sobrevivirán. ¡Suerte para la multitud!

@ortiztejeda