Opinión
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La Nueva Escuela Mexicana y la preparación para el futuro
U

na falla importante de los sistemas educativos tanto de México como en otros países, incluyendo otros más desarrollados, ha sido la adecuada preparación de las nuevas generaciones para insertarse en la vida productiva en ramas profesionales como medicina, ingeniería, arquitectura, contaduría o derecho, e incluso las de carácter artístico y cultural como literatura, música, pintura y teatro, disciplinas que nos ha permitido construir la nación que hoy tenemos.

Sin embargo, la globalización y el desarrollo tecnológico durante la segunda mitad del siglo 20 y en las dos primeras décadas del 21 ha dado lugar a nuevas actividades productivas, culturales científicas y de innovación en todos los campos de la ciencia y la tecnología, las cuales requieren de nuevas profesiones que, a su vez, exigen cambios importantes en los programas de estudio, no sólo en la educación superior, sino desde la básica.

En este sentido, una de las prioridades de la Nueva Escuela Mexicana que habrá de conformarse y consolidarse a lo largo de la presente administración, será la preparación de las nuevas generaciones de niños y jóvenes para actividades que desde ahora se avizoran y para otras que se desarrollarán en los próximos años. Yo mismo soy un ejemplo de esta situación que planteo: cuando terminaba mis estudios de física teórica en la UNAM, comenzó a funcionar en el edificio que ocupaba mi escuela, la primera computadora que se instalaba en América Latina, lo que me impulsó con otros compañeros a estudiar computación, una actividad desconocida entonces, pero que en unos cuantos años dio lugar a una de las actividades que más han incidido en la transformación de nuestro país, lo mismo que en otras naciones. Esto permitió que casi todos los que formábamos parte de aquel grupo de estudiantes tuviésemos un desarrollo profesional más allá de nuestras propias expectativas.

¿Cuántos nuevos campos de conocimiento habrán de crearse a partir del desarrollo de nuevas tecnologías y de la inserción de nuevos paradigmas a nuestra sociedad? ¿Podrá nuestro país ocupar un lugar importante entre las naciones a partir de la participación de nuestros profesionistas e investigadores en el desarrollo de nuevas tecnologías?

Pensemos por un momento en la medicina, que entre otras cosas ha permitido expandir la esperanza de vida de los seres humanos. Hoy podemos afirmar que durante la segunda mitad del presente siglo ésta supere los 130 años. Para ese tiempo las especialidades médicas del presente serán en su mayor parte obsoletas, mientras que sus mayores avances habrán de concentrarse en lograr que hombres y mujeres de 100 años o más puedan llevar una vida intelectual activa e incluso participar en maratones y competencias de natación que exijan grandes esfuerzos, mientras que el número de personas de la cuarta o quinta edad que requerirán de la asistencia de técnicos con capacidad certificada para cuidarlas, crecerá de manera desmesurada, tal como hoy está sucediendo en Europa con el crecimiento de la población de la llamada tercera edad.

De manera similar, podemos observar ahora un incremento cada vez mayor en el estudio y desarrollo de las artes, incluyendo el arte dramático, en virtud del crecimiento de segmentos de población que demandan nuevas formas de entretenimiento. Comparemos así el crecimiento de empresas productoras de películas y series televisivas con la entrada al mercado de Netflix y de Amazon Prime, con las tendencias existentes hace 10 o 20 años. Sin embargo, los cambios e innovaciones no sólo habrán de darse en la generación de nuevas profesiones y actividades. La complejidad actual de la vida cotidiana requiere desde ahora modificaciones profundas en los planes de estudio, tanto de la educación media superior como de la básica.

En el caso de la primera resulta ahora indispensable, por ejemplo, que nuestros estudiantes aprendan a interpretar las gráficas que aparecen en los diarios y artículos sobre economía y finanzas, para comprender la importancia que tiene la evolución socioeconómica de nuestro país en relación con las de otras naciones, de manera que términos tales como producto interno bruto, evolución del salario mínimo, capacidad de compra a precios constantes, balanza comercial, etcétera, sean bien comprendidos por los estudiantes de bachillerato, y los conceptos fundamentales de la estadística, incluyendo promedios, distribuciones, correlaciones y tendencias y sus gráficas, puedan ser utilizados adecuadamente al terminar la escuela primaria, lo cual permitirá que niños y adolescentes puedan utilizar y comprender desde una edad temprana la importancia de esta rama de las matemáticas, desconocida hoy incluso por buena parte de los profesionistas.

Es por ello que en el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), estamos iniciando algunos proyectos relacionados con la adecuación de los planes de estudios de licenciaturas y posgrados, así como el desarrollo de cursos de actualización para los profesores de primaria, secundaria y bachillerato, con la finalidad de que estos puedan orientar a sus estudiantes sobre los nuevos campos de actividad aquí esbozados, así como de otros con orientaciones similares.

*Director general del ILCE