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Parres El Guarda, donde el frío es a lo que hay que acostumbrarse
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▲ El viento y la altura a la que se encuentra este poblado hace que la temperatura sea más severa.Foto José Antonio López
 
Periódico La Jornada
Domingo 29 de diciembre de 2019, p. 23

Por las heladas nos recogemos más temprano, el frío de invierno cada vez es más fuerte y el cuerpo ya no resiste, dice doña Hortensia Castillo, quien tras 62 años de vivir en el poblado de Parres El Guarda, alcaldía Tlalpan, es a lo único que no he podido acostumbrarme, pese a ser de las afortunadas que cuenta con una estufa de leña que utiliza, junto con su familia, para mantenerse a buena temperatura.

En cambio Ian, Emmanuel y Ramiro, tres pequeños de siete, cinco y tres años, respectivamente, sólo tienen cobijas para taparse. Los niños viven en la punta de ese poblado, en los límites con Tres Marías, Morelos. El más pequeño, Ramiro, identifica la severidad del clima porque le duelen los pies y sus dientes castañean. Para hacerse entender, el pequeño mantiene las manos rígidas, simula temblar y choca su dentadura. Su rostro refleja las inclemencias del tiempo, pues su piel permanece rojiza y las mejillas están partidas.

Ellos forman parte de las 200 mil personas que habitan en las zonas altas de la Ciudad de México, según los datos de la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social, y que durante esta temporada de invierno padecen con mayor frecuencia las bajas temperaturas.

Parres El Guarda es el pueblo más frío de Tlalpan, aseguran los moradores; apenas tiene 4 mil habitantes, indica Rafael Castillo, integrante del comisariado ejidal, quien platica forrado con ropa gruesa que cubre al final con una chamarra a cuadros, de uso muy común entre los habitantes.

Para el dirigente la temporada más difícil por esas temperaturas empieza en diciembre y se mantiene hasta febrero o marzo. En la comunidad hay días de calor y lo mismo sienten en el centro del pueblo que en las zonas altas, pero la sensación térmica es hasta menos dos o tres grados.

Para Juana Mireles su condición ha mejorado: hace 10 años sólo tenía una pequeña vivienda con láminas de fierro donde el frío entraba por todos lados, pero con los cuartos de tabique nos protegemos mejor, aún así viste prendas dobles: pantalón, calcetines y suéteres.

Jazmín, madre de Emmanuel y Ramiro vive a expensas del clima. Su casa tiene techo y ventanas rotas y no sólo pasa el aire frío, también la humedad de la noche: Hacemos un pabellón de cobijas, sello con periódicos todas las ventanas y rendijas, pero hemos pasado frío, cuenta la mujer de 28 años que tiene planeado pedir refugio a su familia porque los niños se han enfermado.

A partir de las seis de la tarde, cuando empieza a bajar la temperatura, doña Hortensia echa los troncos a la estufa, así lo hace hasta las 10 de la noche para humearse. La mujer critica el escaso apoyo de las autoridades, porque para entregar cobijas o chamarras piden la credencial de elector y a los niños su CURP, si no entregan copias no les dan nada; eso no es ayuda.