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Remesas: la otra cara // Monto histórico, pero…

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es tras mes rompe récord el monto de remesas enviado por los paisanos y en el acumulado enero-julio de 2019 el saldo se aproximó a 21 mil millones de dólares, 7.45 por ciento superior al de igual periodo de 2018, de acuerdo con las cifras del Banco de México. Se trata de recursos inyectados directamente a la economía de las familias más necesitadas que influyen, para bien y sin condición alguna, en el nivel de vida de quienes las reciben. Si se anualiza la captación, entre julio del año pasado y el mismo mes de 2019, el monto acumulado rebasa los 35 mil millones de dólares.

Tan solo en lo que va del presente siglo, los paisanos han enviado alrededor de 400 mil millones de billetes verdes (algo así como 40 por ciento del PIB nacional a precios actuales), una cantidad que supera por mucho la aportada por otros sectores, y esa es la noticia buena de todo esto. Pero está la otra cara de la moneda, y en ese sentido el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC) desmenuza el tema y de su análisis se toman los siguientes pasajes. Va, pues.

A lo largo de los últimos 50 años el aumento de la migración y las remesas muestran que México ha puesto en marcha diversos modelos de política económica y que ninguno ha logrado construir una sociedad de bienestar. La razón es muy simple: todos los modelos de política económica mexicana fallaron en alcanzar uno de los objetivos básicos que todas naciones desarrolladas han considerado estratégico: elevar el nivel de crecimiento económico y al mismo tiempo crear empleo formal para distribuir equitativamente la riqueza.

La creciente entrada de remesas muestra la elevada y creciente dependencia de México, particularmente de Estados Unidos. La magnitud de las remesas hace patente la fragilidad y fallas del modelo económico aplicado durante el último medio siglo. Las remesas son producto del mediocre crecimiento económico exhibido durante décadas y muestran el tamaño de la deuda histórica que el Estado mexicano tiene con la sociedad mexicana, pues millones de personas no encontraron respuesta a su pobreza y precariedad socioeconómica.

El Estado y su política económica no tuvo la capacidad para generar crecimiento y empleo formal digno. La solución al problema se encontró en la migración: al margen de la política económica del Estado mexicano. Los migrantes, la mayoría indocumentados, no utilizaron el marco institucional creado por la política pública nacional: el modelo económico les falló al no generar crecimiento. Las remesas representan la fractura del tejido social nacional: familias que se fragmentan para encontrar empleo y remuneraciones que no existen en el país.

Hay otro elemento a citar: el problema de México no es la falta de oportunidades laborales; la informalidad resolvió lo que la política económica del Estado no ha logrado hacer. A raíz de la crisis de 1982, la informalidad se convirtió en una válvula de escape para los mexicanos que no encontraron empleo formal. No obstante, se trata de un callejón sin salida, una trampa de precariedad económica y social: la informalidad laboral, que hoy constituye 57 por ciento de la ocupación nacional, se encuentra fuera del marco institucional, no da prestaciones sociales ni cumple con las leyes y reglamentos. En algún punto se vincula con la ilegalidad y en casos extremos con el crimen organizado.

Los miles de millones de dólares que llegan a México como remesas deberían representar una señal clara del elevado costo social que se debe pagar cuando la economía mexicana no crece, o más aún cuando entra en crisis. El mensaje implícito es la elevada fragilidad que tiene México respecto a Estados Unidos, pues las remesas son un puente de presión política y macroeconómica, porque le dan vida a parte del consumo y la inversión diaria de las familias mexicanas en los municipios más pobres.

Las rebanadas del pastel

Y la deuda social, más la dependencia hacia Estados Unidos, se elevan cada año que México no crece por arriba de 4 por ciento.

Twitter: @cafevega