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México SA

Crecimiento ausente // Desarrollo prófugo

N

o descubrió el hilo negro ni el agua caliente, pero el presidente López Obrador sí puso el dedo en la llaga: en México, el crecimiento económico es asignatura pendiente, y ha sido así durante cerca de 40 años a lo largo de los cuales el resultado ha sido verdaderamente peligroso, pues a duras penas el avance ha sido similar, si no es que menor, al incremento poblacional.

El primer mandatario participó en el foro Estrategia Banorte 2019 y durante su intervención subrayó; claro, no basta con el combate a la corrupción, con la austeridad, se requiere también que haya crecimiento económico y esa es la asignatura pendiente. Eso es lo que tenemos que procurar. Ya se está poniendo orden para que no haya corrupción, que no haya derroche en el gobierno; ahora es importante que impulsemos el crecimiento y estamos planteando cuatro acciones con ese propósito.

Esa cuarteta de acciones fue resumida por López Obrador: fortalecer la economía popular; el Estado como promotor del desarrollo; activa participación de la iniciativa privada y promoción de la inversión foránea. Sin embargo, esta ruta, por llamarle así, ha estado presente s´Olo en el discurso desde hace cerca de 40 años y el resultado ha sido el mismo, es decir, nulo crecimiento real, de tal suerte que llegó el momento de transitarla, especialmente en lo que a los dos primeros conceptos se refiere.

El balance es desastroso: la economía popular está descuartizada y a estas alturas se ubica en nivel de sobrevivencia, siendo optimistas; el Estado abandonó su obligación constitucional como promotor del desarrollo y cedió todos los espacios a la iniciativa privada para que ésta se encargara de crecimiento y desarrollo (obviamente sólo atendió lo suyo y las supuestas razones de Estado se las pasó por el arco del triunfo); los inversionistas –nacionales y foráneos– no tienen más compromiso que la obtención de utilidades y los dineros que llegan del exterior no vienen a generar más riqueza, porque sólo se apropian de la existente.

López Obrador tiene razón: no basta con el combate a la corrupción, con la austeridad, se requiere también que haya crecimiento económico y esa es la asignatura pendiente. Pero tampoco es suficiente crecer si todo está concentrado, si no hay un reparto equitativo del ingreso y la riqueza, porque de nada sirve -socialmente hablando- si todo el beneficio se queda en unas cuantas manos, mientras el resto se mantiene en niveles de sobrevivencia. Entonces la tarea es crecer, sí, pero también repartir. Y sobre todo cumplir.

Ello, porque todos los gobiernos, si de promesas y compromisos de crecimiento primermundista se trata, han sido más que generosos, pero lo cierto es que de aquella larga temporada de avance sostenido a tasas anuales de 6 por ciento a México sólo le queda un chisguete: 2 por ciento promedio, en vías de empeorar, porque al final de cuentas el modelo económico se mantiene intacto.

En este espacio el balance –la diferencia entre el discurso y los hechos en materia de crecimiento económico– se ha resumido así: Miguel de la Madrid prometió 5.5 por ciento como promedio anual, pero a duras penas reportó 0.34; Carlos Salinas de Gortari ofreció 6 por ciento, pero concretó 3.9; Ernesto Zedillo afirmó que sería de 5 por ciento y no pasó de 3.5; Vicente Fox aseguró 7 por ciento, pero fue de 2.3; Felipe Calderón comprometió 5 por ciento y de milagro rozó 1.8; Enrique Peña Nieto dijo 5 por ciento y con las uñas pasó de 2. Entonces, López Obrador no puede darse ese lujo.

En paralelo, la concentración del ingreso se ha robustecido de forma escandalosa y la pobreza no deja de avanzar. Como muestra, allí están los magantes marca Forbes: 17 personas acaparan alrededor de 15 por ciento del producto interno bruto, y entre ellas una sola concentra la mitad de esa proporción.

Las rebanadas del pastel

Al tipo de cambio se le calmaron los nervios, pero no mucho: ayer, 19.85 por uno en promedio… Abrazo de despedida para Celso Piña.