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Se lucha contra ‘‘una política que borró muchas lenguas originarias’’

En una comunidad del Istmo de Tehuantepec, de más de 8 mil personas, todas se comunican en zapoteco; ‘‘esa lengua dulce que usamos en las pláticas, en las reuniones, no debe morir’’, dicen

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▲ Efigenia Cruz Jiménez, indígena zapoteca de 74 años, en su casa de la comunidad Gui’ xhi’ Ro, en el estado de Oaxaca.Foto Diana Manzo
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 21 de febrero de 2019, p. 4

Álvaro Obregón, Oax., Para Efigenia Cruz Jiménez, de 74 años de edad, es un orgullo hablar zapoteco. No sabe castellano, ella es una de las guardianas de esa lengua en la comunidad Gui’ xhi’ Ro’ (Álvaro Obregón, en español), donde ciento por ciento de sus habitantes se comunica en ese idioma.

Las más de 8 mil personas que viven ahí aprenden zapoteco como primera lengua desde que nacen hasta su ingreso a la educación primaria, cuando comienzan a conocer del castellano y se vuelven bilingües; Ifigenia no tuvo esa oportunidad porque su madre la hizo dedicarse al comercio.

La lengua nube o za’, como también se le conoce al idioma zapoteco, se usa en Gui’ xhi’ Ro’ en la vida diaria, en las fiestas, en el comercio y en la lucha.

‘‘Aquí nos comunicamos en zapoteco, todos lo hablan; la primera palabra que un recién nacido pronuncia lo hace en esta lengua y por eso creemos que no se perderá. Aquí guardamos celosamente nuestras expresiones. Al salir a la calle a veces nos discriminan por no hablar español, en mi caso siempre voy acompañada de mi hija a los trámites porque hoy los jóvenes muy poco la entienden y hablan”, sostiene Efigenia, quien ha heredado ese sentir a sus 11 hijos, 78 nietos, bisnietos y una tataranieta.

Recuerda que sus juegos tradicionales de la infancia han contribuido a conservar ‘‘esa lengua dulce que usamos para las pláticas, en los chistes, en las reuniones: el zapoteco no debe morir”.

A falta de traductores en los espacios públicos y en los trámites de programas sociales, Efigenia siempre va acompañada de su hija porque difícilmente le entienden; ese es uno de los motivos por los que no viaja o prefiere muchas veces no hacerlo; sin embargo, comparte que es una de sus pasiones.

No obstante, para Efigenia y otras mujeres de su pueblo hablar zapoteco significa ‘‘estar vivas”.

Así lo expresa Natividad, quien explica: ‘‘Aquí las personas no aprenden español hasta que ingresan a la primaria, pues para comunicarnos todo es zapoteco. Mi hija de cuatro años no pronuncia una sola palabra en español y es motivo de orgullo; aquí nadie se lamenta de no hablar castellano”.

Según datos del censo de 2010, en Tehuantepec, la otra capital de los pueblos zapotecos en el Istmo, quedan menos de 4 mil hablantes de 61 mil 872 habitantes.

Álvaro Obregón, agencia municipal de Juchitán, y Santa Rosa de Lima, que pertenece a San Blas Atempa, son las dos comunidades zapotecas con el mayor número de hablantes de su lengua originaria.

En Tlacotepec, con una población de mil 221 personas, sólo lo hablan 358. Ixtepec, con 26 mil 450 habitantes, registra sólo 5 mil 31 hablantes. En Bixhahui o Chihuitán el zapoteco hace tiempo que se borró de la memoria de sus habitantes.

Víctor Cata, historiador y lingüista de origen zapoteco, explica que fue a mediados del siglo XIX cuando México adoptó la política pública de desaparecer las lenguas indígenas por considerarlas ‘‘dialectos que hacían más ignorante y tonta a la población hablante.

‘‘Ahora se lucha contra esa política del siglo XIX que borró muchas lenguas de México.

‘‘Por fortuna tenemos todavía hablantes del zapoteco y las mujeres ocupan un lugar muy importante, en especial las abuelas, porque ellas son transmisoras de las palabras, de los cantos y chistes, así como de una serie de signos que dulcemente conquistaban nuestro corazón y mente.”

Destaca que son ‘‘las abuelas, mamás y tías” las que son consideradas transmisoras de la lengua originaria, el zapoteco, a través de cantos de cuna y consejos de cómo enfrentar la vida.

Víctor Cata, junto con la poeta Natalia Toledo, hoy subsecretaria de Diversidad Cultural de la Secretaría de Cultura federal, son impulsores del zapoteco desde un taller que se llamó El camino de la iguana, una iniciativa del pintor y activista Francisco Toledo.