Sociedad y Justicia
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El Papa expresa pesar por víctimas de la explosión en Tlahuelilpan

En visita a Panamá, Francisco realizó vigilia con más de 700 mil personas

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▲ El papa Francisco se despide de la multitud en el aeropuerto de Tocumen, en Panamá.Foto Ap
 
Periódico La Jornada
Lunes 28 de enero de 2019, p. 29

Ciudad de Panamá. Ayer, en esta ciudad, el papa Francisco pronunció su pesar por las víctimas de la explosión de un ducto en México. Encomiendo a la misericordia de Dios a todas las personas fallecidas, al tiempo que expreso mi afecto y mi cercanía espiritual a sus familiares y a toda la población.

Ahí mismo, después de platicar con jóvenes con VIH-sida, también se refirió a la delicada situación de Venezuela, la cual ha acaparado la atención de la opinión pública mundial: He pensado mucho en el pueblo venezolano, al que me siento particularmente unido en estos días; ante la grave situación que atraviesa el país, pido al Señor que se busque y se logre una solución justa y pacífica para superar la crisis, respetando los derechos humanos y deseando el bien de todos los habitantes del país.

La postura mesurada del Papa seguro atemperará los ánimos encendidos de diferentes sectores del clero católico venezolano que se han radicalizado contra el gobierno de Maduro.

El pontífice venía de la multitudinaria misa –más de 700 mil personas– en el Campo San Juan Pablo II, donde anoche se celebró también una multitudinaria vigilia. La mañana era luminosa, no se notaba la fatiga de los jóvenes que estuvieron en la llamada vigila, en oración, con cantos y reflexiones. Por la tarde de ayer, con menos calor, Francisco se despidió de Centroamérica rumbo a Roma.

Queda pendiente la tradicional rueda de prensa que ofrece a reporteros y vaticanistas acreditados que lo acompañan. Resulta interesante registrar el tema del muro tan emplazado por Donald Trump; el Papa prometió retomar el tema con mayor soltura en el vuelo de regreso.

¿Qué balance podemos hacer? En primer lugar, el alejamiento de los jóvenes de la Iglesia es una realidad en el mundo entero; más acelerada y visible en los países ricos noratlánticos. Hay una seria preocupación institucional que se externó en el sínodo para jóvenes que se realizó en Roma en octubre pasado. La Iglesia busca cambiarlos para acercarlos a Cristo, pero otros plantean que la que tiene que cambiar es ella, pues no logra conectar con las actuales generaciones y sufre una carencia aguda de vocaciones. El riesgo de estas megaactividades es quedarse en la superficialidad, la emoción y la exaltación de la figura del Papa. Actos triunfalistas que muestran un poder fugaz, pero no alcanzan a desarrollar vínculos estables y duraderos con las actuales generaciones. La visita de Francisco a Panamá se da en un contexto de crisis de la oligarquía local en el poder. El gobierno de Juan Carlos Varela es muy cuestionado por escándalos de corrupción y abuso de poder.

Panamá es uno de los 10 países con mayor grado de desigualdad en el mundo. De cara a las elecciones presidenciales, la visita de Francisco fue una bocanada de oxígeno. El gobierno que ha dividido a la oligarquía, capitaliza su llegada. Panamá atrajo la visita de Francisco, mostró al mundo que es capaz de organizar un encuentro papal con éxito. El pueblo quedó muy contento con la presencia intensa y refrescante del pontífice; probablemente tenga repercusiones en los comicios próximos.

Iglesia herida por su pecado

Sin duda, otra afirmación fuerte del Papa fue reconocer, durante la misa en Panamá con obispos centroamericanos y clero local, que la Iglesia católica está herida por su pecado. Se refirió a los numerosos escándalos de abusos sexuales que han dañado la autoridad moral de la institución. Reconoció con sinceridad el cansancio de la esperanza el sábado pasado, en una celebración litúrgica en la iglesia colonial Santa María La Antigua, en el emblemático Casco Viejo de Ciudad de Panamá; también asentó que ese agotamiento es paralizante, pues ha puesto en duda, en muchos casos, la viabilidad misma de la vida religiosa en el mundo de hoy.

Dichas aseveraciones se formulan en el contexto de la próxima reunión cumbre de los presidentes de las conferencias episcopales de todo el orbe, convocada para 21 al 24 de febrero, para afrontar medidas correctivas a la pederastia clerical y a las complicidades internas que han indignado a la sociedad.

Francisco retomó con fuerza el tema migratorio. Instó a los episcopados a acompañar y mediar. Orientó para que éstos aprendan a recibir y hospedar a todos aquellos que han sufrido el abandono que los ha obligado a dejar o perder su tierra, sus raíces, sus familias y trabajos. Francisco pidió porque no se estigmatice, y menos se generalice, en la más absurda e irresponsable condena de identificar al migrante como portador de mal social.

Durante la vigilia, con mucha delicadeza, ante el testimonio de un nini llamado Alfredo, el Papa exclamó: Qué fácil resulta criticar a los jóvenes y pasar el tiempo murmurando si los privamos de oportunidades laborales, educativas y comunitarias desde dónde agarrarse y soñar el futuro. Sin educación es difícil soñar futuro; sin trabajo es muy difícil soñar futuro; sin familia y comunidad es casi imposible soñar futuro. Soñar el futuro es aprender a responder no sólo para qué vivo, sino para quién vivo, para quién vale la pena gastar la vida

Francisco, a casi dos trienios de su pontificado, con 82 años, sigue cautivando a las audiencias latinoamericanas, a pesar de repetirse. La Iglesia panameña es muy conservadora y acomodada con los privilegios de la oligarquía.

Los obispos locales se han mimetizado con las élites de poder. Se sienten presionados por los contenidos de Francisco y los prelados tienden a banalizar los discursos y las principales expresiones papales. Estos son los rejuegos y secuelas de estas impactantes visitas.