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Toros
Triunfa de nuevo en la Plaza México la ganadería de Enrique Fraga

Emocionante duelo de toreros, caballos y forcados en la novena corrida de la temporada

 
Periódico La Jornada
Lunes 31 de diciembre de 2018, p. a31

Queda estrictamente prohibido a los naturales alternar con caballeros españoles. Este aviso, que pareciera del siglo XVII en la naciente Nueva España, es la situación en que el alelado sistema taurino mantiene al día de hoy a nuestros rejoneadores, sistemáticamente evitados por los ases de importación, que además no admiten forcados por aquello de que les puedan robar las palmas.

Dependencia y complejos entorpecen el desarrollo de la rica tradición del toreo a caballo en México, por lo menos desde mediados del siglo XIX con el tapatío Ignacio Gadea, creador de la suerte de banderillear a dos manos. Así que otro desafío del nuevo gobierno será contribuir, en serio, a la recuperación de la autoestima de los mexicanos, agraviados por sucesivos regímenes y a merced de variopintos conquistadores en todos los frentes, no se diga en el taurino.

En la medida en que nuestros buenos toreros se midan con los consagrados podrán desarrollar su enorme potencial. Para ello se debe obligar a los importados a corresponder a tantas gentilezas y a las sumas que cobran. Falta convencerse de que pueden ser tan buenos como los mejores sin estar a merced de ellos.

En el noveno festejo, ante una corrida de auténtico lujo del ganadero triunfador en el festejo inaugural, Enrique Fraga, encaste Parladé, con el trapío que da la edad, los pitones discretamente recorta-dos, hondos de caja, muy bien armados, fuertes, codiciosos y nobles, alternaron los rejoneadores mexicanos Jorge Hernández Gárate y Emiliano Gamero con el caballero colombiano Andrés Rozo, así como los Forcados Mazatlecos y los Forcados de Montemor, de Portugal. Actuaron como sobresalientes los matadores Pablo Samperio y Paulo Campero, que con el cierraplaza Mambo realizó un ceñido y precioso quite por caleserinas echándose el capote a la espalda en cada lance y rematando con media de rodillas. Y eso que sólo toreó una tarde en el año que termina.

Jorge Hernández Gárate templó muy bien a su primero que, como sus hermanos, embestía sin descanso, estando certero con los fierros, no así con el rejón de muerte. Se superó con su segundo, al que templó con la grupa para luego ser alcanzado varias veces. Con todo, estructuró una lucida faena y aunque mató de rejón trasero y contrario, acertó al primer descabello y se le otorgó una oreja. Emiliano Gamero estuvo acertado con rejones y banderillas, no así con la llamada hoja de peral, pinchando en dos ocasiones. Con el quinto logró momentos de gran emoción, sobre todo al banderillear a una mano sin la cabezada, mató al segundo viaje y se llevó un apéndice. Y Andrés Rozo hizo con el caballo oportuno quite al subalterno Adolfo Sánchez, que cayó en la cara del toro, citó espectacularmente con la cabalgadura en dos patas y clavó con precisión. Cuando ya tenía ganada la oreja del sexto pinchó hasta en tres ocasiones. Ambos grupos de forcados dieron un auténtico concierto de pegas, rivalizaron con dignidad y honraron con creces esta otra tauromaquia.