Opinión
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Jazz

Diego Maroto // Seis sesiones y una Nariz Azul

E

ntre la buena salud del jazz en México y el consabido talento de sus protagonistas, resalta incuestionablemente la figura de Diego Maroto. Tenorista nato, innato (aunque luego pulsa el soprano), de frases cortas, minimérrimas por momentos, que se esparcen entre las llaves del saxofón, con tal vehemencia que parecieran no haber tenido nunca otra opción. Hay momentos incluso en que la intensidad de equis compás se transforma en cólera, pero el tenor regresa en un instante a esa juiciosa pasión que lo ha caracterizado toda la vida y que lo hace apenas sonreír para seguir improvisando.

Maroto nos sorprende con la lucidez de sus argumentos, por supuesto, pero lo que más nos asombra una y otra y otra vez es la facilidad con que se apropia de los temas ajenos, y cómo una rola de Wayne Shorter o Sonny Rollins o Bobby Timmons puede flotar en el tiempo con el sello y los aromas personalísimos de Diego Maroto.

De eso se trata el jazz a final de cuenta, sí; pero habría que escuchar a este saxo para saber de qué estoy hablando.

No obstante, la mejor argumentación y los mejores testimonios están incluidos en el nuevo disco del maestro, Seis sesiones.

Hace dos años, Luis de la Rocha, director artístico del club Parker & Lenox, ofreció a Diego hacer una estancia de seis viernes seguidos. A diferencia de la mayoría de los jazzistas convocados a estas estancias, el saxofonista decidió llevar cada semana un proyecto diferente, seleccionados, obviamente, entre las bandas más significativas de su carrera musical.

Y con sólo mencionar a los músicos convocados nos podremos dar una idea de la magnitud, de la majestuosidad de este álbum (me emociono y me sigo emocionando, por supuesto). Aquí están las guitarras de Pancho Lelo de Larrea y Édgar de la Torre; los contrabajos de Israel Cupich, Luri Molina, Arturo Báez y Fer Ruvel; las baterías de Armando Cruz, Pedro Cervera, Gabriel Puentes, Hans Ávila, Jorge Servín y Fernando Barrios, además del saxofón de Cristian Mendoza.

Has de haber batallado para poder elegir sólo seis tracks entre tanta música, entre tanto material, le comentamos a Maroto y él responde:

“Grabé las sesiones completas de cada uno de estos seis viernes. Y la verdad que, así como tengo este disco con Seis Sesiones, seleccionando una canción de cada uno de estos seis conciertos, por ahí alguien me dijo: ‘Oye, ¿y por qué no sacas seis discos y sacas los seis conciertos completos?’ No era una propuesta tan descabellada, porque, la verdad, los seis fueron conciertos muy afortunados. Y por lo mismo, así como dices, fue una ardua labor escoger una canción de cada uno de esos seis conciertos.

“Porque además, como son seis grupos diferentes, varía el personal y varía un poco el concepto. Pero todas fueron sesiones muy queridas, muy… no sé, para mí era muy emotivo presentar cada proyecto, y por lo tanto la música tiene ese sello; porque no lo era nada más para mí, lo era también para mis colegas.

“Sí fue difícil. Al escuchar los conciertos completos una y otra vez, era evidente cuando cada canción decía ‘Yo soy la buena’. En contexto con las demás, me di cuenta que esas seis canciones hacen un balance entre ellas para conformar esta propuesta.”

Y hay más, porque de buenas a primeras a Diego Maroto se le ocurrió abrir un nuevo lugar para escuchar música, el Blue Nose. “Estoy experimentando en carne propia lo que se siente tener un lugar de jazz, porque hace seis meses habilité en Coyoacán lo que es la casa de mi familia, que no se le estaba dando ningún uso, como un lugar de jazz privado. Hago sesiones los jueves y ha tenido muy buena respuesta; no es muy grande, caben unas 40 personas. Y la gente va, la gente lo busca, escucha el jazz en silencio, como se debe oír, como en cualquier sala de conciertos.

El Blue Nose se encuentra en Xicoténcatl 379, en el centro de Coyoacán. Para asistir hay que entrar a la página de Blue Nose en Facebook y hacer una reservación. Vale la pena.

Salud.