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Mi intención es contar una historia con todo lo que ésta arrastra: Sergio Ramírez

En entrevista, el escritor habló de la crisis que vive Nicaragua

 
Periódico La Jornada
Domingo 2 de septiembre de 2018, p. 2

Para el escritor Sergio Ramírez (Masatepe, 1942), Premio Cervantes de Literatura 2017, lo que necesita Nicaragua es un cambio político, una nueva forma de organizar las instituciones del país y de ver la democracia.

El narrador nicaragüense, quien visita México con motivo de su novela más reciente Ya nadie llora por mí, considera un error, de quien se considere de izquierda, rechazar la democracia, porque entonces lo que aceptamos es el autoritarismo y éste no es un valor de izquierda.

Respecto de los acontecimientos de violencia que azotan Nicaragua, Ramírez expresa: “Nadie se imaginó lo que ha pasado, ni siquiera Daniel Ortega. Nadie se pudo imaginar que hubiera esta explosión terrible de inconformidad popular que no estaba provocada sólo por una reforma a la Ley de Seguridad Social, sino que abrió una represa, se rompió ésta y la angustia, la inconformidad y el rechazo a lo que venía, acumulándose en el país, estalló y esa explosión no ha terminado.

Ha cambiado su naturaleza, pero no ha terminado, y la causa que lo originó, esta reforma a la Ley de Seguridad, ya nadie la recuerda; no era el verdadero motivo, sólo fue un detonante.

Retrato del abuso de poder

De acuerdo con el autor, el sistema político en Nicaragua falló, y el presidente Daniel Ortega ya debería estar en su casa. “Está empeñado en seguir en el poder, esa es la gran falla; es decir, cuando la idea revolucionaria se usa mal. Siempre hemos creído que es legítimo bajo los términos de nueva revolución quedarse en el poder para siempre y eso verdaderamente no es así, y es cuando el problema se vuelve personal, familiar, y se comienza a defender el poder por él mismo, y no hay posibilidad de escape.

“No hay vuelta atrás con 400 muertes, cifra muy pesada para un país tan pequeño; no hay posibilidad de regresar y decir: ‘bueno, empecemos de nuevo’; lo que se necesita es un cambio político, una nueva forma de organizar las instituciones del país, de ver la democracia.”

En la novela Ya nadie llora por mí, Sergio Ramírez retrata el abuso de poder, la corrupción, la injusticia y el deterioro de los derechos humanos en Nicaragua.

Desgraciadamente es un signo de la sociedad contemporánea esta inseguridad que a veces se resuelve por la vía electoral. Es una manera de resolverlo, pero cuando la sociedad se queda estática porque no tiene hacia donde moverse, atrapada en estas coordenadas de corrupción, miedo, represión, en determinado momento pueden llegar a explotar las situaciones, explica en entrevista con La Jornada.

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▲ El escritor, Premio Cervantes 2017, sostiene que Nicaragua necesita un cambio político, una nueva forma de organizar las instituciones del país y de ver la democracia.Foto Yazmín Ortega Cortés

Añade: En la novela retrato una sociedad así, donde el detective no puede investigar un caso al amparo de la ley, de las instituciones, sino que se mueve en un terreno cenagoso, porque no sabe a qué atenerse, no sabe la seguridad que le prestan las instituciones, si éstas están minadas por la corrupción.

Regreso al género policiaco

Con Ya nadie llora por mí, publicada por Alfaguara, el autor regresa al género policiaco y recupera al personaje de El cielo llora por mí, Dolores Morales, veterano policía que, convertido en detective, desciende a los subterráneos del poder para resolver los casos.

El narrador y ex vicepresidente de Nicaragua, quien este 26 de septiembre recibirá el doctorado honoris causa de la Universidad Autónoma de Nuevo León, asegura que “la novela nunca puede ser inocente. No creo en la novela que se llama comprometida, es decir, en la que voy a elaborar un discurso político mediante la ficción.

“Quiero demostrar que los escenarios anormales tienen que corresponderse con las historias que uno cuenta; vivimos en escenarios anormales, ignorarlo sería absurdo, uno puede inventar un personaje pero no un escenario.

Resuelvo estos asuntos a través de la escritura de ficción; no valdría la pena hacerlo a través de un ensayo, porque esa no es mi intención. Mi intención es contar una historia con todo lo que esta historia arrastra consigo, porque soy contador de historias, no ensayista.

El título Ya nadie llora por mí tiene que ver con la desesperanza; sin embargo, el autor explica que en el fondo “el recuerdo de la esperanza queda.

“Aunque las cosas ocurran aparentemente mal, terminan ocurriendo para bien y, como dice el Popol Vuh, mientras más oscuro, más pronto va a amanecer.”