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Mexicanos compraron 58 mil 700 entradas

La patriótica obligación de llenar los estadios

Es un secreto a voces que se regalaron boletos a sindicatos y organizaciones que apoyan a Putin

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▲ Para la justa se abrieron muchos establecimientos, por lo que es fácil encontrar una mesa, aunque después del Mundial se volverán espacios vacíos a la espera de un cliente.Foto Ap
Corresponsal// VII
Periódico La Jornada
Domingo 17 de junio de 2018, p. 7

Moscú

Los suizos, definitivamente, son mucho mejores haciendo quesos, en particular el Gruyere, que emitiendo pronósticos futboleros, sin ánimo de minimizar la reconocida capacidad de la afamada Swiss Appraisal para evaluar el valor de mercado de las empresas, ya que metió la pata en el terreno mundialista al anticipar que un millón 500 mil extranjeros asistirían a los 64 partidos de Rusia 2018.

La Duma, Cámara baja del Parlamento ruso, retomó la fallida estimación como cifra definitiva y se entusiasmó cuando Oleg Safronov, jefe de Rosturism, máxima institución del sector, anticipó que los suizos se quedaron cortos y también podría venir otro medio millón de visitantes, chinos en primer lugar cuya selección no pudo clasificarse, por lo cual habría que esperar hasta 2 millones de extranjeros.

El optimista funcionario no quiso admitir la posibilidad de que aquellos que detestan el futbol preferirían no viajar a Rusia los días que habrá aglomeraciones en los aeropuertos y precios desorbitados en hoteles y restaurantes.

Y como si fuera un imparable alud de exageradas expectativas, el Comité Organizador del Mundial dio por bueno el pronóstico de Safronov y reiteró que se esperan 2 millones de aficionados foráneos que gastarían aquí unos 3 mil millones de dólares. Su última, y más reciente estimación –ajuste a la baja, dicen los funcionarios de cualquier gobierno ante una devaluación de la moneda– mencionaba a algo así como 500 mil extranjeros.

Se decía, en plan de justificar la pifia, que esa cantidad era más que los extranjeros que fueron al mundial de Sudáfrica, 310 mil, y la mitad de los que viajaron al de Brasil, un millón, aunque éstos tenían el atractivo adicional de poder sumarse entre los partidos a una comparsa durante sus ensayos para el siguiente carnaval.

En realidad, y sin quererlo, los propios organizadores revelaron hace poco la cifra aproximada de extranjeros que están aquí por el Mundial y que llevan días de hacerse notar en los bares, y los abstemios también en las calles, de Moscú y que, para saciar su sed, consumen ríos de cerveza con vistas al río Moscova, en espera de que anochezca y el gaznate pida a gritos un vodka bien helado, como debe ser y acompañado –si el tequila presupone el limón, la sal y la sangrita– la bebida nacional rusa requiere una rebanada de pan de centeno que se acostumbra oler antes de comer, si no se cuenta con un tradicional pepino curtido.

El Comité Organizador aclaró, sin ser ese su propósito, que especialmente por el Mundial vinieron poco más de 360 mil extranjeros, si se toma como referencia más cercana a la realidad el número de tarjetas de Fan-ID que se les entregaron, el requisito para poder entrar sin visa a Rusia y también, con boleto pagado, a un estadio.

Sumados a los simples turistas, que sin son sensatos programarían sus viajes a partir del 16 de julio, en efecto podrían rondar el medio millón, por lo cual la lluvia de divisas no será tan tupida.

En cambio, tampoco hay bofetadas para conseguir mesa en algún restaurante, habida cuenta de que se han abierto muchos nuevos para la ocasión. Después del Mundial, los peores, se volverán tintorerías, papelerías, tiendas de juguetes o simples espacios vacíos en espera de que un desequilibrado los compre.

Soñar no está prohibido

Entretanto, ya sabemos –más o menos– cuántos compatriotas están llenando de verde las calles moscovitas, en espera de entonar este domingo el Himno Nacional con una fuerza que jamás se ha escuchado en el estadio Luzhniki, entre otras razones porque nunca ha jugado México ahí, en el partido más difícil de la fase de grupos y, para colmo, ¡pinche suerte!, contra Alemania, uno de los favoritos de siempre.

Se puede soñar, no está prohibido. Ilusiona saber que Alemania llega al Mundial sin haber podido ganar cinco partidos amistosos consecutivos, que apenas se impuso en el último por un gol de diferencia a Arabia Saudita y que si su director técnico, Joachim Löw, se empecina en quitar la titularidad a Marc-Andre ter Stegen y poner en la portería a Manuel Neuer, que vuelve tras meses de ausencia por lesión, aumenta la probabilidad de que el Chuky Lozano perfore su meta.

De acuerdo con las cifras más recientes de boletos adquiridos, los mexicanos compraron 58 mil 700 entradas, que si fueran todos a los tres partidos del Grupo F, daría un estimado de 19 mil 566 compatriotas con presupuesto suficiente, pero es obvio que no todos tienen los tres boletos, por lo cual la cantidad oscila entre 25 y 30 mil compatriotas.

De tal modo, entre los mexicanos que tienen la suerte de ir a uno o dos partidos y el resto que está dispuesto a disfrutar, o sufrir si pierde México, con ayuda de las pantallas gigantes de los llamados Festivales de aficionados o en los restaurantes que ofrecen tacos al pastor y tequila.

Una opción se acaba de inaugurar a unos pasos de la emblemática Plaza Roja de Moscú y, como en anteriores ediciones de un Mundial, se llama Una probadita de México y ofrece variadas muestras de la gastronomía de nuestro país, artesanías, presentaciones musicales y de danza, sin faltar un mariachi auténtico para que, llegado el día, los seguidores del Tri puedan llorar sus penas como si estuvieran en la Plaza Garibaldi, cuando no era peligroso ir ahí de madrugada.

En cuanto a los anfitriones, los rusos que podremos ver como espectadores en los estadios son de tres tipos: los que pueden pagar los elevados precios que fijó la FIFA; los que estarán en las seis secciones, tres detrás de cada portería en la parte más alejada del gallinero de cualquier estadio, reservadapara público local que pagó en rublos a precios razonables; y los que idolatran al presidente Putin y asistirán sin pagar un kopek, unidad monetaria que ya sólo poseen los coleccionistas.

Pero no se crea que esta última categoría recibe con el generoso gesto un premio a la lealtad: más bien es una patriótica obligación para llenar los estadios, cuando haga falta.

Es un secreto a voces que se han distribuido boletos gratis entre toda suerte de fundaciones que apoyan la política de Putin, sindicatos oficialistas, consorcios del sector público y asociaciones de jubilados. Los podremos ver en interesantísimos duelos como el de Egipto contra Arabia Saudita, y los que no quieren ir ya están ofertando las entradas en Internet por si algún extranjero quiere presenciar en directo los filigranas de Mohamed Salah, el mejor jugador de África.

En cuanto a la cacofonía que se extiende por las calles del centro de Moscú, el español –con diferente acento– está siendo uno de los idiomas extranjeros que más se escuchan estos días. De la capital rusa parten todos los aficionados, con sus cantos de ánimo y herramientas para generar decibeles, a las ciudades del interior de Rusia donde juegan sus equipos.

A juzgar por los boletos comprados, sólo los colombianos superaron a los mexicanos, y en tercero y cuarto lugar quedaron los argentinos y peruanos. Pero si valiera agregar como variante del castellano el portuñol, los brasileños encabezan la lista de aficionados de América Latina.