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Presentó La calle de la amargura en festival en Francia

El melodrama está desgastado por las telenovelas: Ripstein
 
Periódico La Jornada
Jueves 6 de octubre de 2016, p. a11

París.

Arturo Ripstein presentó en París su película más reciente, repleta de humor negro, y habló de las dificultades de hacer cine fuera de los caminos trillados de Hollywood.

Un melodrama, en este momento, en blanco y negro, no es exactamente una dulzura comercial a los ojos de ningún ente financiero, ironiza Ripstein, de 72 años en esta ciudad.

Según el realizador de La calle de la amargura, el cine mexicano nunca tuvo interés en mostrar la cara más o menos verdadera del país: desgarrado, y no la cara que nos gustaría tener.

Admite, sin embargo, que esto podría estar cambiando gracias a directores jóvenes, entre quienes cita a Amat Escalante y a su mentor, Carlos Reygadas, ambos, autores de un cine crudo que de alguna forma le está emparentado.

Cineasta de la soledad de las almas, Ripstein fue discípulo de Luis Buñuel, con quien colaboró en muchas oportunidades hasta la muerte del genio español del surrealismo, en 1983. Varias de sus películas son consideradas clásicos del cine mexicano, en particular El castillo de la pureza (1972) y El lugar sin límites (1977).

Como su maestro hace más de 65 años, en La calle de la amargura, la cámara de Ripstein pone el foco en seres marginales, héroes desconocidos o anónimos, miserables, olvidados del siglo XXI que sobreviven en rincones oscuros en pleno centro de la capital mexicana.

El filme cuenta la sórdida historia de dos viejas prostitutas. Una sufre de soledad y la otra tiene problemas con una hija adolescente y un marido travesti. Los luchadores enanos las contratan para celebrar una victoria en el ring. Ambas traman drogarlos para robarles el dinero que ganaron y los matan sin querer.

Filmada en blanco y negro, pasa del drama a la comedia en espacio de una réplica, que sus protagonistas disparan con delicioso gracejo chilango, demasiado florido para ser real, pero por sí solo una música.

Paz Alicia Garciadiego, guionista del filme y esposa de Ripstein, aclara que se trata de una opción estética barroca, deliberadamente no naturalista. La idea del guión partió de un hecho real en la crónica policial. La muerte de dos enanos gemelos en la misma cama, juntos, como cuando nacieron, me pareció de una negrura infinita. A medida que fui creando los personajes me fue ganando su humanidad. Tanto el de las putas como el de la madre, que de una manera perversa también es un personaje lleno de humanidad, añade.

Lo grotesco llama a la obvia referencia felliniana en una cinta que recuerda la atmósfera de películas del realismo francés de Jean Renoir, que también exploró los bajos fondos. Yo me nutrí muchísimo de este tipo de cine cuando era un joven aprendiz, dice Ripstein. Para aprender el oficio, había que ir a ver las películas al cine: yo no fui a la escuela de cine porque no había, explica.

El melodrama se ha ido desgastando mucho por la dudosa calidad de los melodramas que hoy se llaman telenovelas, apunta. Por eso, asegura, hay que trabajarlos como comedia.

Ripstein está en París en el festival itinerante Viva México, de jornadas cinematográficas, del 5 al 11 de octubre en París, antes de una gira por otras siete ciudades de Francia hasta fin de año.