Opinión
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De nuestras Jornadas

Convulsiones crónicas

L

a tranquilidad para los guerrerenses no parece vislumbrarse en ninguna parte del horizonte. Ayer, al hablar sobre su retiro, el obispo de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa, Alejo Zavala Castro, expresó que se irá preocupado por la violencia que se abate sobre el estado; en tanto, el gobernador Rogelio Ortega Martínez, en vez de contribuir a la pacificación, genera confrontaciones estériles en su propio equipo al hacer públicas declaraciones que ponen en entredicho a las instituciones.

Por otra parte, al terminar la tercera Convención Nacional Popular, en la que participaron varias organizaciones sociales, dieron a conocer que entre sus conclusiones figura intensificar su lucha por dar con los 43 normalistas desaparecidos en Iguala, así como por los presos políticos, y buscarán castigo a los responsables de la muerte del profesor Claudio Castillo y Antonio Vivar.

Lo que comenzó siendo un reclamo por la presentación de los estudiantes de Ayotzinapa se ha venido agrandando con nuevos casos, cuya falta de solución aleja cada día más la terminación de las movilizaciones que, por una parte, se consideran un instrumento para alcanzar la justicia, pero también una forma de generar caos y destrucción, lo cual siembra zozobra entre la población y las empresas.

No es todo. Habrá que agregar otros sucesos como la desaparición de dos médicos y otros dos trabajadores en Xolapa, municipio de Acapulco, cuyos familiares no dan tregua al gobierno en su exigencia de que los localicen, mientras las autoridades intentan convencerlos inútilmente de que ya están muertos.

No ha terminado la demanda de que se localice a 16 habitantes de Chilapa que desaparecieron el 9 de mayo, durante la incursión de decenas de civiles armados.

Frente a este maremágnum, la administración estatal permanece sin respuestas creíbles, y no sólo eso, sino que tiene que enfrentar una oleada de inconformidades entre trabajadores de diversas dependencias, además de que el gobernador Ortega se muestra incesante en sus declaraciones que en nada contribuyen a disminuir la tensión y la sicosis, porque resulta como si echara gasolina al fuego.