Opinión
Ver día anteriorDomingo 18 de enero de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
¿La Fiesta en Paz?

AnastasioVelázquez: prosiguen las embestidas ásperas

El chapulín taurino

Fallida reivindicación de Ponce

P

orque la vida tiene más incógnitas que la muerte, el martes 27 de febrero de 2007, víctima de la atroz cornada de la discapacidad, el matador de toros Atanasio Velázquez (Yecapixtla, Morelos, 30 de septiembre de 1979), quien fuera una firme promesa del toreo, triunfador en la Feria Nacional del Novillero y en sólo dos años de alternativa exhibiera su sólido potencial, sufrió un terrible accidente de carretera cuando se dirigía a una tienta en compañía del entonces novillero Rodrigo Muñoz, quien también resultó gravemente herido.

Pero hay accidentes cuyos daños a veces se vuelven una prueba de fuego o de entereza para quienes los sufren. Atanasio, que el 5 de diciembre de 2004 recibió la alternativa en San Buenaventura, Coahuila, de manos de Humberto Flores y una corrida de Valparaíso, y que el 5 de marzo de 2006 la confirmó en la Plaza México de manos de Manolo Mejía, frente a un encierro de Brito, al año siguiente padecería el desalmado derrote del destino, y todos los sueños y sacrificios que empezaban a hacerse realidad, se vieron confinados a una silla de ruedas, impidiéndole volver a torear.

Transcurridos casi ocho años de diario testimonio de casta y de desafíos, el torero en retiro forzoso deberá ingresar nuevamente al quirófano. Internado en el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), al sur de la capital, será sometido, una vez más, a varias intervenciones quirúrgicas, ahora como consecuencia de una escara isquiática o úlcera isquiática, que afecta a los discapacitados con trastornos medulares.

Atanasio será tratado para irrigar y reconstruir la lesión que ha llegado a afectar hasta el hueso, lo que se realizará en sucesivas operaciones que lo tendrán ingresado en el nosocomio de tres a cuatro semanas, como mínimo. Para sufragar los elevados gastos del tratamiento, el matador de toros morelense mucho agradecerá a quienes quieran apoyarle con su depósito a la cuenta de BBVA Bancomer número 1215168228 Clabe 012180012151682286, a nombre de Sergio Atanasio Velázquez Armendáriz. Si dar le da sentido a tener, tengamos un gesto de solidaridad, conscientes de que la vida de todos sólo es prestada.

Chapulines con vocación. Dejando tirado 10 meses antes el cargo para el que fueron elegidos –¡chulada de sistema!–, los 16 jefes delegacionales del Distrito Federal están a punto de iniciar una nueva etapa en su noble carrera, ahora en busca de una diputación, no por ambiciosos sino por su arraigado espíritu de servicio. Entre 14 perredistas y un priísta, se distingue el único delegado panista: Jorge Romero Herrera, quien durante los pasados dos años y tres meses procuró servir a la ciudadanía de la delegación Benito Juárez, incluso con un Centro de Soluciones Ciudadanas, pero que ni así logró escapar del taurineo o manejo cupular y desaseado de las cosas relacionadas con el nivel de espectáculo que ofrece la Plaza México, desde hace dos décadas sede del Cecetla o Centro de Capacitación para Empresarios Taurinos de Lento Aprendizaje.

Revelador y lamentable fue que en ese lapso el joven funcionario y su equipo no hubiesen dado una en materia taurina, no para solucionar sino siquiera reducir los autorregulados fraudes de la porfiada empresa, sumándose así a sus antecesores en el cargo, quienes por inconfesables motivos prefirieron llevar la fiesta en paz. Aunque sobre aviso no hay engaño, no faltará el aficionado a los toros que todavía se anime a votar por el panista Jorge Romero para que siga solucionando problemas desde la flamante curul que, como las demás, pagaron nuestros impuestos. Así se las gasta la falsa democracia.

En fallido intento por reivindicarse ante la agraviada afición, incluso por él, de la Plaza México, el maestro valenciano Enrique Ponce, con apenas 25 años de alternativa y fugaz consentido del público de ese coso, regresa este domingo después de dos temporadas sin venir al principal, si no es que al único, escenario de sus triunfos mexicanos. Y lo hace sin el menor propósito de enmienda luego de solicitar docilonas y anovilladas reses del hierro de Teófilo Gómez, preferido de todos los comodinos que figuran, nacionales y extranjeros, y en un cartel no precisamente comprometedor al alternar con tres jóvenes mexicanos, Juan Pablo Sánchez, que siempre sí vino, Juan Pablo Llaguno, que confirma su reciente alternativa, y el rejoneador Emiliano Gamero, con un toro de Rancho Seco. Pásele a lo barrido, mi divo, y perdone el tiradero, pues sin alcanzar, todavía, los abismos sudamericanos, aquí no cantamos mal las rancheras.