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En Venezuela no habrá guerra civil
U

n par de notas publicadas en El País revelan, por la negativa, que el gobierno del presidente Nicolás Maduro acaba de asestar un revés histórico a las fuerzas del antichavismo más duro y puro. Todo depende de cómo se lean ambos textos.

Veamos el primero. Con el título La oposición venezolana muestra su fuerza en la calle a pesar de la discordia en su liderazgo, el corresponsal del diario madrileño en Caracas asegura en subtítulo: “los desencuentros entre los líderes opositores… no merman nutridas manifestaciones en Caracas y otras ciudades”.

El cuerpo de la noticia (o sea, lo que menos interesa al estilo de El País) ofrece, contradiciéndose, otras aristas de la realidad: “Una multitudinaria marcha de la oposición en Caracas y otras ciudades… mostró este domingo que los sectores contrarios al gobierno de Nicolás Maduro todavía no se cansan a pesar de tener más de un mes de protestas en las calles. Sin embargo, expusieron a través de los medios las desavenencias, cada vez más abiertas, que separan a sus líderes”.

Aplicando la ley de Murphy pero al revés, el lector atento intuirá la verdad, sin riesgo de equivocación: que la oposición se cansó, y que en lugar de “…cada vez más abiertas”, las desavenencias entre sus líderes son irremediables.

La otra nota, Venezuela: el precio del rescate cubano, resulta de antología. Incursionando en el género del análisis político fantástico (especialidad de El País), el mundialmente célebre tránsfuga español Antonio Navalón sostiene:

“El problema es que para entender la actual crisis venezolana, hay que entender el nuevo mapa del mundo. Y para mí, el mapa del nuevo mundo es muy sencillo. Discrepo, respetuosa y profundamente, de todos cuantos le atribuyen a Cuba la continuidad del sistema chavista…”

Maestro que durante varios años dictó cátedra a las mafias político culturales de México, Navalón continúa: “…En lo personal considero que será Cuba, con Raúl Castro a la cabeza, quien entregue la revolución chavista a Estados Unidos, a cambio de conseguir el desbloqueo para Cuba. El precio de la normalización política en Cuba es Venezuela. Y eso es lo que ni Maduro, ni Cabello, ni los líderes antichavistas han entendido”.

No hay nada que hacer. Uh, ah, ni Chávez ni Maduro (ni Bolívar) se van. En efecto, el tiempo corre a favor de los pequeños, y en Siria, Irán, Crimea, el nuevo mapa del mundo (como dice Navalón) viene resultándole algo adverso al imperio yanqui: el mismo día que algunos detenidos por los actos vandálicos de Caracas confesaban haber recibido pagos hasta de 800 dólares semanales, el líder de la ultraderecha Henrique Capriles aceptaba participar en la estrategia de paz propuesta por Maduro, junto con representantes empresariales y de la oposición.

La estrategia de golpe suave o inteligente diseñada por el sociólogo Gene Sharp no funciona en la Venezuela bolivariana. La oposición no pudo manipular con éxito a las masas a través de los medios (guerra de cuarta generación), ni tuvo mucho éxito con los clichés anticomunistas. En las calles, los opositores se presentaron como lo que son, fascistas, y tampoco consiguieron, de acuerdo con lo sugerido por Sharp, desmoralizar a las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad.

Simultáneamente, en el frente externo, el gobierno de Maduro lograba en la OEA frenar los intentos de Washington y Panamá por justificar la intervención yanqui, en tanto los países de Unasur contemplaban la creación de una comisión que apoye y garantice el diálogo transparente entre todos los sujetos políticos, a partir del reconocimiento de la Conferencia Nacional de Paz ya instalada en el país.

Otro aspecto fundamental de la resolución de Unasur (acordada en reunión extraordinaria en Santiago de Chile) fue el rechazo y preocupación frente a cualquier acción foránea que socave o amenace la independencia y soberanía de la República Bolivariana de Venezuela. Declaración que la oposición calificó de vergüenza y sumamente grave.

El gobierno de Maduro, empresarios y representantes gremiales acordaron 56 acciones comunes a desarrollar rápidamente para fortalecer la actividad productiva del país.

En ese contexto, el vicepresidente para el Área Económica, Rafael Ramírez, manifestó que para avanzar en el diálogo económico en todos los estados es necesario el rechazo más profundo y definitivo a las acciones de criminales de grupos armados por partidos de ultraderecha.

Así, un grupo de congresistas estadunidenses, liderado por la corrupta cubana Ileana Ros-Lehtinen, presentó en la Cámara de Representantes un proyecto de ley denominado Ley Libertad Venezolana y Solidaridad Democrática, por mediación del cual se busca incrementar las agresiones contra la revolución bolivariana.