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Representa la vida misma, afirma la artista estadunidense en Oviedo

Entregan los premios Príncipe de Asturias; Leibovitz enarbola el poder de la fotografía

Vivimos en tiempos de incertidumbres amargas, señala el escritor Antonio Muñoz Molina

Foto
Annie Leibovitz en el teatro Campoamor en Oviedo, ayer, donde recibió el galardón que reconoce a la artista estadunidenseFoto Reuters
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 26 de octubre de 2013, p. 3

Madrid, 25 de octubre.

Para el fotógrafo, la fotografía no es sólo algo que queda registrado. Es la expresión de un punto de vista. El trabajo del fotógrafo es expresar ese punto de vista de forma tan acertada y consciente como le sea posible, con su talento, experiencia e intuición. El fotógrafo es quien registra la experiencia de la mirada y la transforma en una imagen duradera, afirmó la artista estadunidense Annie Leibovitz, en la ceremonia de recepción de los premios Príncipe de Asturias 2013.

En el teatro Campoamor de Oviedo, los príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, entregaron el galardón en reconocimiento a la labor de destacados personajes e instituciones.

Los premiados este año, en ocho categorías, fueron el escritor andaluz Antonio Muñoz Molina (Letras); el director de cine austriaco Michael Haneke (Artes); la holandesa experta en sociología urbana, Saskia Sassen (Ciencias Sociales); el golfista español José María Olazabal (Deportes); los físicos Peter Higgs y François Englert y el presidente del Laboratorio Europeo de Física de Partículas, Rolf Heuer (Investigación Científica y Técnica); la fotógrafa estadunidense Annie Leibovitz (Comunicación y Humanidades); el presidente de la Organización Nacional de Ciegos de España (Once), Miguel Carballeda (Concordia), y Peter Gruss, titular de la Sociedad Max Planck para el Avance de la Ciencia (Cooperación Internacional).

Evocación a Susan Sontag

En su discurso de recepción del galardón, Leibovitz recordó a Susan Sontag, quien además de ser su pareja también recibió en 2003 ese reconocimiento. Y después de rendir su particular homenaje, se centró en reflexionar sobre su profesión de fotógrafa.

“Para mí –dijo Leibovitz–, la fotografía representa la vida misma. Es comunicación y permite el intercambio de experiencias. Nos permite mostrar a otros lo que vemos, las cosas que nos fascinan, las personas y los lugares que amamos y apreciamos. Algunos fotógrafos develan nuestras dificultades y desdichas, aquello que nos traiciona y frena. Otros nos transportan a mundos que nunca podríamos visitar, o nos ayudan a entender mejor a personas a las que, de otra manera, nunca conoceríamos”.

También destacó que con una cámara podemos retener los momentos fugaces de nuestras vidas. La verdad es que la fotografía se inventó precisamente para que cualquier persona pudiera crear una imagen. Para que cualquier persona, de cualquier clase o posición social, pudiera tener una imagen de ella misma, o de sus familiares y amigos, o de los paisajes y las vistas y las cosas que fuesen importantes para ella. El poder de la fotografía es el poder de compartir nuestras experiencias con otras personas, al margen de las diferencias temporales, geográficas, de educación y de creencias. El poder de mostrar lo que, de otra manera, no podría creerse. El poder para detener y retener esos momentos que acaecen fugazmente a nuestro alrededor, afirmó.

Por su parte Haneke, uno de los cineastas más admirados por obras como La pianista, Amor o Funny games, afirmó que el cine cuenta con un atributo propio: es mucho más joven que todas las demás formas artísticas, así que espero que tenga sus mejores tiempos aún por delante. Pero a pesar de esta juventud se ha hecho culpable como casi ninguna otra forma de expresión artística. Ni la literatura ni el teatro han conseguido alejarse tanto de su propia vocación. Las artes plásticas han llegado como mucho a los carteles de propaganda y la música a las marchas militares; el cine, con su peligrosa eficiencia en temas propagandísticos, ha puesto en peligro el destino de miles de personas. Me parece demasiado fácil negarles sin más a estas películas su carácter artístico, señalándolas como meros desvaríos. No se puede negar a cineastas como Riefenstahl o Eisenstein su alta capacidad estética.

Y profundizó en la idea de que el cine, en contraste, es un medio de avasallamiento. Ha heredado las estrategias efectistas de todas las formas artísticas que existían antes que él y las usa eficazmente. Todos conocemos el efecto de los cuadros de tamaño sobrenatural y los tonos sobre nuestra pulsación y nuestro bienestar general. En eso radica la fuerza del cine y su peligro. Ninguna forma artística es capaz de convertir tan fácil y directamente al receptor en la víctima manipulada de su creador como el cine. Este poder requiere responsabilidad. ¿Quién asume esta responsabilidad? ¿Surge la fundada desconfianza de aceptar el cine como forma artística de esta responsabilidad tan frecuentemente no asumida? ¿La manipulación no es lo contrario de la comunicación? ¿Y no es la comunicabilidad y el respeto ante el tú del receptor una condición básica para poder hablar de arte en general?

Mientras, Antonio Muñoz Molina recordó la dramática situación que se vive en España a causa de la crisis económica. El desaliento ante las incertidumbres del oficio se acentúa más en tiempos de incertidumbres tan amargas como éstos. Es difícil hablar de la perseverancia y el gusto del trabajo en un país en el que tantos millones de personas carecen angustiosamente de él. Es casi frívolo divagar sobre la falta de correspondencia entre el mérito y el éxito en literatura en un mundo donde los que trabajan ven menguados sus salarios mientras los más pudientes aumentan obscenamente sus beneficios, en un país asolado por una crisis cuyos responsables quedan impunes mientras sus víctimas no reciben justicia, donde la rectitud y la tarea bien hecha tantas veces cuentan menos que la trampa o la conexión clientelar; un país donde las formas más contemporáneas de demagogia han reverdecido el antiguo desprecio por el trabajo intelectual y el conocimiento.