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En entrevista, la autora habla sobre su nuevo poemario y la traducción de La fúnebre góndola

Enamorada de la palabra, Aline Pettersson juega con ella en la charla y la escritura

Con los poemas de Ya era tarde puedo hacer contacto con gente más joven, porque no es una escritura amarga, ni creo en el estado de la depresión, es sólo la contemplación del presente, explicó

 
Periódico La Jornada
Lunes 24 de junio de 2013, p. 9

Soy una persona enamorada de la palabra. Eso es lo que soy. Y de jugar con la palabra en la charla y escribiendo, manifiesta la narradora y poeta Aline Pettersson.

Un juego con la palabra que la llevó a la escritura de un nuevo poemario, Ya era tarde, y a la traducción de La fúnebre góndola, del Nobel Tomas Tranströmer. Se trata de dos libros nuevos que se unen a su obra que incluye novelas y cuentos infantiles.

Primero fue Ya era tarde, que se modificó con el paso del tiempo, y después la traducción del libro de Tranströmer que comenzó como un juego en los días que siguieron a la designación del poeta sueco como Nobel de Literatura en 2011 y ahora es el primero que Pettersson traduce completo, aunque lo había hecho con poemas aislados de otros autores que se publicaron en suplementos o revistas.

Ya era tarde (Fondo de Cultura Económica) es la contemplación del presente, tanto personal como del país. Parada sobre la estatura/ del presente,/ atisbo mi ciudad,/ mi país,/ el mundo./ El escenario se niega/ a desplegar una esperanza, escribe en Tréboles. Quiero hablar de esa que yo era./ Pero guardo silencio, dice al final de Quiero hablar. Fragmentos de dos de 30 poemas incluidos en ese título, de reflexiones acerca de la vida, la muerte, la enfermedad y el futuro.

“Es muy fácil hablar en otras etapas de la vida –prosigue Pettersson–, de lo que le sucede a la persona, si ésta se enamora, pues es fantástico. Si la persona tiene un horrible problema amoroso y habla del desengaño, también es fácil. Hay muchas etapas en las que hay una facilidad grande para escribir. Pero llega un punto, en el que ahora estoy, en que hay que echar la mirada atrás y también decir este es mi presente, allá veo aquel futuro y qué me toca. Estoy aquí, no puedo hacer nada para evitarlo”, dice en entrevista.

Momento de vida

Ya era tarde es mi momento de vida y de ello quiero hablar. Si hay alguien que hace contacto conmigo en los poemas, en esta etapa de la vida no es difícil. Pero también puede hacerlo una persona más joven, porque no es una escritura amarga, ni creo yo en el estado de la depresión, es simplemente la contemplación del presente.

Un presente lleno de claroscuros. Creo que el ser humano idealmente tendría que estar comprometido con su tiempo, con su lugar, con lo que lo rodea, Habrá quienes permanezcan en aquella vieja idea de la torre de marfil, donde se refugia el poeta, pero yo no puedo. A mí me es particularmente interesante y doloroso ver lo que sucede.

Foto
Aline Pettersson durante la charla conFoto La Jornada

–¿A qué llegó tarde?

–A muchas circunstancias de la vida, por razones de carácter, de situación, por muchas cosas. Pero cuando uno ve hacia atrás, dice: ¡Hombre, no era tarde! La vida es un camino y uno va escogiendo, cuando miras atrás te preguntas, ¿de veras era tarde? Con esa pregunta termina el libro, y bueno la respuesta es ¿quién sabe?

Aline Pettersson, nacida en la ciudad de México, juega con la palabra y en ese juego decide traducir a Tranströmer. Su familia paterna es de origen sueco, idioma que hablaba pero no dominaba de niña. Es en la vida adulta que decidí hacer mía la lengua. No te puedo decir que hable como nativa del sueco ni mucho menos, pero ha sido un placer hacer mío el idioma, porque junto con el sueco viene una parte de mi memoria de vida.

Cuando Tranströmer ganó el Nobel primero, un poco jugando, decido traducir unos poemas y luego me interesé más. Conseguí el poemario en sueco, hice la traducción con la asesoría de Petra Brunius, y cuando estuvo lista se la envié por correo junto con un libro mío de poesía.

El poeta sueco aceptó muy rápido la traducción, y fue publicado por Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México. Está en poder físicamente de Tranströmer y él estuvo muy contento, no con mi español, porque eso no lo sabe, pero sí con la imagen del libro. Le gustó muchísimo, se conmovió mucho con el libro y estoy muy contenta, añade Pettersson.

Al traducirlo me hice consciente, muy consciente, de mi propia lengua, el español, porque tenía que elegir, acomodar y no traicionar demasiado al poeta. Me fascinó el hecho de ver las cercanías y las distancias que hay entre una lengua y la otra, desde el origen, cómo se creó una lengua que tiene otras raíces que la nuestra que viene del latín, con todos los préstamos que del latín también hay en el sueco. Hay una serie de cosas que uno da por sentado en cualquier lengua, pero el hecho de aproximar y tratar de reflejar un poco lo que el poeta sueco dice para mí fue realmente algo muy enriquecedor. Por otra parte al tener ya trato con él, y con su esposa Mónica, que lo ayuda para esto, ver hasta qué punto podía ser generoso y tan poco soberbio, porque es una persona sencilla, entregada y tan gentil, que no tengo más que decir que para mí fue un regalo de la vida.