Opinión
Ver día anteriorSábado 27 de octubre de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ruta Sonora

Café Tacvba: circularidad que no cesa

N

ecesito que pase el tiempo para entender nuestros discos, dijo el guitarrista y autor Joselo Rangel en la presentación del séptimo álbum de Café Tacvba, El objeto antes llamado disco (Universal, 2012), el pasado lunes. Y dice bien, pues no es el único al que le pasa. Desde hace 23 años, el exitoso cuarteto de Satélite edita álbumes que al inicio causan desconcierto o incluso enfado. Cuando salió su emblemático Re (1994), la prensa lo destrozó diciendo que eso no era rock. Algo similar pasó con el doble Revés/Yo soy (1999), que al inicio dejó con cara de what a muchos, pero hoy se le recuerda como uno de sus más atrevidos (el primero) y entrañables (el segundo). Sino (2007), extraordinario, potente y rico disco de rock (lo que tanto les reclamaron antes), es juzgado por algunos como obra menor, pues se esperaba volvieran a ser los folclorockers de Re o los desmadrosos de Avalancha de éxitos (1997). Algo parecido pasa con este nuevo plato de 10 canciones. Se espera vuelvan a ser divertidos. Ya se toman muy en serio, reclaman otros. Pero los años han indicado que los parámetros tacubos son distintos a los de sus escuchas. Lo que para el resto puede no parecer lúdico, para ellos es de gran gozo infantil y relajiento.

A primera oída, uno de los rasgos más notorios es que hay visos de música tradicional latinoamericana sobre percusiones electrónicas de ascendencia synth-pop, ambient y techno-pop, minimalista, sin la batería que hace tiempo les acompañaba. Sólo ellos cuatro, como en sus inicios. Asimismo, las guitarras están lejos del riff y cerca de la ambientación ruidosa multipedalera: shoegaze a su modo, con los teclados y sintetizadores por delante, en aspiración espacial inesperada. Al respecto, explicó el tecladista y autor Emmanuel del Real: “Llevamos las canciones como demo, con caja de ritmos y secuencias, al productor Gustavo Santaolalla, y le gustaron como estaban; pensó que no había que agregar nada más”. En segunda instancia, destacan dos que tres temas de tendencia new wave. Pero a detalle, el álbum va develando el espíritu tacubo que gusta de yuxtaponer ámbitos que parecieran no conciliar en origen, para crear un nuevo sentir.

Nos estamos reinventando

En la reflexión promocional que acompaña al disco, el vocalista y autor Rubén Albarrán deja claro que dicha yuxtaposición también implica a creadores y escuchas, pues su obra requiere completarse con lo que los demás vivan a través de ella: “No somos ni seremos los mismos frente al otro; los oídos ajenos nos harán ver y entender lo que en otro momento más profundo creamos en este círculo de cuatro. La energía y espontaneidad de cada persona hará que nos transformemos en algo más. Hasta aquí llegamos siendo lo que éramos. Nos estamos reinventando… reintentando. Eso que creímos ser, lo hemos de poner en juicio. Eso que pensamos ser, la piedra angular, la visión… ya estaba dado por alguien más. Me encuentro con los otros y veo que han estado trabajando por mí. No era necesario esforzarse: sólo había que gozar”. Y justo les preguntan: ¿En este disco están renaciendo? El bajista y autor Enrique Rangel contesta: .

El disco, que ya no es tangible, sino una idea digital, gira en torno a imágenes clave: aves, búsqueda, espuma, estrellas, cielo. Palabras e ideas repetidas, a encontrar cual acertijo en dos canciones, cada una de ellas. Ideas existenciales de apertura, dulzura y escape, tanto exterior como interior. Retorno, circularidad, esperanza: recurrencia. Así, Pájaros incluye cantos corales, sintes juguetones. Andamios habla de lo que creemos real, como una escenografía. De este lado del camino, sencillo tipo Eres, va de la melodía ranchera y la repetición lírica del son, al canto romántico de los años 70 y sintes a lo Jean Michel Jarré. Espuma, cantada por Joselo, emula al son de Tierra Caliente con marimba electro-mántrica y voces de niños. Olita del altamar, buenísima, lleva un ritmo andino con mucho eco y bombo fuerte, teclados ambient. Aprovéchate, cantada por Meme con una voz distinta, más grave y profunda, sobre un new wave de bajeo pesado. Zopilotes, emotiva, va de la tranquilidad al estallido. Yo busco, con bajo de Material Girl, new-wave-disco, recuerda que nadie tiene la verdad. Tan mal, indie-pop ochentera con harta reverberación. Volcán enlaza cantos del Istmo con sintes setenteros.

El secreto estará, como otras veces, en darle su tiempo. Mientras, este objeto antes llamado disco sigue siendo música sincera, proveniente de lo más hondo del corazón y la alegría de los tacubos, quienes ofrecen uno de sus álbumes más íntimos y menos obvios de su historia, innovador a su manera, en regreso circular al amor por su origen, tanto musical como natal. Como dice Rubén: sólo hay que gozar. (Recomendaciones de conciertos: www.patipenaloza.blogspot.com.)