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PRI, Panal y Verdes aprueban el dictamen de la reforma laboral

La toma de la tribuna rompió pacto entre corrientes del PRD

La retirada de diputados de izquierda permitió que pasara el artículo 371

 
Periódico La Jornada
Domingo 30 de septiembre de 2012, p. 7

La reforma a la Ley Federal del Trabajo, aprobada la madrugada de ayer, puso en evidencia el escaso respeto a los pactos internos entre las corrientes perredistas en la Cámara de Diputados y la ruta de diálogo y acuerdo de chuchos y amalios con el PRI.

La participación de los diputados del sol azteca en la Comisión del Trabajo para dictaminar los cambios a la ley transitó sin aparentes confrontaciones internas. Martí Batres y Silvano Blanco encararon con destreza los afanes de control que manifestaba el presidente de ese grupo de trabajo, Carlos Aceves del Olmo (PRI). A pesar de estar en desventaja ante la aplanadora del Revolucionario Institucional y de Acción Nacional, los perredistas intentaron echar abajo el contenido del dictamen que se sustentó en la propuesta de Felipe Calderón y la defensa del sindicalismo corporativo por parte del PRI.

Ante el mayoriteo de ambos partidos –que votaban en bloque cualquier propuesta de la izquierda representada en el Frente Legislativo Progresista: PRD, PT y Movimiento Ciudadano– los perredistas lograron alertar sobre el contenido regresivo del dictamen.

No obstante, cuando inició el debate de la iniciativa de reforma a la Ley Federal del Trabajo el piso de negociación del PRD se fracturó. La toma de tribuna provocó que el coordinador de ese partido, Silvano Aureoles Conejo, se deslindará de sus compañeros.

Cuando más de medio centenar de diputados de las corrientes ADN, IDN, Runi e Izquierda Social subieron a la tribuna, se observó un despliegue político desde la coordinación perredista para aclarar que aquella decisión no correspondía a la postura oficial y sólo significaba la posición personal de los legisladores inconformes cont la reforma laboral.

Incluso, en la reunión previa del grupo, Fernando Belaunzarán –de la corriente de los chuchos– sugirió directamente al resto de la bancada abstenerse de tomar la tribuna.

Silvano Aureoles –que ya había sido confrontado por el coordinador del PRI, Manlio Fabio Beltrones, que le recriminó el trato de un grupo de legisladoras perredistas a su compañero Jesús Murillo Karam– declaró que él no era responsable y no compartía la decisión.

Desde su curul se dirigió a lo alto del salón de plenos, al balcón donde Murillo Karam dirigía con displicencia la sesión.

El coordinador del PRD, cobijado por sus compañeras Malú Micher y Beatriz Mojica –quienes no ocuparon la tribuna ni se manifestaron contra la reforma y sólo defendieron artículos en lo particular–, se dirigió a sus compañeros inconformes: “Es un espectáculo que no le deberíamos dar a la nación. Quienes votaron por nosotros se van a sentir defraudados…”

La respuesta del vocero de la fracción perredista, Carlos Reyes Gámiz, se dio en el pleno y frente a Aureoles. Antes de que con micrófono en mano subiera a la mesa directiva para dirigir su mensaje Belaunzarán pretendió que Reyes Gámiz no se pronunciara y se sumara a la postura de diálogo de Nueva Izquierda.

Reyes Gámiz, a nombre de sus compañeros que mantenían la protesta, definió que la propuesta de reforma laboral no era lo que México necesita. Y mientras señalaba a panistas, perredistas, verdes y chuchos, espetó: nos vamos a retirar. ¡Voten, hagan y empobrezcan más al pueblo! ¡Sigan con la traición!

Incluso antes de que terminara la toma de tribuna, Beltrones Rivera había confirmado el discurso de desaprobación de Silvano Aureoles dirigido a sus compañeros. El coordinador del Partido de la Revolución Democrática me ha dicho que se deslinda por completo de estos actos de violencia e incivilizados, de quienes han mostrado intolerancia hacía el diálogo y la discusión, quienes regresan a la época de la barbarie.

Salieron entonces del salón de plenos los más de 50 diputados que tomaron la tribuna. Apenas medio centenar –ligados a chuchos y amalios– de sus compañeros permanecieron en sus curules, en un día en que la división en el PRD evitó que se lograran los votos suficientes para modificar la forma de elección de los dirigentes sindicales.

Horas después –a las dos de la madrugada del sábado– poco mas de 20 diputados perredistas que se habían retirado tras el anuncio de Reyes Gámiz, regresaron al salón de plenos con el propósito de formar una mayoría con la bancada del PAN para frenar el artículo 371 de la reforma.

Sin embargo, la mayoría de los que tomaron la tribuna ya no volvieron. Fue inútil así el esfuerzo, porque los priístas, disciplinados y pragmáticos, permanecieron toda la sesión en su sitio y con facilidad, gracias al respaldo de Nueva Alianza y el Verde, vencieron en la votación a PAN, PRD, PT y Movimiento Ciudadano.